miércoles, 5 de julio de 2017

EL CENTRO (APOCALIPSIS 4-5)

Tras dar mensajes concretos a cada una de las siete iglesias de Asia, Juan hace una descripción de una visión del Trono de Dios. Las imágenes descritas por Juan incluyen seres extraños, arcoiris, un mar de vidrio, relámpagos, truenos etc. desafiándonos así a ir más allá de nuestra visión cultural del reino de los cielos.

Sin embargo, hay un acto al que si nos podemos unir a esta escena con más familiaridad, me refiero a la alabanza a Aquel que está sentado en el Trono, reconociéndole como Creador de todo:

"Cada uno de los cuatro vivientes tenía seis alas y eran todo ojos por fuera y por dentro. Día y noche proclaman sin descanso:

—Santo, santo, santo,
Señor Dios, dueño de todo,
el que era, el que es,
el que está a punto de llegar." (4:8)

Cuando alabamos a Dios y reconocemos su majestad, en un sentido nos estamos uniendo a esta visión celestial. La alabanza es una práctica espiritual que nos lleva a mirar hacía el Trono como el centro, y que llevada a cabo correctamente, nos ayudará a evaluar y alinear cada área de nuestras vidas con respecto a Dios. Nada debe ocupar el lugar central en nuestras vidas fuera de Dios, todo lo demás debe estar alrededor de este Trono postrado, así como los veinticuatro ancianos del pasaje:

"los veinticuatro ancianos caen de rodillas ante el que está sentado en el trono, adoran al que vive por siempre y arrojan sus coronas a los pies del trono, diciendo:

—Señor y Dios nuestro:
¡Nadie como tú merece recibir
la gloria, el honor y el poder!
Porque tú has creado todas las cosas;
en tu designio existían,
y conforme a él fueron creadas." (4:10-11)

Es en este ambiente de adoración, donde a Juan le brota un estado de frustración:

"Entonces rompí a llorar a lágrima viva porque nadie fue considerado digno de abrir el libro y ni siquiera de mirarlo." (5:4)

Sin embargo, Juan está en el lugar correcto para recibir consuelo. y escucha que el león de la tribu de Judá ha vencido:

"Pero uno de los ancianos me dijo:
— No llores. ¿No ves que ha salido victorioso el león de la tribu de Judá, el retoño de David? Él desenrollará el libro y romperá sus siete sellos." (5:5)

Sin embargo, Juan mira y en vez de un león, símbolo de guerra, ve un cordero pacífico que había sido degollado.

"Vi entonces, en medio, un Cordero que estaba entre el trono, los cuatro seres vivientes y los ancianos. Estaba en pie y mostraba señales de haber sido degollado." (5:6a)

Esto nos sitúa en la obra de Cristo en la cruz como elemento básico y fundamento del establecimiento del Reino de Dios. La muerte de Jesús en la cruz por los pecados de sus enemigos inaugura la conquista de la muerte y la victoria sobre la maldad. Jesús, quien ha resucitado, es quien tiene toda autoridad, él puede hacer lo que ni nosotros ni otros pueden hacer. El ha tomado nuestro lugar, el obedeció hasta la muerte. El puede abrir el rollo, que representa el mensaje de los profetas acerca de como la voluntad de Dios se llevará a cabo como en el Cielo, así también en la Tierra (todo esta visión es un eco de Isaias 6, Ezequiel 1 y Daniel 7).

El texto también señala algo valioso:

"Apenas recibió el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero; todos tenían cítaras y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los santos." (5:8)

Es decir, las oraciones del pueblo de Dios son como copas de oro llenas de perfume delante de Dios mismo.

Todo ello me lleva a pensar en las dificultades de vivir como agente de restauración en medio de un mundo roto. A veces solo nos queda llorar de impotencia ante la realidad que nos rodea tan alejada de los planes originales de Dios, sin embargo, llevar nuestra mirada hacía el trono de Dios, hacía el centro de la vida cristiana, nos permitirá encontrarnos con una imagen de esperanza:

- Jesús ha vencido y puede hacer lo que nosotros no podemos
- Nuestras oraciones son valiosas y útiles delante de Dios

La visión de Juan en este día me hace pensar en el valor de la alabanza y la oración, de tomar perspectiva para colocarme en el lugar donde el Trono divino tome centralidad en mi vida, y todo lo demás esté postrado alrededor de Él. Necesito una visión renovada de lo que implica ser un súbdito de su reino.

¿Qué me frustra en este momento?
¿De que manera práctica puedo situarme en el lugar correcto ante el trono de Dios?
¿Cómo la alabanza me permiten una perspectiva más allá de las circunstancias inmediatas?
¿Qué áreas de mi vida no están postradas ante el trono?
¿Qué tal tomar un tiempo para postrarme literalmente ante Dios como un símbolo de rendición total?


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