viernes, 5 de mayo de 2017

Llego al final de mi reflexión en el libro de Lamentaciones y me encuentro en los dos últimos capítulos, una vuelta a la expresión de duelo a través de duras descripciones con respecto al padecimiento de Sion. En el capítulo tres vislumbramos esperanza en el Señor y aun se levanta alabanza por sus bondades y misericordias, sin embargo, ahora el poeta vuelve a expresar sentimientos de venganza, quejas ante Dios por permitir tanto sufrimiento y dudas con respecto a lo que pasará:


"Goza y alégrate, Edom,
la que habitas tierras de Us;
ya te pasarán la copa
y andarás ebria y desnuda." (4:21)

"¿Por qué has de olvidarnos para siempre
y nos vas a abandonar por tanto tiempo?
Haznos volver a ti, Señor, y volveremos;
haz que nuestros días sean como antaño.
¿O nos has rechazado por completo,
enojado del todo con nosotros?" (5:20-22)

La Nueva Versión Internacional traduce así el último verso del libro:

"La verdad es que nos has rechazado
y te has excedido en tu enojo contra nosotros." (5:22)

A la vez, las dos últimas endechas, también reconocen la responsabilidad del pueblo ante la desolación:

"Por pecados de profetas
y culpas de sacerdotes
se derramó en su interior
sangre de gente inocente." (4:13)

Y un reconocimiento del Reinado eterno del Señor:

"Pero tú, Señor, reinas por siempre,
tu trono permanece eternamente." (5:19)

Pero no podemos ignorar que lo que abunda es la expresión de dolor, que a veces se convierte en duda, queja y desolación, aunque de vez en cuando manifiesta esperanza.

Todo ello me hace pensar en la realidad de la noche oscura del alma, cuando en realidad enfrentamos emociones lejos de la alegría y entusiasmo. Todos los que hemos pasado por periodos oscuros, podemos dar testimonio que hay días mejores en medio de la desolación. A veces no son exactamente días, sino momentos en los que tenemos fuerzas para retomar la alabanza y la esperanza en un futuro mejor, sin embargo, esos momentos no perduran como nos gustaría.

Nuestras emociones, en momentos de dificultad,  son a menudo como una montaña rusa, subiendo y bajando a gran velocidad. Esa experiencia se refleja muy bien en la obra de Lamentaciones, permitiéndonos comprobar una vez más que es parte de la experiencia humana, la cual Dios entiende hasta el punto de ofrecernos un ejemplo escrito de como lidiar con ello.

En los momentos donde solo sentimos desolación, así como en los momentos que vislumbramos esperanza, tenemos la posibilidad de venir igualmente ante el Señor, quien no se asusta de nuestras expresiones emocionales más oscuras, es más, me atrevería a decir que nos invita a ser honesto en cuanto a expresar nuestras dudas, enfado y pensamientos negativos cuando estos brotan en medio de la depresión.

Si has pasado por la noche oscura, habrás comprobado que negar y reprimir nuestras emociones y confusión, solo alarga el dolor. Ser sinceros con nuestras emociones y pensamientos ante el Señor, permite abrir el corazón para recibir la cirugía que el Médico de médicos sabe que necesitamos. Si no has pasado por la noche oscura del alma, ten en cuenta este principio, porque en algún momento lo vas a necesitar.

¿Cómo se recibe en nuestra comunidad cristiana las palabras de alguien que expresa desolación y dudas? ¿Tendemos a reprimir teles expresiones?

¿Cómo podemos beneficiar una cultura donde el dolor se exprese honestamente ante Dios sin censuras?


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