viernes, 7 de julio de 2017

Tras los acontecimientos que desencadenan los siete sellos (comentados en la entrada anterior), Juan parece que retrocede para contar otra vez la historia, pero esta vez, nos habla de siete trompetas y nos da otros detalles.

Las primeras cinco trompetas son ecos de las plagas en Egipto que nos cuenta el libro de Éxodo. La sexta trompeta, libera los cuatro jinetes de los primeros cuatro sellos, todo ello nos vuelve a mostrar un panorama de guerra, desolación y sufrimiento, fruto de una vida en contraposición a Dios y sus preceptos. Sin embargo, todo ese juicio de Dios no parece que tenga el efecto que se espera del mismo, al igual que pasó con Faraón, así pasa con los que tienen un corazón inclinado hacía la maldad:

"A pesar de todo, quienes no fueron aniquilados por estas calamidades, se negaron a cambiar de conducta. Siguieron adorando a los demonios, a los ídolos de oro, plata, bronce, madera y piedra, dioses que no pueden ver, ni oír, ni caminar. Siguieron aferrados a sus crímenes, a sus hechicerías, a su lujuria y a sus rapiñas." (9:20-21)

Entonces, Juan es invitado a comer el pergamino que el Cordero había abierto, lo cual es eco del libro de Ezequiel, con el fin de dar un mensaje a las naciones:

"Y me dijo alguien: — Debes aún proclamar un mensaje profético sobre multitud de pueblos, razas, lenguas y reinos." (10:11)

Y a continuación nos sigue contando Juan acerca de como el Reino de Dios se establecerá finalmente.

Parece que el contenido del rollo se explica mediante dos símbolos. 

Por un lado el templo de Dios que Juan debe medir dejando fuera el patio exterior, el cual es pisoteado por las naciones. Algunos ven aquí la destrucción de Jerusalén (sea en el pasado o en un futuro), sin embargo, si Juan está siguiendo la tradición de Jesús y los apóstoles, el nuevo templo sería un símbolo del pueblo de Dios en su nuevo pacto, el cual está enfrentando oposición y persecución (1ª Corintios 3:16, Hebreos 3:6, 1ª Pedro 2:4-5).

Por otro lado aparecen dos testigos a los que se describe con estas palabras:

"Me refiero a los dos olivos y a los dos candeleros que se mantienen firmes en presencia del Señor de la tierra." (11:4)

Algunos ven en este símbolo dos profetas que aparecerán en algún momento de la historia de la humanidad, sin embargo, se describen como candeleros, lo cual es a menudo un símbolo de la iglesia. Algunos ven aquí el papel profético de la iglesia, lo cual implica tomar el manto de Moisés y Elias. Sin ser dogmático, me inclino por esta última interpretación, lo cual tiene una implicación muy práctica tanto para los primeros receptores de la carta como para nosotros en el S. XXI. 

Sin embargo, la visión incluye una horrible bestia (que nos recuerda al capítulo 7 de Daniel) que acaba matando a estos dos testigos:

"Pero, una vez concluido su testimonio, surgirá del abismo la bestia, que entrará en combate contra ellos, los derrotará y los matará." (11:7)

Tras unos días de exposición de los cuerpos muertos, al igual que ocurrió con Jesús, Dios resucita a los dos testigos:

"Pero al cabo de los tres días y medio, Dios los hizo revivir y los puso de nuevo en pie, para asombro y terror de quienes los contemplaban." (11:11)

Y es ahora, a partir de esta muerte y resurrección, donde Juan nos deja ver un cambio en la actitud de parte de los habitantes de la Tierra:

"En ese momento se desencadenó un formidable terremoto: la décima parte de la ciudad se derrumbó, y siete mil personas perecieron víctimas del terremoto. Los supervivientes, sobrecogidos de espanto, alabaron al Dios del cielo." (11:13)

La muerte de estos testigos, no solo acaba en resurrección, produce un terremoto y es aquí donde surgen personas que alaban a Dios.

Seguir los acontecimientos de esta enigmática y extraordinaria visión nos lleva a darnos cuenta de asuntos que me parecen claves:

- Los juicios de Dios a través de los siete sellos (explicado en la entrada anterior, Apocalipsis 6-8:1) no produce arrepentimiento. Sin embargo, Juan acaba con la visión de personas con ropas blancas y palmas en sus manos al lado de un Trono y un Cordero que ha sido degollado. No cabe duda de que lo que ha producido en estas personas su estado de bendición junto a Dios es la obra de dicho Cordero; Jesús, quien murió por sus enemigos y al tercer día resucitó, acaba junto a personas de toda tribu, lengua y nación. 

- Los juicios de Dios a través de las sietes trompetas (explicado en esta entrada, Apocalipsis 8:2-11:19) tampoco producen arrepentimiento, sin embargo, a partir de la muerte y resurrección de los dos testigos, posible símbolo de la iglesia dispuesta a morir por aquellos a los que les lleva el mensaje de Dios, es que encontramos personas alabando a Dios.

El posible significado de estas imágenes contienen el secreto de como el Reino de Dios se instaura en medio de este mundo roto. No es a través de juicios ni ejércitos, sino a través de un acto profundo de amor, que implica morir por tus propios enemigos. Eso es lo que Jesús, representado por un Cordero que ha sido degollado hizo, y eso es lo que la Iglesia, representada por dos testigos que son aplastados, está llamada a hacer.

Juan me provee el arma más poderosa para combatir la maldad y oposición en el mundo, y esta no es otra que el amor y la gracia. Este es el mensaje de Dios para la Iglesia que en Asia enfrentaba gran oposición y ese es el reto para nosotros en el S. XXI.

No faltan cristianos que son conocidos por el rechazo a los que no piensan como ellos, pero faltan cristianos que se caractericen por dar sus vidas por los que no piensan como ellos y por sus propios enemigos. No podemos ni debemos engañarnos, en un mundo donde algunos siguen esperando que el reino de Dios se instaure mediante políticas que en algún sentido implican imposición autoritaria, el evangelio sigue tratándose de amar como hemos sido amados. Sin embargo, no podemos dar aquello que no hemos estado dispuesto a recibir primero, y mucho menos se puede entender esto de morir por tus enemigos, sin reconocer que uno al que rechazábamos murió por nosotros para salvarnos, así nos conquistó y así sospecho que somos enviados a participar de la conquista. 

¿De que manera práctica, como parte del Cuerpo de Cristo, combato hoy la maldad y la injusticia con amor intenso y profundo? ¿Qué implica las palabras "de gracia recibisteis, dad de gracia"?






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