miércoles, 3 de enero de 2018

Me adentro en el capítulo dos del evangelio de Juan, donde comienza una interesante estructura que estará presente hasta el capítulo doce. A lo largo de esta porción encontramos a Jesús realizando señales y/o declaraciones que no dejarán indiferente a sus observadores, de hecho ante tales señales y declaraciones nos encontraremos con personas que decidirán creer en él y también quienes se enojarán y escandalizarán.

Desde el capítulo dos al cuatro, Juan nos narra el encuentro de Jesús en medio de cuatro instituciones importantes para la cultura: Una boda, el templo, un maestro de la ley y una mujer Samaritana. La manera en la que Jesús se relaciona con tales instituciones nos va a mostrar como estos sistemas nos señalan a él mismo, como la expresión auténtica de lo que representan.

En el capítulo dos, que es donde me adentro hoy, lo primero que se nos narra es como Jesús se encuentra con sus discípulos y su madre en una boda donde se agota el vino y acaba usando las vasijas de agua que se usaban para la purificación para hacer el milagro de convertir el agua en vino. Juan identifica esto como la primera señal que reveló su gloria:

"Esta señal milagrosa en Caná de Galilea marcó la primera vez que Jesús reveló su gloria. Y sus discípulos creyeron en él." (2:11)

Lo cuál nos lleva a pensar en al menos dos puntos:

- El vino para los seguidores de Jesús es un símbolo de su sangre, que nos limpia de toda maldad. Es decir, si bien estas vasijas se usaban para ritos de purificación, es solo en Jesús y gracias a su sangre, que obtenemos la limpieza de nuestro pecado.

- Por otro lado el gesto de Jesús en una fiesta, nos recuerda las palabras de Isaias:

"Y el Señor de los ejércitos preparará en este monte para todos los pueblos un banquete de manjares suculentos, un banquete de vino añejo, pedazos escogidos con tuétano, y vino añejo refinado." (Isaías 25:6)

Esto nos habla del carácter generoso del Reino de Dios, que viene a proveer celebración y deleite. Esta señal nos hace pensar en como la fiesta y el placer, es tomado por Jesús como una ocasión de mostrar su gloria. Para el Maestro, el deleite de la boda fue considerado un momento sagrado, lo cual me hace pensar ¿considero el placer y la fiesta como un don que Dios me da? Tristemente, a veces caemos en una religiosidad que tratando de huir de los excesos de este mundo, acaba cayendo en una cultura incapaz de redimir el placer que Dios desea para su pueblo.

Lo segundo que nos ofrece el capítulo dos es la purificación del templo volcando las mesas de los mercaderes. Muchos de los presentes cuestionan la autoridad de Jesús para hacer semejante acto y le piden una señal, a lo que Jesús contesta:

"Destruyan este templo y en tres días lo levantaré." (2:19b)

Si la boda nos señalaba la generosidad y deleite en el reino de Dios (que viene en parte por la limpieza que solo Jesús puede ofrecernos), ahora el templo nos señala al mismo Jesús, pues él, al hablar del templo se refería a su cuerpo:

"Pero cuando Jesús dijo «este templo», se refería a su propio cuerpo." (2:21)

 Al morir uniría la tierra y el cielo y daría lugar a una asombrosa resurrección. Dice Juan:

"Después que resucitó de los muertos, sus discípulos recordaron que había dicho esto y creyeron en las Escrituras y también en lo que Jesús había dicho." (2:22)

Las señales de Jesús, tienen por tanto el propósito de manifestar su gloria y permitir que muchos accedan a la fe. ¿Cómo debería afectar las obras de Jesús entre nosotros en estos días?

No quiero acabar esta reflexión sin señalar la intervención de María, la madre de Jesús, en la boda, pues creo que nos da unas claves importantes para determinar la presencia o ausencia de señales entre nosotros en el presente. Dice el texto:

"Durante la celebración, se acabó el vino, entonces la madre de Jesús le dijo: —Se quedaron sin vino. —Apreciada mujer, ese no es nuestro problema —respondió Jesús—. Todavía no ha llegado mi momento. Sin embargo, su madre les dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga»." (2:3-5)

Es decir, María detectó la necesidad en el entorno, y eso me lleva a preguntarme: ¿Cuál es la necesidad que detecto en mi entorno en estos momentos?

Después María ante la necesidad invita a hacer lo que Jesús diga: ¿Qué me está diciendo Jesús ante las necesidades que me rodean?

Detectar la necesidad y obedecer a Jesús, son dos características de un discípulo, y dos buenas razones para seguir viendo, o no, las señales del Maestro en nuestro entorno. Lo creamos o no, Jesús sigue llenando la tierra de su gloría y sigue escandalizando a unos y proveyendo fe a otros. La cuestión es si mi relación con Jesús me lleva allí donde él actúa.



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