jueves, 7 de septiembre de 2017

"Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." (5:8)

Pablo está explicando el evangelio a una iglesia que sufre rupturas entre judíos y gentiles y al hacerlo nos lleva al corazón de la estrategia divina para combatir la maldad y el pecado en el mundo. La estrategia divina es todo una locura de intervención para nosotros, acostumbrados a responder a la injusticia desde nuestra rabia y dolor, sin embargo, ante nuestra propia maldad y rebeldía hacía Dios nos encontramos con un hecho insólito, que nosotros...

"...siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo," (5:10b)

El propio Dios se hace carne y sufre las consecuencias de nuestros actos voluntariamente, lo hace en nuestro lugar,  para salvarnos a través de un acto de amor sublime.

Pablo sigue adentrándose en todo lo que esto significa a través de diferentes aspectos. Concretamente en el capítulo cinco contrasta Adán con Jesús, el primero introdujo el pecado, el segundo la gracia y la justicia que nos salva:

"Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia." (5:17)

En el capítulo seis Pablo nos recuerda que seguir a Jesús está relacionado con abandonar la herencia que nos ofreció Adán, para abrazar la que nos ofrece Jesús. Todo ello tiene que ver con un nuevo tipo de humanidad: somos traspasado de una condición a otra así como nos recuerda el simbolismo del bautismo.

"Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva." (6:4)

Todo ello se relaciona con una nueva manera de vivir en la que somos liberados para amar a Dios y amar a nuestro prójimo.

En este punto Pablo plantea la cuestión del papel de la ley, probablemente refiriéndose a todas aquellas normas que fueron dadas a Moisés para que el pueblo de Israel las cumpliera. La cuestión es que la ley ayudó a ver lo que estaba mal, sin embargo, no solucionó el problema, más bien nos ayudó a sentirnos más culpables al comprobar que aquello que no queremos hacer acabamos haciéndolo. La ley por tanto nos muestra la manera en la que Dios quiere que vivamos, pero no nos arregla el asunto de fondo, que no es otro que un corazón roto.

"Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado." (7:14)

Por tanto, nos encontramos en el capítulo ocho con que la solución tiene que ver con Jesús y el Espíritu Santo, es decir, Jesús ha tomado nuestras maldades y ha pagado el precio que nos correspondía, con el fin de liberarnos y permitir que su Espíritu Santo nos alcance y nos inyecte un nuevo estilo de vida.

"Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros." (8:11)

Además esa obra renovadora afecta a toda la creación, por lo que esperamos no solo ser liberados para amar a Dios y a nuestro prójimo mediante la ayuda del Espíritu que intercede por nosotros (8:26-27), sino ver toda la creación redimida:

"porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios." (8:21)

El capítulo ocho finaliza por tanto con un canto de victoria donde se nos recuerda que somos más que vencedores y que nada nos puede apartar del amor de Dios.

Me planteo como está afectando la vida del Espíritu a mis respuestas. Pienso cuando en mi hogar mi propia familia no actúa como me parece justo, o mis compañeros de trabajo o vecinos, o mis hermanos en Cristo y ni digamos "mis enemigos", aquellos que puedan buscar mi propio mal de manera deliberada. Pienso también en mis propias luchas e inmundicia, en como me trato ante ellas. Si bien todo ello me recuerda de donde vengo, la realidad espiritual que Jesús ha logrado me permite ver más allá y aun disponerme a andar conforme a mi nueva naturaleza. El discurso de Pablo me lleva a pensar que:

- Puedo amar a Dios, buscarlo y contar con la ayuda de su Espíritu para enfrentar una nueva vida
- Qué puedo responder con amor ante los errores de otros, así como Dios ha hecho conmigo
- Qué he sido perdonado de mis propios errores y no tengo que flagelarme

Todo ello implica por mi parte suficiente fe para vivir como Jesús me mostró. De hecho, sin esa fe, es probable que no vea mi vida transformada. Me refiero a una fe activa, que me lleve a perdonar a quien me hace mal, a devolver bendición por maldición, que me lleve a ser activo ante mis patrones de conducta destructivo. Pienso en como esa fe está íntimamente relacionada con las prácticas espirituales, entendiendo por ellas aquello que me coloca en el lugar donde Dios me quiere y donde Dios me transforma.

Hay poder para ser libre de la pornografía, de las respuestas airadas, de la murmuración... Hay poder para dar un regalo a quien me fastidia, para dar de mi tiempo al afligido, para ofrecer lo que se necesita antes de lo que se merece... Hay poder para sanar a los enfermos, para anunciar que Dios es accesible... Una nueva vida implica una nueva manera de actuar. Tiempo de actuar.





1 comentario:

  1. No perderé de vista este artículo en mucho tiempo. El beneficio que se desprende de estos capítulos, con tu reflexión final, es muy necesario en mi vida. La Biblia no es algo que simplemente haya que saber: todo lo que expresas aquí ya lo sabía. Es para creer, para creérselo cada día, para experimentarlo y ponerlo por obra (actuar). Y estas son verdades que uno necesita recordar constantemente.

    ResponderEliminar