miércoles, 8 de febrero de 2017

NO ES PROSELITISMO RELIGIOSO (LUCAS 5-6)

Jesús sigue anunciando el Reino en Galilea y como parte de su ministerio nos encontramos con la elección de discípulos a los que les va dedicar un considerable tiempo para la formación espiritual de ellos.

A diferencia de los rabí de su época, Jesús no puso su mirada en los destacados a nivel teológico. Si bien en la educación judía era muy importante la memorización de la ley de Moisés, solo aquellos que destacaban intelectualmente acababan siendo discípulos de algún rabí, el resto acababan continuando la profesión de sus padres. Pedro, Santiago y Juan, probablemente formaban parte de aquellos que habían quedado para seguir la tradición de pescadores en sus familias, sin embargo, hay un rabí que pone la mirada en ellos, y no es un rabí cualquiera, es el mismo Dios encarnado, que acepta a los que socialmente son rechazados. Tras una milagrosa pesca, Jesús le dice a Pedro:

"— No tengas miedo. Desde ahora serás pescador de hombres." (5:10b)

Tristemente en nuestro contexto, ser un pescador de hombre trae a nuestras mentes a un comercial tratando de captar clientes, o a proselitistas religiosos tratando de tener más miembros en las organizaciones a las que pertenecen, sin embargo, la narrativa bíblica nos aclara lo que verdaderamente Jesús tenía en mente al decir estas palabras: enfermos sanados, oprimidos liberados, personas que encuentran el sentido y propósito de sus vidas amando a Dios y amando al prójimo... Para esta tarea escogió a los doce apóstoles (6:12-16) y no para hacer grande la bandera de alguna denominación o el sueño concreto de un líder religioso. 

"Entonces Jesús, mirando a sus discípulos, les dijo: — Felices vosotros los pobres, porque el reino de Dios es vuestro. Felices vosotros los que ahora tenéis hambre, porque Dios os saciará. Felices vosotros los que ahora lloráis, porque después reiréis. Felices vosotros cuando los demás os odien, os echen de su lado, os insulten y proscriban vuestro nombre como infame por causa del Hijo del hombre. Alegraos y saltad de gozo cuando llegue ese momento, porque en el cielo os espera una gran recompensa. Así también maltrataron los antepasados de esta gente a los profetas." (6:20-23)

Jesús no estaba mostrando la pobreza, el hambre, el lloro o la persecución como condiciones para la bendición, más bien estaba dando buenas noticias: "Aunque en el entorno no seáis reconocidos, el Reino de los Cielos es accesible a vosotros a través de mi y eso lo cambia todo".

En mi lectura anterior vislumbré tres elementos claves del ministerio de Jesús que deberían formar parte de mi vida como discípulo: La predicación del mensaje del Reino, la Demostración de la presencia del Reino y el tiempo de soledad e intimidad con Dios. Ahora me encuentro con otro importante elemento: el hacer discípulos, que por cierto, no es lo mismo que domesticar personas para que se incorporen a estructuras religiosas o las gestionen. La domesticación no es lo mismo que el discipulado. La formación espiritual de Jesús, tenía un propósito claro, que las personas vivieran de la manera en la que Jesús vivía.

¿Estoy involucrado en colaborar con Dios en la restauración de otros? ¿De que manera enseño a mis discípulos a vivir como Jesús nos enseñó?


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