jueves, 21 de junio de 2018

En Hechos 20, vemos entre otras cosas lo siguiente: Los cristianos se reúnen en Troas para partir el pan en una casa, la reunión se prolonga hasta la madrugada ya que Pablo aprovecha la ocasión antes de despedirse. La anécdota es que un joven se duerme y cae de un tercer piso, sin embargo a pesar de que lo dan por muerto resucita y la reunión continua hasta el amanecer.

"Sentado en el antepecho de la ventana estaba un joven llamado Eutiquio, quien, como se alargaba la plática de Pablo, comenzó a dormirse. Vencido ya completamente por el sueño, cayó desde el tercer piso abajo. Cuando lo recogieron, estaba muerto. Pablo bajó rápidamente y se tendió sobre él. Lo tomó luego en sus brazos y les dijo:— ¡No se preocupen, está vivo! Subió otra vez y continuó con el partimiento del pan; y, una vez que hubo comido, prolongó su charla hasta el amanecer. Concluido todo, se marchó." (20:9-11)

Después en Mileto, vemos otra despedida de Pablo, pero esta vez se lleva a cabo con los ancianos en medio de la iglesia. Llama mi atención que Pablo les recuerda su ejemplo antes de una despedida en la que anuncia que nunca más se verán. Parece que Pablo no solo se ha preocupado de dejar muchas palabras entre entre ellos, les ha trasmitido también un mensaje que podían también ver, tocar y seguir; el ejemplo de su propia vida.

"Cuando estuvieron a su lado, les dijo:— Ustedes conocen perfectamente la conducta que he observado entre ustedes desde el primer día de mi llegada a la provincia de Asia." (20:18)

Las palabras de Pablo a estos ancianos debemos interpretarlas a la luz de todo el nuevo testamento y teniendo en cuenta el contexto de la iglesia del primer siglo, el cual aleja a la comunidad cristiana de la imagen institucionalizada con liderazgo piramidal que predomina hoy en nuestro contexto contemporáneo. Esto es clave para entender bien lo que estos ancianos pudieron entender cuando Pablo les dijo:

"Pastoread la iglesia que el Señor adquirió con el sacrificio de su propia vida" (20:28).

Sin entender el contexto histórico, las palabras de Pablo pueden ser interpretadas como una licencia para tomar posiciones de autoridad sobre el pueblo, algo que choca con las ideas de liderazgo que Jesús enseñó a los discípulos en Mat 20: 25-28, Lucas 22:25-26, Mat 23:8-12.

Si Pablo y los otros apóstoles hubieran querido un liderazgo de posición de autoridad sobre otros, hubieran escogido uno de los abundantes términos de la época, sin embargo el lenguaje nuevo testamentario carece de los siguientes términos para referirse a los ancianos: arche (lider, cabeza sobre un grupo o multitud), time (oficial o dignatario), telos (poder inherente de uno que gobierna), archisunagogos (oficial de una sinagoga), hazzan (lider en un culto público), taxis (puesto, posición o rango), hierateia (oficio de sacerdote), archon (gobernador o jefe).

Llama la atención que sin embargo, en el S. XXI, los términos anteriores que no aparecen en el Nuevo Testamento para referirse a los ancianos, serían los más adecuados para describir al liderazgo de la cristiandad de hoy. El término anciano en el nuevo testamento significa originalmente "un hombre viejo" para referirse a un cristiano maduro, con experiencia y sabiduría.

También se usaba para referirse a ellos el término "supervisores" y la metáfora del "pastor" para describir la labor de cuidado de los demás. Sin embargo, hemos de tener claro que no todos los que pastoreaban y enseñaban en medio de la iglesia eran ancianos (Tito 2:3-4, 2ª Tim 2:2, 24, Hebr. 5:12), ya que la enseñanza podía venir de cualquier cristiano (1ª Cor. 14:26-27).

Estas personas, me refiero a los ancianos, estaban llamadas a ser ejemplos en medio del pueblo y no sobre el pueblo, entre otras razones, porque ellos y no falsos profetas y maestros, debían ser el ejemplo a seguir y debían permanecer firmes ante tal peligro que ya se había experimentado en otras comunidades.

"Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos feroces que no tendrán compasión del rebaño. De entre sus propias filas surgirán individuos que propagarán falsas doctrinas y arrastrarán a los discípulos tras de sí." (20:29-30)

Es muy interesante que mientras Pablo les habla de que sigan su ejemplo, también les recuerda algo:

"No he apetecido ni dinero ni vestido de nadie. Bien sabéis que, trabajando con mis propias manos, he ganado mi sustento y el de mis compañeros. Os he demostrado así en todo momento que es preciso trabajar para socorrer a los necesitados, teniendo presente aquella máxima de Jesús, el Señor: "Más dicha trae el dar que el recibir”". (20:33-35)

A Pablo, no le podemos considerar "un apóstol profesional", su profesión era hacer tiendas y el ser apóstol transcendía cada área de su vida, incluso la del trabajo que le sostenía economicamente.
Como apóstol, él trasmitió su ejemplo desde cada área de su vida (también la profesional).

Sin embargo, lo que más llama mi atención es cuando el dice: "Más dicha trae el dar que el recibir", ya que esta frase va en contra del pensamiento de este siglo, donde la dicha, el ser bianeventurado, y el gozo, lo produce "el tener" en vez "del ofrecer". Esta idea va contra la corriente que nos rodea e implica una manera muy radical de usar mis ingresos y también mi tiempo. Sobre todo, cuando al igual que en el contexto nuevo testamentario, tenemos tanta oportunidad de ayudar a los necesitados.

Es por ello, que en tiempo de crisis económica, la iglesia necesita líderes que sepan cuidar o si prefieres "pastorear" como Pablo, que puedan decir:

"Os he demostrado así en todo momento que es preciso trabajar para socorrer a los necesitados" (20:35)



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