lunes, 26 de febrero de 2018

En la sexta discusión Dios le dice al pueblo que se han apartado de sus leyes y que se vuelva a Él, y el pueblo pregunta en qué debe volverse:

"Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?" (3:7b)

Entonces Dios saca a relucir una actitud de egoísmo que en este caso, se manifiesta en no cumplir con los diezmos y ofrendas que permitían el mantenimiento del templo y los sacerdotes.

¿Quién no ha escuchado este pasaje en medio de las reuniones de alguna comunidad cristiana para tratar de paliar los gastos económicos de la estructura que dicha comunidad ha creado? No es difícil escuchar en algunos círculos cristianos ,el reproche de que estamos robando a Dios cuando no practicamos el diezmo y la ofrenda:

"¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas." (3:8)

No solo esto, sino que a la vez se invita a los miembros a diezmar y ofrendar como medio para recibir bendición:

"Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde." (3:10)

Es así como el diezmo moderno, se ha convertido en un medio de enriquecimiento o empobrecimiento: diezma y/o ofrenda y serás bendecido, no lo hagas y serás privado de bendición.

Quizás lo triste, es que gran cantidad de cristianos, no han tomado el tiempo y la seriedad suficiente para comprobar que el sistema de diezmos y ofrendas que encontramos en la Torah y así mismo el que practicó de manera esporádica y puntual Abraham, nada tiene que ver con una ley que es impuesta para la iglesia de hoy.

Es interesante que cuando uno estudia como ha llegado a nosotros las enseñanzas modernas acerca de los diezmos y ofrendas, tiene que ver su origen en la institucionalización del cristianismo, siendo a partir de Constantino, donde dichas enseñanzas y prácticas empiezan a tomar fuerza hasta verse consolidadas en el siglo VIII. Todo tiene mucho sentido práctico, debido a que si la iglesia decide hacer uso de edificios y/o profesionales religiosos siguiendo el ejemplo de las religiones legales de su época o del Antiguo Pacto, necesitará de ingresos fijos para mantener dichas estructuras.

El problema, desde mi opinión, no es que una comunidad decida libremente hacer uso de un edificio o de tener miembros liberados para ciertas funciones, ni siquiera que busquen una manera práctica de sostenerlos, sino que para ello, use pasajes del Antiguo Testamento totalmente descontextualizados, o desvirtúe los pasajes del Nuevo Testamento, que hacen referencia a como la iglesia se organizaba en ocasiones concretas para paliar las necesidades de sus hermanos más pobres o apoyar a quienes viajaban para llevar a cabo funciones apostólicas (Ayudando a otros creyentes: Hechos 6:1-7; 11:27-30; 24:17; Romanos 15:25-28; 1 Corintios 16:1-4; 2 Corintios 8:1-15; 9:1-12; 1 Tim 5:3-16. Apoyar a los plantadores de congregaciones: Hechos 15:3; Romanos 15:23-24; 1 Cor. 9:1-14; 16:5-11; 2 Cor. 1:16; Fil. 4:14-18; Tito 3:13-14; 3 Juan 5-8.) 

Frank Viola y George Barna, en su obra "Paganismo En Tu Cristianismo" concluyen en un capítulo dedicado al diezmo: "Aunque el diezmo es bíblico, no es cristiano. Jesucristo no lo afirmó. Los cristianos del primer siglo no lo observaron. Y, por unos 300 años, el pueblo de Dios no lo practicaba. ¡Diezmar no fue una práctica aceptada a gran escala entre los cristianos hasta el octavo siglo!"

Al acercarnos a un pasaje bíblico, hemos de ser capaces de distinguir lo que son métodos de principios. Los métodos, son la manera concreta de aplicar un principio, y esto varía según el tiempo, la cultura etc. Sin embargo, los principios universales no dependen del tiempo ni del lugar. Digo esto, porque creo que podemos encontrar principios universales en el pasaje que me ocupa, y no me gustaría que lo dicho hasta ahora nos llevara a perderlos de vista. Por ejemplo:

Soy parte de una comunidad cristiana que no tenemos al día de hoy ni edificio ni personal asalariado para cumplir ciertas funciones. Nuestra manera de entender la iglesia no nos hace depender de la economía como sustento de estructuras eclesiales básicas. Esto, entre otras cosas,  es una respuesta ante la realidad de haber visto en medio de la reciente crisis económica en España, desaparecer comunidades cristianas por la incapacidad de mantener edificios o asalariados, aunque yo creo que en realidad se trata de una incapacidad para experimentar la iglesia desde sus aspectos más fundamentales. Ahora bien, en nuestra comunidad cristiana entendemos la conversión como una actitud de rendición constante a Dios, lo cual significa que nuestras familias, nuestros trabajos y/o estudios, nuestros vecindarios, nuestro ocio, nuestra sexualidad y las diferentes etapas de la vida han de estar rendidas a Dios... lo que he dicho hasta ahora afecta por supuesto nuestra economía, a nuestros bolsillos también les toca rendirse a Dios, y deben estar rendidos las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana, aun cuando no creemos que los diezmos y ofrendas deben entenderse como dogma para la iglesia. Si quien lee esto cree que los diezmos y ofrendas están instituidos biblicamente para la iglesia de hoy, seguro que también está de acuerdo con lo que acabo de decir y supongo de que no hay dudas en el principio de que nuestra economía debe estar 100% rendida a Dios, como cada aspecto de nuestra vida.

La pregunta para mi a la luz de este pasaje es clara, ¿está el uso de mis finanzas rendido a Dios? Creer o no creer que el diezmo es una práctica instituida para la iglesia, ni siquiera diezmar y ofrendar hoy, garantizan que nuestra economía esté 100% rendida a Dios ¿Qué significa usar la economía bajo la guía del Espíritu Santo?

Estoy convencido de que un uso correcto de nuestra economía, nos llevará a prácticas espirituales que implicarán dar con generosidad, confiar a Dios como nuestro fiel sustentador y usar nuestros recursos para mostrar justicia, misericordia y compasión en medio de un mundo roto, este es el principio que no debemos olvidar y que nos debe unir a todos los cristianos (independientemente de que estemos o no de acuerdo con ciertas interpretaciones).



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