martes, 28 de febrero de 2017

Llego al final del libro de Lucas y me encuentro ante la dramática escena de la muerte y resurrección  de Jesús. En todo lo acontecido, me resuena las siguientes palabras del Maestro:

"— Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." (23:34)

Donde se espera oír maldición hacia los torturadores, se escucha perdón. La cruz tiene que ver todo con perdón, si, el pecado es juzgado, pero las personas son liberadas.

Hay lugares donde Jesús es motivo de rechazo y burla, pero también entre sus seguidores nos encontramos los que en vez de representarlo nos mostramos al mundo ignorando sus palabras y enfatizando lo que el no enfatizó para vivir una vida religiosa y dogmática en vez de una vida de amor y gracia. Como dice Murray Andrew Pura: "En una vida hay días y noches cuando los clavos tintinean en nuestros bolsillos y un martillo cuelga de nuestro cinturón. Esta oración no solamente hace referencia a judíos o romanos. Se refiere a nosotros".

Pienso en Barrabás, y en como me representa. Fue librado de la muerte que merecía gracias a la crucifixión de Jesús. Tuvo una segunda oportunidad. No se si Barrabás aprovechó esta oportunidad para tomar otro camino que no fuera el de la delincuencia... todo ello me lleva a preguntarme: ¿Qué estoy haciendo yo con la Nueva Vida que Cristo me ofrece?

Pienso en las mujeres como primeras portavoces de la resurrección. Dice el texto que no las creyeron.

"Pero a los apóstoles les pareció todo esto una locura y no las creyeron." (24:11)

Además, las mujeres en esa época poseían poco reconocimiento social, pero son ellas las escogidas para ser las primeras en anunciar algo tan glorioso.

Pienso en los discípulos por el camino de Emaús, no le reconocieron, a pesar de que el Maestro caminaba al lado de ellos.

"Pero tenían los ojos tan ofuscados que no lo reconocieron." (24:6)

Todo esto me lleva a reflexionar: ¿Soy consciente que Dios va a mostrarse probablemente de la manera y en el momento que no espero? ¿Soy consciente que Dios a menudo rompe nuestros estereotipos sociales, culturales y religiosos para mostrar su gloria? Todo ello me hace pensar en mi necesidad de ver a Dios más allá de donde espero, más allá de mis expectativas. ¿Dónde me cuesta ver a Jesús? Esta pregunta es importante para un Dios que mi mente y experiencias no pueden contener.

Me quedo pues en este día con que Dios no me da la maldición sino la bendición, su perdón, su liberación, y eso también implica una vida fuera de las cárceles religiosas, sociales, personales y culturales que nos impiden verlo allí donde quizás el se quiera mostrar.

¿Dónde no estoy reconociendo a Jesús?




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