miércoles, 28 de marzo de 2018

¿ABANDONADO? (2ª TIMOTEO 4)

Llego al final de la segunda carta de Pablo a Timoteo, uno de los escritos más personales del apóstol, donde el mismo espera su muerte en breve:

"En cuanto a mí, mi vida ya fue derramada como una ofrenda a Dios. Se acerca el tiempo de mi muerte." (4:6)

El ministerio de Pablo no estuvo falto de riesgos, adversidades y sufrimiento. Ahora está arrestado y desea que Timoteo le traiga antes de que llegue el invierno su abrigo entre otras pertenencias, probablemente porque no quiere morirse de frío durante el tiempo que va a ser custodiado:

"Cuando vengas, no te olvides de traer el abrigo que dejé con Carpo en Troas. Tráeme también mis libros y especialmente mis pergaminos." (4:13)

"Haz todo lo posible por llegar aquí antes del invierno." (4:21a)

En medio de estos momentos difíciles, Pablo ha experimentado como muchos le han abandonado en medio de sus dificultades:

"La primera vez que fui llevado ante el juez, nadie me acompañó. Todos me abandonaron; que no se lo tomen en cuenta." (4:16)

La vida de Pablo nos recuerda que la vida cristiana no significa la ausencia de adversidad. Muchas veces, el seguir a Jesús nos trae serias complicaciones, se trata de ir contra la corriente de este mundo. Sin embargo, hay algo muy real y significativo que los seguidores de Jesús experimentan en medio de las dificultades y sufrimiento, Pablo lo expresa así:

"Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas, a fin de que yo pudiera predicar la Buena Noticia en toda su plenitud, para que todos los gentiles la oyeran. Y él me libró de una muerte segura. Así es, y el Señor me librará de todo ataque maligno y me llevará a salvo a su reino celestial. ¡A Dios sea toda la gloria por siempre y para siempre! Amén." (4:17-18)

Es decir, aunque seguir a Jesús no es sinónimo de la ausencia de dificultades, sufrimiento, tensiones y riesgos, si podemos decir que el cristiano no los afronta solo.

A veces, son los momentos más difíciles donde la presencia de Dios se hace especialmente real para nosotros y comprobamos que su promesa es fiel:

"...y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo." (Mateo 28:20b)

¿Somos consciente de que la presencia de Dios no nos abandona? ¿Cómo podemos tomar mayor consciencia de que Dios nos acompaña en todo momento?



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