miércoles, 13 de septiembre de 2017

Los ocho primeros capítulos de Romano nos ha presentado una argumentación clara del evangelio, dejándonos claro Pablo la manera en la que Dios resuelve nuestro problema como seres rotos. Sin embargo, hay algunas interrogantes y puntualizaciones que Pablo también quiere abordar, entre ellas ¿qué pasa con aquellos judíos que no conocen a Jesús como Mesías? ¿La promesa de Abraham les alcanza a ellos o quedan fuera?

En el capítulo nueve, Pablo muestra como en la genealogía judía siempre hubo personas como Ismael o Esaú quienes no fueron escogidos como herederos de la bendición, en un sentido representan a los judíos que rechazan a Jesús hoy, es decir, la argumentación de Pablo nos lleva a pensar que formar parte de la etnia judía, no significa formar parte automáticamente del pueblo del pacto. 

"Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes." (9:8)

Se puede ser por tanto judío, y no alcanzar la promesa, así como se puede ser gentil y alcanzarla. 

Aun Pablo deja claro que nadie debe atreverse a juzgar a Dios con respecto a aquellos que son escogidos para recibir la promesa y aquellos que no. Esto no deja duda con respecto a que la obra de salvación del ser humano depende de Dios y no de lo que nosotros hagamos o seamos. 

Con esto Pablo no está diciendo que algunos son más valiosos que otros, sino que Dios controla la creación y aun la rebeldía del ser humano es usada para manifestar su gracia. La dureza del corazón de Faraón acabó con una manifestación de poder y salvación hacía el pueblo oprimido, así como la rebeldía del pueblo de Israel, también acabó resaltando y abriendo el camino de la gracia a los gentiles. Dios es capaz de usar el rechazo de la voluntad de Dios, es capaz de organizar eventos para que su plan redentor siga adelante en este mundo.

Pienso en mi frustración cuando las personas no responden al evangelio, sin embargo, este pasaje me permite ver como los planes de redención de Dios no son frenados por dicho rechazo. Puedo y debo confiar y descansar en el Dios soberano. 

Después, Pablo nos da a entender que parte del problema es que muchos judíos han decidido basar su relación con Dios en base al cumplimiento de la ley, en vez de hacerlo en base a la obra de Cristo (10:2-4), sin embargo, la unidad del pueblo de Dios no se basa en otra cosa que en Cristo mismo como salvador:

"Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." (10:12-13)

Esto no significa que Dios se olvide de Israel y sus promesas, Dios las cumplirá y el capítulo once nos habla al respecto aunque no nos dice como ocurrirá (11:26-27), pero si significa que la familia de Dios se construye en base a la fe en Jesús. Pablo representa con un árbol la familia de Dios, los judíos que rechazan a Jesús son ramas podadas, y los gentiles que aceptan a Jesús son remas injertadas, ante ello el apóstol da una advertencia a los no judíos:

"Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme." (11:17-20)

El evangelio nos lleva por tanto a una actitud de humildad y reconocimiento de que dependemos de la gracia de Dios. Este es el antídoto que Pablo usa en el contexto de una iglesia localizada en Roma donde judíos y gentiles se encuentran divididos. Es un llamado a permanecer en la fe con implicaciones muy prácticas.

Mi vieja naturaleza me lleva a sentirme superior que otros cristianos por aspectos concretos: mi cosmovisión de la vida y la iglesia, la manera en la que experimento comunidad, mi punto de vista en aspectos teológicos concretos etc. Necesito por tanto acudir una y otra vez al evangelio que me ha salvado, para comprobar que la familia de Dios es una familia de fe en Jesús donde ninguno de los que pertenecemos a ella podemos jactarnos, podemos sentirnos más importantes, privilegiados o con más derechos, sino solo agradecidos. Si el evangelio no me libra de la soberbia, es que necesito entenderlo y experimentarlo mucho más. Si los énfasis en la elección divina, me llevan a rechazar a otros hermanos con otros énfasis, realmente no estoy entendiendo nada. El discurso de Pablo no es para crear soberbios, sino para combatirlos.

¿Me lleva el estudio de Romanos a discutir con otros hermanos sobre puntos teológicos complejos o a disfrutar de la unidad que tengo mediante la fe en Cristo? ¿Qué debo cambiar en mi actitud ante otros cristianos al entender el evangelio? ¿Cómo puedo centrarme más en el verdadero vínculo de unión con el resto de la familia de Dios?



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