miércoles, 28 de junio de 2017

EL AHORA DEL REINO (APOCALIPSIS 1-3)

Me adentro en el libro de Apocalipsis, una lectura llena de imágenes a menudo grotescas y símbolos misteriosos. En occidente, la lectura de este libro por lo general se hace desde una comprensión secuencial del tiempo, se trata de un movimiento inevitable hacía adelante. Sin embargo, desde el principio, Juan nos ofrece una imagen en la que el trono de Dios aparece en el centro y todo lo demás se encuentra alrededor de él. Esta imagen, me libra de la tentación de querer ordenar los acontecimientos cronológicamente con el fin de resolver el enigma, y más bien me anima a examinar el tiempo presente con respecto a mi posición frente a la voluntad de Dios.

Mientras nosotros tratamos de tener el control de los tiempos, esta carta se envía precisamente a aquellos que tienen poco control ante las situaciones que les rodean. Al igual que Juan, estas iglesias  enfrentan persecución, probablemente un miembro de la iglesia de Pérgamo había sido ejecutado por negarse a contradecir su fe (2:13). Estas circunstancias eran propicias para el estilo literario de la carta, la cual podemos clasificar dentro de la literatura de los oprimidos, y dentro de esta de manera más particular dentro de los escritos apocalípticos. Estos estilos eran especialmente útiles para un mensaje que podían ser interceptados y usados para más opresión de quien escribía y quienes lo recibían. No obstante, a pesar de la dificultad simbólica, Apocalipsis atendía perfectamente la situación y circunstancias que enfrentaban los primeros receptores, no era un escrito sin sentido para ellos. Ver solamente en esta obra un anunciamiento futuro, es quitarle toda la fuerza práctica que implicó para las iglesias de Asia. Dice Juan:

"Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca." (1:3)

Jesús decía a menudo en su proclamación:

"Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado." (Mateo 3:2)

En el Reino de Dios, el tiempo tiene que ver con el AHORA. Eso me hace pensar en las implicaciones de este libro para mi en estos momentos. Si nos ponemos filosóficos, podemos afirmar que el pasado ya no existe, y así tampoco el futuro al no haber llegado, es solo el presente lo que puedo entregar a Dios. La conversión, por tanto, no es solo la decisión que tomamos tiempo atrás, de nada sirve esa decisión, si mi realidad presente no está rendida en estos momentos a Dios, así como de poco sirven los votos matrimoniales en una boda si actualmente vivimos en infidelidad.

Los primeros tres capítulos de Apocalipsis examinan la realidad de las siete iglesias locales a las que la carta se dirige originalmente. Las iglesias locales bíblicas no tienen más fronteras que las geográficas. Nada que ver con lo que hoy algunos consideran como "iglesia local", que más bien se relaciona con una organización religiosa en torno a confesiones de fe secundaria o un sistema organizativo concreto bajo un nombre o denominación específico:

"Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea." (1:11b)

La tarea de Juan es escribir lo que ve, no tanto explicarlo. Eso me hace pensar en nuestra tendencia al debate teológico, muchas veces abstracto, que nos aleja del valor de contar solamente aquello que el Señor está haciendo en nuestras vidas.

Juan, guiado por el Espíritu Santo, ofrece a cada una de las iglesias advertencias y promesas relacionadas en como enfrentar el momento presente. Estas advertencias y promesas nos hablan de la responsabilidad de los discípulos en responder. No se trata de un mensaje determinista, ante el cual solo podemos resignarnos, se trata de una oportunidad de examinar nuestro caminar con el Señor y de hacer los ajustes necesarios para ser una luz en el mundo. El símbolo constante de los candeleros (2:1), nos recuerda las palabras de Jesús cuando habló de la necesidad de que una luz fuera colocada en el lugar apropiado para alumbrar.

La carta de Apocalipsis se presenta ante mi como una oportunidad de examinar como estoy andando en el Camino. Como estoy enfrentando los mensajes de este mundo que me alejan de la voluntad de Dios, como está mi pasión por Jesucristo, como enfrento las dificultades y el sufrimiento, como resisto las tentaciones, ¿están los sistemas mundanos de este mundo ganando terreno en nuestras comunidades cristianas?. En definitiva, es una invitación a la conversión, entendida esta no solo en la decisión del pasado sino en una actitud constante que se expresa en el ahora presente.

Es muy interesante que las palabras a la iglesia de Laodisea en algunos círculos se usan solo como mensaje para los no cristianos:

"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." (3:20)

Sin embargo, aunque no dudo en su aplicación también para dicho contexto, las palabras se dirigen a cristianos concretos, y hoy también a mí, que leo las palabras de esta profecía.

¿Qué áreas de mi vida presente no están rendidas ante Dios? ¿Qué acciones concretas debo llevar a cabo para rendirme totalmente al Señor?

Si, "hoy es día de salvación" o quizás sería más específico decir, "hoy es día de rendición", pero en ambos casos, Dios me invita a creer que el mensaje es para mi y me toca responder ahora.





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