viernes, 16 de febrero de 2018

En la segunda discusión del libro de Malaquías, Dios expone a través del profeta la manera en la que el pueblo se está manejando en el segundo templo de Israel. Nos encontramos con con una acusación de despreciar y aun profanar el templo:

"El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos." (1:6-8)

No solo los que vienen a ofrecer sacrificios, sino aun los sacerdotes, que les toca dirigir la labor del Templo, participan en una manera corrupta de culto. No asumir en serio sus responsabilidades, no corregir la actitud del pueblo a la hora de ofrecer sacrificios no aptos, solo consigue que la corrupción se instaure:

"Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos. Mas vosotros os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos."(2:7-8)

Nuestro contexto actual según la Biblia (tristemente no según algunas tradiciones cristianas), es que no existe ya una posición de sacerdotes y no sacerdotes entre el pueblo de Dios. En el nuevo pacto, todos somos hechos parte de un real sacerdocio:

"Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios , a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;" (1ª Pedro 2:9)

Los reformadores apuntaron al sacerdocio universal de todos los cristianos en una época de mucho liderazgo jerárquico y privilegiado, sin embargo, en la práctica, algunos solo han cambiado el nombre de sacerdotes por el de pastores. No obstante, si es la Biblia y no nuestras tradiciones quienes deben determinar las responsabilidades y funciones del pueblo de Dios hoy, solo podemos hablar de una iglesia en la que cada miembro es un sacerdote, perfectamente capacitado para acceder al Padre gracias a la obra de Cristo, nuestro único mediador, y por tanto, en perfecto estado para operar dentro de las reuniones de iglesia al estilo Nuevo Testamentario, donde en vez de monopolizarse el tiempo de reunión a través de cargos y posiciones profesionales, todo el cuerpo bien concertado ante una misma y sola cabeza recibe parte de la revelación de Cristo: "uno tiene... otro tiene..." (1ª Corintios 14:26-40) y así Cristo es manifestado.

Lo dicho anteriormente nos hace pensar en que el principio universal de aplicación del pasaje de hoy, es para cada miembro del cuerpo dentro de su función sacerdotal, que en este caso, nada tiene que ver con ofrecer sacrificios, pues Cristo es nuestro completo sacrificio, pero si con responsabilizarnos de ofrecer a Dios una vida que refleje su gloria.

El pasaje me parece muy relevante, sobre todo en medio de un contexto donde la fe se ha reducido a algo meramente mental, es decir, aceptar las verdades a nivel intelectual parece que es todo lo que el cristiano está llamado a hacer. Esta fe que es meramente mental, nos puede dar una cabeza llena de verdades, pero un cuerpo incapaz de obedecer lo que Dios nos pide.

En el texto de Malaquías de hoy, la manera en la que el pueblo presentaba los sacrificios, manifestaba un problema más interno, la desmotivación y apatía por buscar agradar a Dios.

Como sacerdotes del nuevo pacto, somos llamados a una espiritualidad integral, donde el Señor nuestro Dios, es Señor de todo (Deuteronomio 6:4) y por lo tanto, nuestro manejo en medio de la familia, trabajo, descanso etc. debe llevarse a cabo desde las motivaciones y actitudes correctas delante de Dios, no solo nuestro tiempo devocional o de reuniones comunitarias, sino cada aspecto de nuestra vida cotidiana debe ser rendido y ofrecido a Dios como un acto de adoración:

 "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;" (Colosenses 3:23)

La pregunta hoy es: La manera en la que estoy trabajando, manejándome en medio de mi hogar y respondiendo a las necesidades y retos ¿Manifiestan mi deseo de honrar a Dios?



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