miércoles, 14 de marzo de 2018

A partir del capítulo cinco Pablo guía a Timoteo acerca de los deberes que se han de tener en cuenta hacía las viudas, los ancianos y los esclavos. La base de las indicaciones de Pablo, se relacionan con la capacidad de corregir con sensibilidad y amor a todos ellos, lo cual me recuerda la máxima bíblica de "actuar con los demás como nos gustaría que actuaran con nosotros mismos". Para ello, Pablo coloca la imagen de una familia que se ama y se respeta, como mapa de ruta:

"Nunca le hables con aspereza a un hombre mayor, sino llámale la atención con respeto como lo harías con tu propio padre. Dirígete a los jóvenes como si les hablaras a tus propios hermanos. Trata a las mujeres mayores como lo harías con tu madre y trata a las jóvenes como a tus propias hermanas, con toda pureza." (5:1-2)

Parece que en la iglesia de Éfeso había ancianas adineradas que estaban siendo ayudadas y que más que ayuda económica, lo que necesitaban era reprensión debido a un estilo de vida social nada propio de las seguidoras de Jesús. Algunos piensan que es probable que la reprensión del capítulo dos a la mujer que debe callar se relaciona con alguien dentro de este grupo.

"Pues me temo que algunas ya se han descarriado y ahora siguen a Satanás." (5:15)

Pablo orienta el ministerio de la iglesia a ayudar a los más vulnerables, con el fin de que realmente sea los verdaderas necesidades las que sean atendidas. Una ayuda mal enfocada, a menudo provoca situaciones injustas o incluso entorpecer responsabilidades básicas en el seno de la familia:

"Aquellos que se niegan a cuidar de sus familiares, especialmente los de su propia casa, han negado la fe verdadera y son peores que los incrédulos." (5:8)

La iglesia, por tanto, debe caracterizarse por una base sólida, donde la ayuda al necesitado es un estilo de vida en cada miembro y en el contexto de la vida cotidiana. Es triste cuando los programas y eventos de ayuda social que generan una comunidad cristiana concreta, son usados por los cristianos para esconder un corazón egoísta fuera de los mismos. Es decir, el crear programas y eventos sociales, no siempre significan una verdadera transformación del corazón en ser generosos. La evaluación comunitaria en nuestras responsabilidades sociales, no deberían estar en el éxito o participación en programas de ayudas concretos, sino más bien en un estilo de vida responsable 24/7 (las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana). La iglesia en Éfeso parece que ayudaban a las viudas con cierta organización, pero esa misma ayuda parece que era excusa para que las familias dejaran de lado sus responsabilidades familiares.

Alguien llama a la puerta de tu casa o a la ventanilla de tu coche, o te lo encuentras en la puerta del supermercado, sin embargo decides ignorarlo porque tu compromiso social ya se lleva a cabo colaborando con cierta ONG o cierto programa de tu comunidad cristiana. Es interesante que esta imagen puede ser común entre los que decimos ser seguidores de Jesús, pero a la vez es inimaginable cuando pensamos en el ejemplo del Maestro en situaciones similares.

Todo ello me hace pensar que a veces los programas y eventos nos hacen perder de vista un cometido más serio e importante, el verdadero discipulado que se enfoca en la transformación del corazón y no en hacernos partícipes de subculturas religiosas que se sienten contentas con el éxito de dichos programas y eventos.

¿Por qué el éxito de ciertos programas de ayuda social no son siempre el resultado de una verdadera transformación del corazón? ¿Cómo podemos en nuestra comunidad cristiana enfocarnos en lo esencial y profundo, en vez de quedarnos en la superficie? ¿Cómo podemos tener respuestas de ayuda social organizadas que partan de corazones generosos en vez del activismo, proselitismo y moralismo?



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