miércoles, 22 de febrero de 2017

El capítulo veinte de Lucas nos muestra la sabiduría de Jesús contestando a las trampas de sus opositores. Las intenciones de muchas de las preguntas que le hacían era la posibilidad de acusarle y apresarle, sin embargo, muchos aparecían ante Jesús con apariencias de verdadero interés por el crecimiento espiritual.

"Así que, siempre al acecho, enviaron unos espías que, bajo la apariencia de gente de bien, pillaran a Jesús en alguna palabra inconveniente que les diera la ocasión de entregarlo al poder y a la autoridad del gobernador romano." (20:20)

Todo ello me hace pensar en el valor de las motivaciones correctas, sobre todo en nuestra cultura occidental, tan preocupada por la imagen. Es fácil dar una apariencia falsa, es más, esa imagen podría engañarnos aun a nosotros mismos.

Podemos actuar de manera piadosa ante otros con objetivos totalmente miserables. Por ejemplo: enseñar la palabra en congregaciones motivado por el deseo de recibir reconocimiento, ostentar títulos y posiciones de privilegios con el fin de compensar mi baja autoestima, involucrarme en la ayuda social buscando el aplauso de terceros, escribir este blog con el fin de que otros me reconozcan... lo peor, no es que estas cosas puedan supurar de nuestros corazones heridos, sino que tratemos de ocultarlas bajo una fallada de puro altruismo.

Nuestra cultura nos enseña a vivir de la apariencia para conseguir nuestros sueños. Los medios de comunicación ponen ante nosotros a las “celebridades” del momento, los “gurús” de moda, que  se exhiben ante multitudes a través de eventos estudiados al detalle para que obtengan éxito. Las luces en los escenarios tratan de ofrecernos la imagen más impactante posible. En muchos entornos religiosos, se usan las mismas técnicas desde la justificación de que “Jesús habló a multitudes”, "o debemos ser excelentes", ignorando que el excelente Maestro no actuó desde complicadas estructuras, sino respondiendo a situaciones informales que se daban a lo largo del Camino en una vida de amor radical.

No digo que no puedan existir nobles motivaciones entre los que se esfuerzan por ser influencers, ni tampoco ignoro el poder positivo de buenos contenidos cuando se dan a conocer desde grandes plataformas. Sin embargo, cuando hablamos de lo profundo del corazón, ciertos entornos son más propicios que otros para hacer sombra a las motivaciones más ocultas. Aún así, la realidad es que las motivaciones incorrectas pueden estar en nuestros actos independientemente de la sencillez o complejidad.

Reconocer que las motivaciones incorrectas están presente en mi vida, no es cosa fácil. Me gusta criticar la cultura del "celebriteo" que se respira en algunos ambientes cristianos, me gusta señalar los peligros de los carteles, fotos y eventos a los que acuden los gurús religiosos de moda... sin embargo, no me gusta reconocer que a veces yo envidio ser uno de ellos. Si, trato de resistirme a la práctica, pero hay raíces dentro de mi corazón, que pueden salir a flote en otros escenarios. Y por si fuera poco, aún fuera de las grandes influencias, mis motivaciones incorrectas salen a la luz  aún ante conversaciones sencillas e informales con alguna persona. Cualquier momento puede ser bueno para buscar aparentar lo que no soy ante otros con el fin de buscar satisfacer mi corazón herido.

Las motivaciones son un aspecto que a veces no se tienen en cuenta en nuestra formación espiritual. En el discipulado, las acciones correctas, necesitan también de motivaciones correctas, de otra manera, podemos estar engañándonos a nosotros mismos y creando culturas muy peligrosas en medio de las comunidades cristianas, aun cuando estas parezcan muy sencillas o muy gloriosas.

¿Qué me ayuda a detectar las verdaderas motivaciones detrás de lo que hago? ¿Cómo podemos crear espacios comunitarios para examinar nuestras motivaciones personales?



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