jueves, 15 de junio de 2017

Me introduzco en el quinto cantar del libro. En esta ocasión, la Sulamita está ya en la cama y su amado llama a la puerta. El texto no deja dudas del amor que sienten el uno por el otro, pero eso no impide que ella se retraso en abrir, se plantea la incomodidad de vestirse o lavarse los pies de nuevo:

"Yo dormía con el corazón en vela
y escuché la voz de mi amor:
—Ábreme, hermana y compañera mía,
mi paloma sin defecto,
que traigo la cabeza cubierta de rocío
y los rizos mojados del relente nocturno.
3—Ya me quité la túnica,
¿cómo voy a ponérmela?
Ya me lavé los pies,
¿cómo voy a mancharlos?" (5:2-3)

Finalmente decide abrir a quien ama, pero entonces, descubre que se fue, la tardanza ha tenido consecuencias:

"Yo misma abrí a mi amor
y mi amor se había marchado.
¡El alma se me fue con sus palabras!
Lo busqué y no lo hallé,
lo llamé y no respondió." (5:6)

El texto me hace pensar en la procrastinación que no es otra cosa que la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. Hay ocasiones donde este estado me domina, y entonces estar ocupando mi mente en algún asunto no importante, o permanecer por tiempo ojeando Internet, aun cuando se que lo que he de hacer se está retrasando. Busco el placer del momento y no atiendo aquello que es valioso e importante. Procrastinar tiene sus consecuencias, implica dejar pasar oportunidades y acumular tareas que implicarán mayor esfuerzo.

El retraso en responder de la Sulamita, implicó salir a buscar a su amado, enfrentarse a la noche y sus peligros y aun experimentar nefastas consecuencias:

"Me descubrieron los guardias
que hacían ronda en la ciudad:
me golpearon, me hirieron
y me quitaron el manto
los guardias de las murallas." (5:7)

Descuidar nuestra relación con Dios y nuestras relaciones más importantes, tienen consecuencia.

A veces he experimentado debilidad espiritual a la hora de enfrentar las tentaciones, he dejado aparcado mis ejercicios espirituales y mis músculos se han debilitado. He dejado de mirar a Jesús y el temor se a apoderado de mí.

A veces he experimentado la frialdad en el hogar por no atender las necesidades de mi familia. Me encuentro al margen de lo que mi mujer y mis hijas están viviendo. Mi compañera está cansada porque ella sola ha tenido que enfrentar los retos cotidianos.

Así como la Sulamita, necesitamos la gracia que nos levanta y saca de la engañosa comodidad, aquella que nos lleva a retomar lo que realmente es valioso y necesario para mi propio bienestar y el de otros.

¿Qué relaciones importantes estás descuidando?





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