jueves, 8 de marzo de 2018

NO PERDIENDO EL NORTE (1ª TIMOTEO 1)

Me adentro en la primera carta del apóstol Pablo a Timoteo, uno de sus colaboradores pastorales, a quien Pablo ha enviado a Éfeso para que restaure el propósito en la iglesia de dicha ciudad, debido a que falsas enseñanzas están desenfocándolos del camino de Jesús. El escrito Paulino contiene instrucciones muy prácticas para ayudar a la iglesia a salir del desorden presente:

"No dejes que pierdan el tiempo en debates interminables sobre mitos y linajes espirituales. Esto solo conduce a especulaciones sin sentido alguno, que generan especulaciones. que no ayudan a que la gente lleve una vida de fe en Dios." (1:4)

El primer capítulo me hace pensar en la necesidad de revisar constantemente nuestras creencias, pues al leer la carta completa, uno percibe como nuestra teología acaba determinando nuestras conductas y nuestra vida comunitaria. Revisar nuestras creencias a la luz del evangelio y la vida de Cristo, es un ejercicio para los que han entendido que no somos infalibles en aquello que enseñamos.

Hay un propósito claro y definido en Pablo a la hora de dar sus instrucciones a Timoteo:

"El propósito de mi instrucción es que todos los creyentes sean llenos del amor que brota de un corazón puro, de una conciencia limpia y de una fe sincera;" (1:5)

Ese debería ser también el propósito de nuestras revisiones teológicas y de nuestra autocrítica a nivel comunitario. Por supuesto, dicha revisión será vista como innecesaria si pensamos que nosotros estamos en lo correcto 100% y los demás son los que deberían hacer ajustes.

Me encanta que Pablo comienza poniendo las cosas en su sitio, dice que la ley de Moisés es para mostrarnos nuestra condición caída como seres humano, y que esta ley no está tomando el lugar que le corresponde si no lleva nuestra mirada a Cristo:

"Nosotros sabemos que la ley es buena cuando se usa correctamente. Pues la ley no fue diseñada para la gente que hace lo correcto. Es para los transgresores y rebeldes, para los desobedientes a Dios y los pecadores, para quienes no consideran nada sagrado y que profanan lo que es santo, para quienes matan a su padre o a su madre, o cometen otros homicidios." (1:8-9)

"...a pesar de que yo antes blasfemaba el nombre de Cristo. En mi insolencia, yo perseguía a su pueblo; pero Dios tuvo misericordia de mí, porque lo hacía por ignorancia y porque era un incrédulo. ¡Oh, qué tan generoso y lleno de gracia fue el Señor! Me llenó de la fe y del amor que provienen de Cristo Jesús." (1:13-14)

La pregunta para mi hoy es: ¿Estoy divagando en medio de doctrinas especuladoras? ¿Cómo afecta a mi manera de pensar y vivir el recordar que estoy perdido sin Cristo?

Revisar mis creencias actuales frente a la realidad de mi necesidad y de la salvación de Jesús, debería ser un ejercicio regular en mi vida, pues reconozco que es fácil perder el norte. El pasaje de hoy me lo recuerda:

"La siguiente declaración es digna de confianza, y todos deberían aceptarla: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores», de los cuales yo soy el peor de todos. Pero Dios tuvo misericordia de mí, para que Cristo Jesús me usara como principal ejemplo de su gran paciencia aun con los peores pecadores. De esa manera, otros se darán cuenta de que también pueden creer en él y recibir la vida eterna. ¡Que todo el honor y toda la gloria sean para Dios por siempre y para siempre! Él es el Rey eterno, el invisible que nunca muere; solamente él es Dios. Amén." (1:15-17)

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