sábado, 10 de diciembre de 2016

EVITAR EL INCENDIO (SANTIAGO 3:1-12)

La porción de hoy habla específicamente de la lengua. Santiago usa un estilo propio de los proverbios para mostrar como un miembro tan pequeño puede provocar tan grandes desastres. Compara la lengua con el pequeño timón que gobierna a un gran barco, también con un pequeño fuego que todos sabemos que puede acabar con un desastroso incendio. Muestra como a pesar de ser pequeña es capaz de contaminar todo nuestro cuerpo y aun la creación. El autor nos recuerda que somos capaces de domar bestias, pero nos mostramos incapaces de domar nuestra propia lengua.

El inicio de este tema comienza con un consejo que afecta a aquellos que tienen más responsabilidad dentro de la comunidad cristiana debido a su madurez:

"Hermanos míos, no ambicionéis todos llegar a ser maestros; debéis saber que nosotros, los maestros, seremos juzgados con mayor severidad." (3:1)

Viene a mi mente la escena de una de las películas de Spiderman, donde el abuelo del héroe antes de morir le recuerda a su nieto: "un gran poder implica una gran responsabilidad". Creo que este verso de Santiago no afecta solo a los que quieren enseñar en la comunidad, pues detrás de estas palabras se encuentra el principio de que cuánto más sabemos de Jesús, más sabemos de la propuesta para nuestras vidas y nuestra misión en este mundo roto, más responsables somos. Esto afecta a todo seguidor de Jesús en su proceso de maduración.

Dediqué unos diez años de mi juventud a dirigir campamentos de adolescentes en la Sierra. No olvidaré el día que decidimos hacer una actividad en la noche usando fuegos, probablemente la primera y peor imprudencia de aquel día. Uno de los monitores colocó una pequeña vela encendida en el suelo de un pasto seco mientras esperaba que los grupos de campamentistas pasaran por su lado, tal como la actividad preveía. Lo que no esperó este monitor es que iba a pisar la vela, y esta iba a volcar en el pasto. En unos minutos, todos estábamos asustados, gritando y tratando de apagar llamas de metros que amenazaban con consumir una hermosa montaña llena de árboles. Fue un verdadero milagro lo que presenciamos, cuando el fuego parecía más incontrolable que nunca, las llamas menguaron. En mi mente no olvidaré a los monitores echando agua y al conferenciante pidiendo en el nombre de Jesús a las llamas que cesaran. Las llamas cesaron y todos empezaron a gritar de alegría tras un largo tiempo de tensión. Dios tuvo misericordia de nosotros y nos libró de protagonizar un desastre natural. Cuando los bomberos y la guardia civil llegaron, trataron el asunto con poca importancia, eran incapaces de imaginar el tamaño de las llamas que abrazaban ya a los árboles como una media hora antes que llegaran.

"Así es la lengua: un miembro pequeño, pero de insospechable potencia. ¿No veis también cómo una chispa insignificante es capaz de incendiar un bosque inmenso?" (3:5)

Dios no ha prometido librarnos siempre de las consecuencias de nuestra imprudencia, así como lo hizo aquel día en el campamento de verano. Las palabras de Santiago son una seria advertencia acerca de nuestra necesidad de tomar conciencia de lo que nuestra lengua puede producir, y una vez tomada dicha conciencia, actuar en consecuencia.

Buscando ser honesto y práctico hoy, encuentro en mi mente ejemplos claros de como a menudo colaboro en encender fuegos en mi propio hogar por elegir usar palabras que ponen cargas pesadas en mi familia en vez de alivio y comprensión. También uso palabras de juicios hacía otros en mis conversaciones que muestran mi poca habilidad para empatizar y mostrar misericordia.

Me planteo por tanto acceder a la gracia de entrenar mi lengua. ¿Qué tal empezar una campaña donde decidir no usar mi lengua para reprochar nada a los demás durante un día?, después esto puedo tratar de hacerlo en periodos más largos (todo un fin de semana, toda una semana...) No se como va a ir esta práctica, pero es lo que viene a mi mente como respuesta a lo que Dios me está pidiendo hoy.  Por eso lo primero que voy a hacer al acabar de escribir esta reflexión, es pedirle a Dios que me ayude y dirija en esta aventura experimental.

Creo que esta práctica espiritual puede revelar la realidad de los impulsos de mi corazón y mi necesidad de contar con el poder del Espíritu Santo para controlar al miembro que me ha sido dado para bendecir a Dios y a las personas que me rodean.

¿Qué vas a hacer para controlar tu lengua?





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