lunes, 22 de enero de 2018

Tras el lavamiento de los pies de los discípulos, sigo encontrándome en los capítulos del libro de Juan donde el autor nos señala las últimas palabras del Maestro a sus discípulos antes de su muerte y resurrección, este discurso finalizará con una oración de Jesús.

Al menos hay cinco cosas que me parecen claves destacar en el discurso del Maestro:

1º) Jesús les dice que se irá, pero que no les dejará huérfanos, pues su ida dará lugar a la venida del Espíritu Santo, también conocido como "el Consejero". Jesús, como persona humana, solo pudo estar en un lugar al mismo tiempo, sin embargo, ahora el Espíritu Santo, estará con cada seguidor de Jesús todo el tiempo, con un ministerio de acompañamiento constante:

"Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho." (14:25-26)

2º) El Espíritu Santo nos unirá a la comunión maravillosa que hay entre el Padre y el Hijo, y de la que Jesús habla una y otra vez en este pasaje. Es decir, el Espíritu Santo es la amorosa presencia de Dios que nos hará partícipe del amor de Dios:

"No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él." (14:18-21)

3º) Así como un pámpano ha de estar unido a la vid para dar fruto, los discípulos de Jesús hemos de estar unidos a Jesús para dar el fruto del amor de Dios:

"Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer" (15:4-5)

4º) El Maestro les dice que el Espíritu Santo nos capacitará con poder para amar a su estilo; con actos de amor extremos y también para dar testimonio de Él, quien nos ofrece la posibilidad de una nueva manera de vivir en el mundo:

"Éste es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos." (15:12-13)

"Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio." (15:26-27)

5º) Sin embargo, la vida que el Espíritu Santo nos ofrece, no está exenta de dificultades y oposición, Jesús nos recuerda que como Él fue rechazado, también nosotros seremos rechazados, pero que no debemos temer porque Él ha vencido al mundo:

"Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí." (16:2-3)

"Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." (16:33)

Tras un discurso donde estos cinco aspectos resaltan en varios versos, Jesús ora por la unidad de sus discípulos y llama mi atención que no solo ora por ellos sino por los que han de creer por el testimonio de ellos (17:20), lo cual me hace pensar en todos aquellos a los que nos ha llegado el testimonio apostólico y hemos creído en Jesús.

Esta oración de Jesús también revela un aspecto importante que no debería pasar desapercibido para nosotros y que nos da una idea de lo que Jesús espera y no espera de sus seguidores:

"No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo." (17:15-18)

El que Jesús no quiera que Dios nos quite del mundo, debería hacernos pensar en que nuestra tendencia a crear burbujas religiosas que nos aíslan del mundo y no nos ayudan a ser parte del tejido social que nos rodea, no es la voluntad de Dios. Parece que el Espíritu Santo no es enviado para aislarnos del mundo, sino para guardarnos del mal y ayudarnos a vivir en la verdad en medio de un mundo de mentiras.

Es más, Jesús señala que envía a sus discípulos al mundo de la misma manera que el Padre le ha enviado a Él, lo cual me hace recordar que ser enviado como Jesús implica:

Presencia: Así como Jesús se hizo presente en medio de nuestra realidad rota, somos enviados a hacernos presente en la realidad rota de otros.

Proximidad: Así como Jesús al hacerse presente también se identificó con nuestra realidad rota (llegó hasta a identificarse con nuestros pecados siendo bautizado por Juan), nosotros somos enviados a identificarnos con la realidad rota de nuestro prójimo.

Pasión: Así como Jesús dedicó su tiempo para atender a los necesitados, entregando así su vida hasta el punto de morir por nosotros para salvarnos, somos llamados a entregar nuestro tiempo y vidas por el bien de otros, mostrando así en que medida seguimos los pasos de nuestro Maestro, quien también nos salvó del que nos mantiene con los brazos cruzados ante la realidad de un mundo roto.

Proclamación: Así como Jesús proclamó las buenas noticias del Reino de que Dios es accesible, nosotros somos llamados a proclamar estas mismas buenas noticias a las que llamaos evangelio.

Por cierto, es la presencia, proximidad y pasión, lo que dio un contexto de credibilidad a la proclamación de Jesús y sospecho que es así también con nosotros.  Aunque a veces la iglesia piensa que su misión es solo la proclamación, razón de más para perder nuestro contexto de credibilidad, sobre todo, para un mundo que necesita no solo escuchar, sino tocar y oler para entender. Menos mal, que para ser enviado al mundo como el Padre envió a Jesús, el Maestro nos da el Espíritu Santo, que al fin y al cabo lo hemos recibido para que la vida de Cristo sea reproducida en nosotros y a través de nosotros a este mundo roto.



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