viernes, 9 de marzo de 2018

¿QUE LAS MUJERES CALLEN? (1ª TIMOTEO 2)

En una ocasión el apóstol Pedro habló de ciertos asuntos difíciles en las cartas de su compañero Pablo:

"Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición." (2ª Pedro 2:15-16)

Creo que el capítulo dos de 1ª de Timoteo es una de estas cosas difíciles de entender y por tanto dadas a ser torcidas. Sobre todo cuando leemos traducciones en plural del texto:

"Las mujeres deben aprender en silencio y sumisión. Yo no les permito a las mujeres que les enseñen a los hombres ni que tengan autoridad sobre ellos, sino que escuchen en silencio." (2:11-12)

Me adentro en este capítulo un día después del 8 de marzo, día de la mujer, lo cual ha constituido en mi país una importante movilización social, para reinvidicar la necesidad de que las mujeres sean tratadas con dignidad e igualdad, en medio de una sociedad que aun deja patente la mochila machista que nos fue entregada.

Es por ello, que como cristiano, me pregunte ante el pasaje de hoy: ¿Está Pablo prohibiendo a las mujeres que hablen en la iglesia? ¿Está limitando ciertas funciones a los hombres y excluyendo a las mujeres?

Hay mucho contexto que no se debe ignorar a la hora de enfrentar el pasaje de hoy, por ejemplo, Pablo se está dirigiendo a una iglesia fundada por una mujer llamada Priscila, que junto con su marido pasó mucho tiempo corrigiendo errores (Hechos 18:26). Tampoco debemos ignorar que Éfeso era la ciudad de la enorme y dorada imagen de Artemisa (Diana para los Romanos) diosa de la fertilidad y base de cultos paganos consistente en orgías en templos donde participaban prostitutas religiosas que no pasaban desapercibidas para los visitantes.

Dicho esto, el capítulo empieza con una idea central y clara:

"En primer lugar, te ruego que ores por todos los seres humanos. Pídele a Dios que los ayude; intercede en su favor, y da gracias por ellos." (2:1)

"Esto es bueno y le agrada a Dios nuestro Salvador, quien quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad. Pues, hay un Dios y un Mediador que puede reconciliar a la humanidad con Dios, y es el hombre Cristo Jesús. Él dio su vida para comprarles la libertad a todos.
Este es el mensaje que Dios le dio al mundo justo en el momento preciso." (2:3-6)

Aquí no hay dudas de la centralidad que Pablo da a Jesús como único mediador y a la salvación de Dios para la humanidad como objetivo de su obra en medio de una iglesia en problemas y en un entorno hostil. La oración, nos une al corazón de Dios y nos coloca en el lugar correcto, justo lo que la iglesia en Éfeso y también nosotros, necesitamos.

Pero ahora hay unas instrucciones muy específicas para el problema en si. Parece que los hombres de la iglesia se habían involucrado en discusiones que no llevaban a ningún lado, y es por ello que Pablo dice:

"Deseo que en cada lugar de adoración los hombres oren con manos santas, levantadas a Dios, y libres de enojo y controversia." (2:8)

Parece que las mujeres adineradas en la comunidad, habían convertido el tiempo de reunión de la iglesia en un pase de modelo, donde trataban de alardear de sus joyas y caros vestidos ante las demás, ante ello Pablo dice:

"Y quiero que las mujeres se vistan de una manera modesta. Deberían llevar ropa decente y apropiada y no llamar la atención con la manera en que se arreglan el cabello ni con accesorios de oro ni con perlas ni ropa costosa. Pues las mujeres que pretenden ser dedicadas a Dios deberían hacerse atractivas por las cosas buenas que hacen." (2:9-10)

Muchos eruditos del griego, nos dicen que en el original, la traducción podría entenderse como la manera en la que los hombres y mujeres en la iglesia de Éfeso deberían dedicarse a la oración: los hombres deben orar sin controversias y disputas absurdas y las mujeres deben orar sin esa búsqueda de alardear de sus posesiones e imagen. Pablo está invitando a la comunidad a desarraigarse de aquellas prácticas y actitudes que les estorba a encontrarse ante Dios de una manera correcta. El principio para nosotros debe partir de nuestros propios errores: ¿Cómo debe ser mi oración? ¿Qué práctica o actitud me aleja de conectar con el corazón de Dios?

