martes, 20 de febrero de 2018

En la tercera discusión, nos encontramos con Dios acusando a los Israelitas de ser desleal con él y sus propias esposas. Como viene siendo habitual en estas confrontaciones, el pueblo lo niega:

Dios les aclara que están involucrados en dos asuntos que parece que se relacionan entre sí, por un lado la idolatría, y por otro el divorcio con el fin de tomar esposas que no tienen en cuenta a Dios en sus vidas. Parece que había hombres que abandonaban a sus esposas y luego se casaban con mujeres no israelitas y acababan realizando en su propio hogar los cultos paganos de donde estas mujeres eran. Parece que esta situación estaba dando lugar a la moda de continuos divorcios sin buenas razones, lo cual acababa en un avance de la adoración pagana.

"Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño" (2:11)

"Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto." (2:14)

Todo ello me hace pensar en como afecta mi relación con Dios a mi relación con mi pareja y viceversa.

La religión, suele proponernos una lista de pecados, donde no es raro que algunas propuestas sean cuestionables, sin embargo, la esencia del pecado es un acto de rebelión hacía a Dios. En base a la historia de Adán y Eva en Génesis, el pecado es la actitud en la que decimos: "Dios, no te necesito, yo decido lo que está bien y lo que está mal, independientemente de lo que tu has dicho".

El pecado, en su esencia, trae al menos cuatro consecuencias: una ruptura con Dios (el ser humano se esconde de Dios), una ruptura interna (siente miedo, vergüenza, culpabilidad), una ruptura con el prójimo (la mujer que me diste...) y una ruptura con el entorno (maldita será la tierra por tu culpa).

En este texto de Malaquías, vemos un ejemplo de como se relacionan algunas de estas rupturas, concretamente con Dios y con nuestro prójimo.

Reconocer que estamos rotos y que estamos en un proceso de restauración, es clave para interpretar correctamente lo que sentimos y deseamos. No ser consciente de lo que es el pecado y sus consecuencias,  nos facilita mantenernos en rebelión ante Dios y contribuir a las rupturas en este mundo.

No tengo dudas de que hay situaciones donde lo más saludable es romper con relaciones que solo son tóxicas, dañinas y/o violentas, sin embargo, tampoco podemos obviar las corrientes sociales que nos animan a evitar el camino de madurez que se lleva a cabo con respuestas correctas en medio de las crisis.

El crecimiento nos lleva cambios importantes en nuestros cuerpos, a menudo esos cambios implican desórdenes hormonales que afectan nuestros cuerpos y nuestros estados de ánimo. Acompañar a un adolescente, por ejemplo, implica ayudarle a responder correctamente en un momento de tormenta cerebral.

Las relaciones en parejas también pasan por momentos de crecimiento que implican tensión y crisis. Cuando nos comprometemos a responder adecuadamente ante estas crisis, el resultado será muy beneficioso para nosotros y los que estén en nuestro círculo de influencia. Sin embargo, cabe la posibilidad de que alguno tire la toalla sin causa justificada e influenciado por una cultura hedonista, egoista e inmoral. El consejo del profeta es muy pertinente, en medio de la sociedad del siglo XXI donde se nos invita y bombardea constantemente a un individualismo egoísta en nombre de una falsa libertad.

"Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales." (2:15b-16)

¿Cómo mi caminar con Dios afecta las relaciones con mi pareja? ¿Tengo un espacio donde puedo hablar abiertamente de mis tentaciones a la inmoralidad e infidelidad sin sentirme juzgado? ¿Qué prácticas espirituales individuales y colectivas contribuyen a una mejor relación con Dios y con mi pareja?



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