viernes, 12 de enero de 2018

EL RIESGO QUE TRAE VIDA (JUAN 11-12)

En una atmósfera donde el Maestro está amenazado de muerte, fallece su amigo Lázaro de la región de Judea y él no acude inmediatamente tras la noticia. No cabe duda que acercarse a la zona implica un riesgo importante:

"—Rabí, hace solo unos días, la gente de Judea trató de apedrearte. ¿Irás allí de nuevo?" (11:8b)

Sin embargo Jesús toma el riesgo y al hacerlo resucita a su amigo Lázaro a pesar de que ya llevaba cuatro días en el sepulcro, dando evidencia de que él es realmente la resurrección y la vida:

"—Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto. Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá. ¿Lo crees, Marta?" (11:25b-26)

La resurrección de Lázaro crea no poco revuelo y parece que llega a ser "la gota que colmó el vaso"; los principales sacerdotes y fariseos convocan un concilio donde deciden que lo mejor es matar a Jesús:

"Así que, a partir de ese momento, los líderes judíos comenzaron a conspirar para matar a Jesús." (11:53)

En el capítulo doce nos encontramos con la escena en la que María, hermana de Lázaro, unge los pies del Maestro y después con el momento de la entrada triunfal en Jerusalén montado en un pollino, iniciándose así los capítulos que narran la pasión de Cristo. Estos dos capítulos nos muestran por tanto la decisión de Jesús de hacer un viaje que suponía su muerte pero que traería resurrección y vida a su amigo en la tumba. Sin embargo, la resurrección de Lázaro es también un atisbo de lo que un día pasará con todos aquellos que ponen la confianza en aquel que es la resurrección y la vida. Jesús ha tomado el riesgo necesario para salvarnos, somos sus amigos.

Las palabras del Maestro nos dejan ver la estrategia del Reino de Dios para restaurar un mundo roto, sin embargo, aunque la vida y la resurrección dependen solo de la obra de Cristo, hay un principio en el ejemplo de nuestro Maestro que no deberíamos pasar por alto:

"Les digo la verdad, el grano de trigo, a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo. Sin embargo, su muerte producirá muchos granos nuevos, una abundante cosecha de nuevas vidas. Los que aman su vida en este mundo la perderán. Los que no le dan importancia a su vida en este mundo la conservarán por toda la eternidad." (12:24-25)

Leo este pasaje en invierno, donde todavía contemplamos las muchas hojas que han muerto y caído al suelo, donde muchos árboles han perdido su colorido y se han convertido en solo ramas con un aspecto de muerte. Sin embargo, todas las hojas y frutos muertos en la tierra cumplirán una importante labor junto con el agua que les riega en esta época, en realidad están siendo un importante abono que abrirá paso a la primavera, la estación en la que muchos árboles y flores reverdecerán y darán lugar a una explosión de vida.

Las palabras del Maestro y el ciclo de las estaciones coinciden con enseñarnos que la muerte es necesaria para la vida, y esto me hace pensar en que cuando me siento más vivo es cuando muero a deseos que me oprimen, cuando muero al egoísmo que me impide ayudar a otros y verles sonreír.

La vida eterna que Jesús me ofrece parte primeramente de su propia muerte, y gracias a esta muerte y resurrección es que nosotros tenemos el poder para morir a aquello que en realidad debe morir para que brote la vida que este mundo tanto necesita.

Jesús se arriesgó a ir a Jerusalén, y esto permitió la resurrección de Lázaro y que muchos creyeran, ¿qué riesgo me está pidiendo el Maestro que tome?

¿Qué es lo que debe morir en mí para dar paso a la vida que Jesús me ofrece?




0 comentarios:

Publicar un comentario