lunes, 17 de julio de 2017

ARMAGEDON (APOCALIPSIS 15-16)

En el capítulo 15 y 16 de Apocalipsis, Juan vuelve a mostrarnos el ciclo de los juicios divinos, en esta ocasión no nos habla de siete sellos ni de siete trompetas, sino de siete copas:

"Vi luego en el cielo otra señal formidable y maravillosa: siete ángeles llevaban las siete últimas calamidades con las que había de consumarse la ira de Dios." (15:1)

Sin embargo, aunque las naciones reciben las consecuencias de escoger su propio camino de destrucción, el juicio de Dios a través de estas siete copas no les hace cambiar de padecer. El corazón de ellos se endureció así como Faraón lo hizo ante las plagas que azotaron Egipto:

"...pero aun así, blasfemaban y se negaron a convertirse y a reconocer la grandeza de Dios, quien tiene en su mano tales calamidades." (16:9b)

El endurecimiento del corazón es tal, que el dragón y la bestia reúne a las naciones en la llanura de Armagedón para luchar contra Dios.

 "...pretendían reunir a todos los poderosos del mundo con vistas a la batalla del gran día de Dios, el dueño de todo." (16:14b)

"Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón." (16:16)

Algunos piensan que Juan está describiendo aquí una batalla real  en el futuro y otros que el texto es una metáfora de la justicia final de Dios sobre el mal. Lo que no queda duda es que Juan nos muestra que el mal será derrotado finalmente, la injusticia no prevalecerá.

Piensa en un momento lo que este mensaje debe suponer para unos cristianos que están enfrentando persecución e incluso muerte por causa de Cristo. Rodeados de injusticias, Juan les recuerda que por horrible que sea lo que están pasando, para nada eso supondrá el final de la historia. Aun cuando las circunstancias actuales parecen decir todo lo contrario, aquellos cristianos tienen la oportunidad de unirse a la victoria final:

"Vi también una especie de mar, mezcla de fuego y cristal, en cuya orilla, de pie, estaban los vencedores de la bestia, de su imagen y de su nombre cifrado. Acompañándose de arpas celestiales, cantaban el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo:

—Maravillas sin cuento has realizado,
Señor Dios, dueño de todo;
recto y fiel es tu proceder,
rey de las naciones.
¿Cómo no temerte, Señor?
¿Cómo no engrandecerte?
Solo tú eres santo.
Todas las naciones
vendrán a postrarse ante ti,
porque tus designios de salvación
se han hecho manifiestos." (15:2-4)

Sin embargo, esta victoria final de Dios, no implica quedarnos de brazos cruzados, el mensaje a las iglesias es práctico y activo:

«Mirad que llego como un ladrón. ¡Dichoso el que se mantenga vestido y vigilante! No tendrá que andar desnudo, y nadie verá sus vergüenzas». (16:15)

El mensaje de Apocalipsis, es por tanto una instrucción clara de no tomar la justicia por nuestras manos. Esperar en Dios, implica no perder de vista que sus planes se establecerán aun cuando las circunstancias nos inviten a pensar otra cosa. Implica, así como vimos en capítulo anteriores, que esta batalla se gana gracias a la sangre del Cordero, que decidió morir por sus enemigos. Nos toca por tanto, no perder la esperanza, no entregarnos a la injusticia, permanecer vigilantes y consciente para no dejarnos arrastrar por la corriente de este mundo que vive sin tener en cuenta a Dios.

Armagedón es la historia que nos habla de que finalmente el mal no vencerá, el amor, la compasión, la justicia prevalecerá.

¿Cómo afecta a mi vida saber que mis actos de misericordia, compasión y bondad, en definitiva mi obediencia a Dios, manifiesta la irrupción del Reino de Dios en este mundo, y que este Reino se establecerá completamente un día?





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