sábado, 4 de noviembre de 2017

LECCIONES PARA EL DIÁLOGO (JOB 23-37)

Los capítulos del veintitrés al treinta y siete continúan en una densa poesía  y debate. Job sigue argumentando en torno a su inocencia en medio de una montaña rusa emocional en la que se plantea su causa como injusta y desde la impotencia:

"Vive Dios, que ha quitado mi derecho,
Y el Omnipotente, que amargó el alma mía," (27:2)

"Porque ¿cuál es la esperanza del impío, por mucho que hubiere robado,
Cuando Dios le quitare la vida?" (27:8)

El hace su última declaración de inocencia, sin embargo, Job parece no abandonar el que Dios pueda tomar cartas en el asunto y se haga presente para darle explicación:

"¡Quién me diera quien me oyese!
He aquí mi confianza es que el Omnipotente testificará por mí,
Aunque mi adversario me forme proceso." (31:35)

Es ahí donde entra en escena los argumentos de otro personaje, llamado Elihú quien plantea que Dios es justo, y por lo tanto, Dios gobierna el mundo desde su justicia. Sin embargo, las conclusiones de Elihú parecen más elaboradas que las de los tres amigos: quizás el sufrimiento no siempre es causa del pecado del pasado, pero puede ser la manera en la que Dios nos ayude a no pecar en el futuro y/o trabaje con nuestro carácter. Lo que está claro es que Elihú no ve acertado que Job acuse a Dios de injusticia.

Si bien Elihú agota en esta obra los planteamientos teológicos sobre la situación de Job, y si bien, no siempre pueden ser consideradas sus palabras como definitivas para el momento trágico, si se puede percibir en él algunos aspectos interesantes, que quizás acercan a Job a encontrarse directamente con Dios. Hay algunos puntos que Elihú aporta que me parecen propios para considerar en un ambiente de diálogo:

- Es el espíritu divino quien puede traer sabiduría, y eso permite que Dios traiga luz a veces por quienes menos esperamos:

"Ciertamente espíritu hay en el hombre,
Y el soplo del Omnipotente le hace que entienda.
No son los sabios los de mucha edad,
Ni los ancianos entienden el derecho." (32:8-9)

- Un punto de partida para aconsejar es reconocer que compartimos la humanidad de a quien aconsejamos, es decir, compartimos fragilidad e inexactitud:

"...De barro fui yo también formado." (33:6b)

- Solo si reconocemos la común fragilidad y humanidad, podremos tratar de encontrar la sabiduría como un acto colectivo y no individual:

"Escojamos para nosotros el juicio,
Conozcamos entre nosotros cuál sea lo bueno." (34:4)

- El diálogo es infructuoso sin escucha activa, Elihú puede nombrar las palabras exactas de Job porque previamente ha guardado silencio y le ha escuchado:

"Porque Job ha dicho: Yo soy justo,
Y Dios me ha quitado mi derecho." (34:5)

- Elihú señala la posibilidad de poder escuchar a Dios en medio del sufrimiento, es decir, él se plantea ir más allá de las argumentaciones ya realizadas:

"...Y en la aflicción despertará su oído." (36:15b)

- De hecho, aquel que ha escuchado en silencio y atención, ahora invita a Job a contemplar la grandeza de Dios:

"Escucha esto, Job;
Detente, y considera las maravillas de Dios." (37:14)

Debido a la posición en la que encontramos las aportaciones de Elihú, justo antes de que Job se encuentre directamente ante las palabras de Dios, podríamos pensar que su actitud en el diálogo y argumentos, si bien no fueron satisfactorios, si pudieron reblandecer el corazón de Job y prepararlo para el encuentro divino de los últimos capítulos.

En todo caso, esta porción del libro me lleva a plantearme como suelo argumentar ante las diferentes opiniones que me rodean. ¿Soy consciente de que la sabiduría procede de Dios y el puede manifestarla más allá de mis expectativas? ¿Soy consciente de mi fragilidad y la muestro cuando dialogo con otros? ¿Se escuchar guardando silencio y tratando de entender los argumentos de los demás, o soy de los que interrumpo creyendo que ya se lo que me van a decir? ¿Soy capaz de apuntar a Dios como la verdadera fuente de sabiduría, o mis argumentos me apuntan a mi como un sabio?

En un mundo tan lleno de rupturas sociales, dialogar correctamente es una virtud a considerar. Por otro lado, ante una cultura religiosa basada en plataformas y monopolización de discursos, reconocer los puntos que trata Elihú puede ayudarnos a técnicas pedagógicas colectivas desde actitudes que manifiesten una profunda espiritualidad desde la humildad y la búsqueda de ver a Dios y no a nosotros mismos.

¿Hay puntos que podemos aplicar en medio de las reuniones participativas en la comunidad cristiana?




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