domingo, 11 de febrero de 2018


Comienzo mi reflexión en el libro profético de Malaquías. El contexto se relaciona con la situación de Israel pasados cien años tras la vuelta del exilio en Babilonia. Recordemos que los Israelitas volvieron del cautiverio bajo la esperanza profética de una nueva Jerusalén. Sin embargo, el tiempo del exilio parece que no ha cambiado el corazón del pueblo. Malaquías escribe a una sociedad alejada de Dios que sufre los efectos de su rebeldía a través de pobreza, corrupción e injusticia.

El diseño del libro de Malaquías nos ofrece una serie de seis discusiones entre Dios y el pueblo. Dios habla, el pueblo replica y finalmente el Señor les ofrece una conclusión. 

Me adentro en la primera discusión donde Dios les dice:

"«Yo siempre los he amado»" (1:2a)

Sin embargo, el pueblo manifiesta duda ante dicho amor, en un tono desafiante, no se cortan al preguntar:

 "«¿De veras? ¿Cómo nos has amado?»." (1:2b)

El amor de Dios es el cimiento de nuestra fe, de ahí que el gran problema del ser humano es nuestra necesidad de sentirnos amados. El amor de Dios supone la esencia de lo que realmente necesitamos, de lo que realmente nos sana y nos libera. 

Cuando no recibimos el amor de Dios es normal que vivamos tratando de agradar a quienes nos rodean con el fin de sentirnos bien, de manera que sus respuestas suponen un importante elemento para nuestro estado de ánimo. También es normal que busquemos llamar la atención de diferentes formas: monopolizando nuestros momentos sociales, señalando nuestros logros o incluso tratando de señalar lo mal que otros lo hacen con el fin de que nosotros brillemos. Cuando estamos necesitados de amor, aun nuestras buenas acciones hacía otros, pueden ser motivadas por motivaciones egoístas y no altruista. 

Malaquías se escribe para un pueblo que está viviendo sin tener en cuenta a Dios, de ahí que la primera afirmación de la obra saca a relucir el verdadero problema de fondo: ¿Cómo que nos amas?, ¿De verdad?

Dios les recuerda como escogió a Jacob y como este fue bendecido y tuvo una experiencia muy diferente a Esaú (1:3-5). Sin embargo, el pueblo ha olvidado este ejemplo que manifiesta un amor incondicional hacía ellos. 

En este día Dios trae a nuestra vida una afirmación poderosa y necesaria: "yo os amo"

¿Me siento amado por Dios? ¿Creo realmente que Dios me ama?

Tenemos el tremendo privilegio de vivir en el momento histórico en el que Jesús ha venido ha mostrarnos el amor del Padre a través de la encarnación y la entrega. Dios se ha acercado a nosotros, no ha mirado hacía otro lado ante nuestras desdichas y ha estado dispuesto a entregar su vida en una cruz para abrir el camino de nuestra restauración.

"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos." (Juan 15:13)

¿Cuál es mi respuesta cuando Dios me dice y me demuestra que me ama?
¿De que maneras prácticas el Espíritu Santo trae del amor de Dios a nuestras vidas? 
¿Cómo debería afectar el amor de Dios a mi manera de relacionarme con los demás?

"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro." Romanos 8:38-39

"Señor, necesito de tu amor, quita todo lo que me estorba para darme cuenta de cuanto me amas. Lléname Espíritu Santo del amor de Dios, de ese amor que me sana, me libera y me enfoca en amar a los demás correctamente"

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