viernes, 13 de octubre de 2017

EXPRESIÓN PROFUNDA DE DOLOR (JOB 3)

Job había estado siete días junto a sus amigos en silencio:

"Entonces se sentaron en el suelo con Job durante siete días y siete noches sin decir una palabra porque veían que Job estaba sufriendo demasiado." (2:13)

En el capítulo tres el silencio se rompe con la propia voz de Job maldiciendo el día en que nació. Sus palabras manifiestan un dolor profundo y una rabia ardiente: ha perdido a sus hijos amados, ha perdido todas sus posesiones, ha perdido su salud y sufre una enfermedad que implica constante malestar, su mujer le ha invitado a maldecir a Dios y él ha rehusado hacerlo pero no encuentra alivio.

Job solo ve el cesar de su angustia en no haber nacido, y no entiende que sentido tiene seguir viviendo en las condiciones que enfrenta. La escena nos invita a entrar en el pozo oscuro y profundo de la desesperación:

"¿Por qué darles vida a aquellos
    que se llenarían de alegría si descienden a la fosa?
¿Por qué darle vida a un hombre que ve cerrado su camino,
    y a quien Dios tiene acorralado?"  (3:22-23)

La expresión del dolor profundo es necesaria para la salud emocional, las palabras de Job no son agradables de oír, pero no dejarlas brotar solo empeoraría su situación.

En medio del dolor, hay momentos para el silencio, pero también debe haberlo para la expresión. De hecho una espiritualidad profunda implica la expresión abierta y sincera del dolor, así podemos verlo no solo en esta obra sino también en Lamentaciones, en gran parte de los Salmos y en muchas otras porciones de las Escrituras. Por si fuera poco, así lo vemos también en el ejemplo de nuestro Maestro, Jesús, quien en Getsemaní, no dudó en expresar a sus discípulos que le embargaba una angustia de muerte y más tarde oraba diciendo que quería pasar aquella prueba si fuera posible, su expresión venía acompañada de un momento de tanta ansiedad que dice el evangelio que su sudor era como grandes gotas de sangre. Dicen los expertos, que un momento de ansiedad profunda puede llevarnos a estos síntomas.

La expresión de las emociones a veces no se considera en nuestra formación espiritual, y eso es una tremenda desgracia, ya que no seremos espiritualmente maduros si no somos emocionalmente maduros, y la madurez emocional implica identificar y expresar nuestras emociones cuando se desatan en nuestras vidas por diversas circunstancias.

No expresar nuestras emociones negativas nos llevará al colapso emocional, a más desolación, más dolor interno y contribuirá a nuestra destrucción.

No tenemos que llegar al estado de Job para aprender a expresar nuestras emociones, es probable que en esta semana, la mayoría de los que estemos leyendo este texto, tengamos algún episodio donde emociones negativas han fluido en nosotros ante algunas circunstancias más o menos justificadas.

¿Qué tal si valoramos poderlas expresar a alguien de confianza y no dudamos en hacerlo ante Dios? La Biblia puede ser un perfecto manual para ayudarnos a los que somos inexpertos en esta materia.



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