Pablo continua escribiendo desde la figura estilística del quiasmo, algo muy natural en él, y que hay que tener en cuenta para un buen entendimiento. En este caso el quiasmo en la carta se presenta en el siguiente contexto:

- Un principio de oración general para todos: 2:1-7
- Un ejemplo para los hombres de aplicación del principio en el contexto: 2:8
- Un ejemplo para las mujeres de aplicación del principio en el contexto: 2:9-15

Y concretamente el quiasmo es en el ejemplo de las mujeres (2:9-15) y funciona de la siguiente manera:

PLURAL:

"Y quiero que las mujeres se vistan de una manera modesta. Deberían llevar ropa decente y apropiada y no llamar la atención con la manera en que se arreglan el cabello ni con accesorios de oro ni con perlas ni ropa costosa. Pues las mujeres que pretenden ser dedicadas a Dios deberían hacerse atractivas por las cosas buenas que hacen." 

SINGULAR:

"La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos," (2:11-15a)

PLURAL:

"si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia." (2:15b)

Tener en cuenta el quiasmo y la realidad de que otros textos de Pablo son muy claros con respecto a que la mujer y el hombre comparten funciones púbicas y de enseñanza en medio de las iglesias que el estableció, nos lleva a enfocar los versos del 11 al 15b ante una mujer concreta. Probablemente, una de las que ha sido engañada por los falsos maestros a los que Timoteo enfrenta, de ahí el ejemplo de Eva, que también fue engañada por la serpiente. Es esa mujer, la que le toca aprender en silencio y no ejercer dominio sobre Timoteo, que le toca formar a quienes están confundidos por las falsas enseñanzas. El que Pablo no la nombre específicamente, ha sido tomado por algunos eruditos, como señal de la esperanza del apóstol de que no se pierda y acabe siendo ejemplar, así como tanta mujeres con liderazgo influyente en las comunidades y en la misma vida de Pablo:

"Les recomiendo a nuestra hermana Febe, quien es ayudante de la iglesia de Cencrea. Les pido que la reciban en el Señor y la atiendan muy bien. Así es como el pueblo de Dios trata a su gente. Ayúdenla con lo que necesite porque ella también ha ayudado a muchos, incluso a mí. Saluden a Prisca y a Aquila que son mis compañeros de trabajo en Cristo. Ellos arriesgaron su propia vida para salvar la mía, y les estoy muy agradecido. Las iglesias de los que no son judíos también les dan las gracias. Saluden también a la iglesia que se reúne en casa de Prisca y Aquila. Saluden a mi estimado hermano Epeneto, que fue el primero en seguir a Cristo en Asia. Saluden a María que ha hecho un gran trabajo por ustedes. Saluden a Andrónico y a Junias que son mis parientes y estuvieron conmigo en prisión. Ellos se han destacado entre los apóstoles y se unieron a la fe de Cristo antes que yo."(Romanos 16:1-7)

"Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios." (Hechos 18:26)

El pasaje de hoy me lleva de nuevo a mi necesidad de venir ante Dios correctamente, despojándome de aquellas actitudes incorrectas. Mi problema puede estar en mi necesidad de ser reconocido ante otros o de alardear de lo que tengo, así como las mujeres de Éfeso, o mi problema puede ser el de empezar o apoyar discusiones poco edificantes que solo me llevan a perder a Jesús del centro de mi vida y del centro de la vida de mi comunidad cristiana así como los hombres de Éfeso, o quizás mi problema es otro... pero mi llamado es claro y contundente: Alinear mi corazón con el Dios que quiere en este mundo la paz y orar para que dicha paz sea una realidad, no olvidando que Jesús es quien me ofrece paz con Dios, conmigo mismo, con mi prójimo y con el resto de la naturaleza. Estoy convencido que eso me involucrará en romper las barreras sexuales, raciales, teológicas, políticas y culturales que a menudo nos llevan a situaciones injustas e indignas, como el que las mujeres tengan que padecer debido a una sociedad machista.



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