martes, 10 de octubre de 2017

Me adentro en el libro de Job. Esta obra junto con Proverbios y Eclesiastés forman una trilogía bíblica dedicada a la sabiduría, es decir, a reflexionar sobre como vivir de manera piadosa e integra en un mundo complejo y torcido. Es interesante observar como Proverbios se enfoca en la virtud de vivir considerando a Dios, lo que denomina "el temor del Señor" y como el hacerlo nos permite acceder a los beneficios de la justicia y la integridad. Sin embargo, Eclesiastés nos recuerda que no siempre los que andan en integridad y justicia obtienen beneficios terrenales, lo cual nos lleva a la necesidad de una fe con raíces más profundas. La historia de Job, dentro de estos libros de Sabiduría, nos enseña el confiar en Dios cuando el sufrimiento llega a nosotros injustamente, ¿Cómo vamos a responder cuando el dolor no es la consecuencia de nuestro propio pecado? ¿Cómo puedo confiar en esos momentos oscuros que Dios está al control y Él es justo?

El prólogo del libro nos habla de un hombre rico y fructífero que no vive en Israel, supuestamente no judío, pero sin embargo, es todo un ejemplo de integridad. Llama mi atención, que dentro de su integridad, el libro señala que Job considera la espiritualidad de sus hijos y dedica tiempo a tratar como viven delante de Dios a través de los rituales de purificación de su época:

"Sus hijos solían juntarse para comer, cada día en casa de uno, e invitaban a sus tres hermanas. Terminados esos días de fiesta, Job los hacía venir para purificarlos; y de mañana ofrecía un holocausto por cada uno, por si habían pecado maldiciendo a Dios en su interior. Cada vez hacía Job lo mismo." (1:4-5)

No puedo evitar ante el ejemplo de este personaje bíblico preguntarme: ¿Estoy llevando a mis hijas ante Dios con el deseo de que vivan vidas que le agraden?

El prólogo nos cuenta como Dios se agrada de la integridad de Job y de como "Satanás" que en el Antiguo Testamento es la palabra que se usa para referirse a "alguien que cuestiona", pone en duda las motivaciones de este hombre:

"Satán contestó al Señor: — ¿Y crees que Job respeta a Dios sin motivo? Tú mismo lo has rodeado de seguridad; lo has protegido, junto con su hogar y sus pertenencias: has bendecido sus trabajos, y sus rebaños llenan el país. Pero te apuesto que si extiendes tu mano y dañas sus posesiones, te maldecirá a la cara." (1:9-11)

A partir de aquí, se le permite a Satanás que toque la realidad de Job y lo primero que sucede es que pierde a sus hijos y sus riquezas de manera dramática y fulminante, sin embargo:

"A pesar de todo lo sucedido, Job no pecó ni maldijo a Dios." (1:22)

Por si esto no fuera suficiente, Satanás sigue cuestionando la profundidad de la integridad de Job y propone aumentar la prueba:

"Te apuesto que si pones la mano sobre él y lo hieres en su carne y en sus huesos, te maldecirá a la cara." (2:5)

Es entonces cuando padece una sarna maligna que afecta a todo su cuerpo y que lleva a su propia mujer a decirle:

"— ¿Todavía persistes en tu honradez? Maldice a Dios y muérete." (2:9b)

A lo que él contestó:

 "— Hablas como una insensata. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?
A pesar de lo ocurrido, Job no pecó con sus labios." (2:10)

El prólogo finaliza con la visita de tres amigos de Job, que al verlo se lamentan y permanecen siete días acompañándoles en silencio.

Desde el inicio, la pregunta está servida ¿mi confianza en Dios depende de las circunstancias que me rodean?

Ser capaz de confiar en Dios más allá de una vida favorable, es señal de una fe profunda. Las circunstancias desfavorables que enfrento ¿qué me dicen acerca de mi fe?

Recuerdo la vida de aquella amiga de mi mujer que al conocer a Cristo tuvo cambios significativos en su manera de pensar y vivir, sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que un familiar querido tuvo que enfrentar una enfermedad y posteriormente la muerte. Las preguntas saltaron: ¿Por qué Dios lo permitió? ¿Por qué no la sanó si le pedí con fe? ¿Por qué permitió que fuera tan doloroso el proceso?

Descubrimos que la tierra de nuestro corazón está aun en procesos de mejorar, así como Jesús explicó con la parábola de la semilla, nuestro terreno puede contener piedras, espigas o falta de tierra que dificultan que la semilla de el fruto apropiado. Las dificultades son un excelente elemento para descubrir el estado de nuestro corazón y la calidad de nuestra fe. La cosa se complica cuando no tenemos una respuesta que nos satisfaga ante ciertas circunstancias injustas.

A veces, solo nos queda reconocer que Dios sabe de aquello que nos pasa, no cabe duda, ya que en su Palabra nos invita a reflexionar al respecto, la cuestión es ¿Estoy dispuesto a confiar cuando no tengo respuestas al por qué de ciertos sufrimientos? Creo que contemplar la experiencia de Job va a ser clave para colaborar con el Espíritu Santo en la profundidad de mi confianza en Dios y en la calidad de mi fe, sobre todo, cuando es tan evidente que mucho del sufrimiento que nos rodea no se explica siempre con razonamientos satisfactorios.




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