miércoles, 6 de junio de 2018

En Hechos 3 Pedro y Juan se dirigían hacía el Templo para la oración de media tarde y allí se encuentran con una persona coja que es sanada y que permite que Pedro tenga un discurso público donde anuncia a Jesús, su resurrección y un llamado a cambiar la manera de vivir.

Lo primero que llama mi atención es que el Templo nada tenía que ver con un lugar de reunión para cristianos, era un edificio más relacionado con el antiguo pacto y que formaba parte de la fe judía. El hecho de que Pedro y Juan fueran a este lugar a orar, me hace pensar en lo que he oído muchas veces en medio de la iglesia: "qué Jesús no ha venido a crear una nueva religión". Eso sí, una cosa es decirlo y otra vivir conforme a esa afirmación.

Para quienes segían a Jesús en el primer siglo, nunca se trató de crear centros que compitieran con la religión establecida, sino más bien de vivir a Cristo dentro de la realidad social que les rodeaba. Por supuesto, esto no es algo fácil, no lo fue para quienes seguían a Jesús en Jerusalén, aun teniendo en común con sus vecinos las mismas escrituras sagradas y una misma historia religiosa.

Cuando nuestro entorno globalizado y pluralista ofrece tantas opciones religiosas diferentes en las que muchas ni contemplan la cosmovisión bíblica, la dificultad no me excusa para vivir un principio interesante: ser cristiana o cristiano no es crear un nuevo escaparate religioso en medio de los que ya hay, sino más bien vivir bajo el señorío de Cristo en medio de la realidad social que me rodea.

Es cierto que no se trata de crear una nueva religión, sino como Pedro me recuerda con su ejemplo, se trata de:

- restaurar en el nombre de Jesús lo que está roto en nuestro entorno (v. 6 "en nombre de Jesús de Nazaret, comienza a andar)

- proclamar el nombre de Jesús como Salvador (v. 16 "...la fe en Jesús le ha devuelto totalmente la salud..." y 26 "...Dios, después de resucitar a su siervo, os lo ha enviado primero a vosotros a fin de se os convierta en bendición...")

- invitar a otros a vivir una vida nueva (v.19 "...convertíos y volved a Dios, para que vuestros pecados os sean borrados." y 26 "...y cada uno os apartéis del mal".)

Al haber entrado en competir el cristianismo con otras religiones, sobre todo a partir de su legalización con Constantino, hemos reproducido los lugares de culto y el modelo de líderes del antiguo pacto y de las religiones paganas, es decir, hemos creado otra burbuja que dificulta entender con claridad el sacerdocio universal de todas las personas creyentes y la realidad de que Dios ahora no habita en templos hechos por manos humanas.

Nuestra fe se expresa y experimenta entre cuatro paredes, principalmente a través de oratorias y con pocas evidencias del Reino ante los que no comparten la fe en Jesús. Este hecho a menudo nos aleja de repetir el ejemplo de Pedro en esta escena.

Me pregunto ¿Cómo podemos ayudarnos en mi comunidad cristiana a vivir cada uno la fe siendo parte del tejido social que nos rodea? ¿Nuestros hechos en la vida cotidiana permiten un contexto de credibilidad para nuestro mensaje? ¿Ayudamos como comunidad cristiana a crear seguidoras y seguidores de Jesús que viven en medio de un mundo roto o feligreses que acaban apresados en una estructura religiosa?

Sin duda todo un desafío el revisar el modelo de comunidad nuevo testamentario y el modelo eclesiológico a partir de Constantino. Una buena revisión, puede ayudarnos a dejar de ser cristianas y cristianos atraccionales y proselitistas, para convertirnos en misionales y agentes de restauración. 

Ser misionales no significa no reunirnos, tiene que ver con que nuestras reuniones y comunión son principalmente una fuerza centrífuga, canalizadora de una fe que se experimenta en la vida cotidiana y no solo una fuerza centrípeta que nos atrapa y nos aísla del mundo.




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