viernes, 16 de junio de 2017


Llego al quinto y último canto del libro y a su conclusión, donde destaca la amplia descripción apasionada  de la Sulamita por parte del amado. No cabe duda que en dicha descripción hay un deseo ardiente de unión íntima, la expresión de dicho deseo brota tanto del hombre como de la mujer, lo que me lleva a pensar en la igualdad que trae la confianza plena en una relación.

Lo que llama mi atención en esta porción son las siguientes palabras:
"Yo soy de mi amado,
Y conmigo tiene su contentamiento." (7:10)

Este verso brota como expresión de una satisfacción en la relación. Ella se entrega totalmente a él en una relación exclusiva.

El amor en el matrimonio desde el paradigma bíblico es exclusivo. Los cónyuges  se pertenecen el uno al otro, lo cual es toda una revolución en un mundo tan individualista como en el que vivimos. No es de extrañar por tanto, que la relación de Dios con Israel y de Jesús con su iglesia se exprese constantemente como la relación de un esposo con su esposa. Se trata de un compromiso sagrado. 

Pertenecer a alguien de manera que no pertenezcas a ninguna otra persona en la Tierra, es un tipo de castidad. Implica una decisión de ser fiel a nuestros votos. Algunos han copiado el verso diez del capítulo siete en una tarjeta y la han colocado en un lugar que le permitan ver estas palabras a menudo. La práctica de la castidad, al igual que cualquier otra práctica espiritual que nos permita alinearnos con la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios, implica ejercicio. Nuestros músculos han de estar fuertes para resistir la tentación de un mundo egoísta y hedonista, que con frecuencia nos invita a sacrificar la joya de la fidelidad que nos llena y sostiene con firmeza por el placer pasajero.Es por ello que la amada dice:

"Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo;" (8:6a)

En las redes sociales, en la vida de famosos, en los anuncios y aun en los ejemplos de los que nos rodean, tenemos a menudo invitaciones para no ser fiel a nuestra pareja. Jesús dijo:

"Habéis oído que se dijo: NO COMETERAS ADULTERIO. Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón." (Mateo 5:27-28)

La palabra castidad, puede traer a la mente de muchos, la opresión de la religión, esa que impone leyes pesadas que el que las pone ni siquiera puede cumplirlas. Sin embargo, no estamos hablando de negar nuestras emociones y nuestra luchas, lo cual no nos traerá beneficios, estamos hablando de responder adecuadamente y con integridad a las mismas, lo cual requiere un reconocimiento de lo que sentimos y deseamos, un conocimiento de a donde nos dirigimos y el apoyo necesario para no desviarnos de nuestras metas.

En nuestra comunidad cristiana nos vemos regularmente no más de cuatro personas del mismo sexo para hacernos preguntas comprometidas. En un ambiente de vulnerabilidad y de no juzgarnos los unos a los otros, hablamos de nuestras luchas más profundas a través de preguntas que nos invitan a rendir cuentas. Descubrimos que estamos rotos y en un proceso de restauración, en una lucha constante con nuestro egoísmo individualista y un entorno hostil. Pero no estamos solos en esta lucha.

¿De qué manera te ejercitas para crecer en la fidelidad con tu pareja?




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