miércoles, 15 de febrero de 2017

MIEDO QUE PARALIZA (LUCAS 11-14)

En los capítulos que me he adentrado en estos días, hay una frase que me ha resaltado: "No tengáis miedo" (12:7). Curiosamente, el contexto de esa frase está en una invitación a temer a Dios ante que a los hombres, por lo que la palabra "temor" y la palabra "miedo" no pueden considerarse sinónimos en este texto. Es más, el temor a Dios se presenta como una buena receta para vencer el miedo. El temor a Dios está relacionado en este contexto a confiar en Él en obediencia, sabiendo que al no hacerlo, estamos confiando y obedeciendo a quien realmente no le interesamos y no desea nuestro bien, sin embargo:

"En cuanto a vosotros, tenéis contado hasta el último cabello de vuestra cabeza. No tengáis miedo, porque vosotros valéis más que todos los pájaros." (12:7)

"No temáis" es una de las frases que más se repiten a lo largo de las Escrituras, sospecho que está relacionado con el hecho de que el miedo paraliza. La invitación del Maestro en mi lectura es a Temer a Dios, lo cuál implica en la práctica no tener miedo de pedirle con confianza (11:9) y no tener miedo de poner en práctica lo que me pide (11:28).

Reconozco que a veces tengo miedo de lo que otros pensarán de mi si les hablo de Jesús. Sin embargo, lo peor que puede pasarme es que no estén de acuerdo con lo que les digo o que tengan una percepción equivocada de mi (como si la que tuvieran ahora fuera la correcta).

"Os digo, además, que a todo aquel que me reconozca delante de los demás, también el Hijo del hombre lo reconocerá delante de los ángeles de Dios." (12:8)

Por otro lado, a veces tengo miedo de dar con generosidad a los demás, aun cuando en el Camino de la fe el Maestro me dice:

"No tengas miedo, pequeño rebaño, que es voluntad de vuestro Padre daros el reino. Vended vuestros bienes y repartid el producto entre los necesitados. Haceos así un capital que no se deteriora, riquezas inagotables en los cielos, donde no hay ladrones que entren a robar ni polilla que destruya. Pues donde tengáis vuestra riqueza, allí tendréis también el corazón." (12:32-34)

En el capítulo trece Jesús sana a una mujer enferma en sábado delante de religiosos, eso implicaba en la época ir en contra de la tradición. Sin embargo Jesús puso las necesidades de las personas por encima de la religión, aun cuando eso implicaba meterse en problemas, al Maestro el miedo no le paraliza.

El miedo me acompaña a lo largo de mi vida, y he descubierto que este pierde fuerza en mi cuando en vez de reprimirlo, lo reconozco y expreso abiertamente. Los cristianos tenemos la ventaja de poder abrir nuestras emociones abiertamente al Señor, así como los muchos ejemplos de los Salmos nos indican, y de crear una cultura en la comunidad de vulnerabilidad, donde podamos hablar abiertamente de nuestras luchas sin ser juzgados. Cuando estos dos ingredientes están presentes, el miedo no siempre desaparece, pero pierde en gran medida su poder paralizador.

Contar a Dios y a mis hermanos que tengo miedo de hablar de Jesús abiertamente me ayuda a enfrentar el reto. Reconocer que a veces no me arriesgo en dar con generosidad me prepara para hacerlo... y así podríamos ponernos manos a la obra con cada miedo paralizante en nosotros.

¿Y tu a que tienes miedo?




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