domingo, 17 de junio de 2018

Sigo muy pendiente en Hechos 11 de los principios y rasgos de la iglesia temprana con el fin de crecer en medio de mi experiencia comunitaria de hoy.

Lo primero que vemos es como Pedro una vez que viene de compartir el evangelio con los gentiles, es enfrentado por sus propios hermanos, lo cual le lleva a dar razones convincentes ante ellos de porque compartió con los gentiles.

"...¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos? Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido,..." (11:3-4)

Aquí encuentro una doble lección, ¿estoy dispuesto a ser paciente con aquellos que se sienten desafiados por mi manera de ver las cosas?, ¿estoy dispuesto a serlo con aquellos que desafían mi manera de ver las cosas?, porque a veces yo puedo ser como los partidarios de la circuncisión y otras veces como Pedro, ante ambas opciones necesito ser paciente y contar con un espacio para dialogar con madurez.

Lo segundo que llama mi atención es que al enterarse la iglesia de Jerusalén que en Antioquía los cristianos están predicando a los gentiles y estos están siguiendo a Jesús, envían a Bernabé.

"Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía." (11:22)

Nuevamente, en el libro donde se habla mucho acerca de los hechos de los apóstoles, encontramos a quienes sin ser de los doce realizan funciones apostólicas, lo cual nos habla de que en la iglesia temprana la monopolización del ministerio en unos pocos no era la tónica.

Además, es este Bernabé, que no formaba parte de los doce, el que toma a Pablo por un tiempo y lo lleva a un ministerio apostólico importante: colocar los cimientos de iglesias que nacen más allá de las fronteras a las que pertenecen, en este caso la de Antioquia.

También llama mi atención que el nombre de cristianos es puesto por aquellos que observan a los seguidores de Jesús. Ellos, por alguna razón, encontraban que aquellas personas estaban vinculados con Cristo. Además, es interesante que en el Nuevo Testamento, los cristianos nunca ponen nombre a las comunidades, para identificarlas, solo usaban la localización geográfica (iglesia de Jerusalén, de Antioquía etc).

"...y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía." (11:26b)

Ponemos nombre a aquello que nos pertenece en algún grado, ¿somos consciente que Jesús es la máxima autoridad sobre la iglesia?, ¿podría ser que la costumbre de nombrar hoy a las comunidades con la identificación de la denominación u otros nombres sea un síntoma de que hemos olvidado de que esta no pertenece a nada y a nadie más que a Dios?.

También me pregunto, si nos pusieran nombres los que nos rodean, ¿cómo nos llamarían?, ¿nos identificarían con Jesús?. ¿Qué tal no ponernos nombres y ver como acabamos siendo nombrados por otros?

Por último, este capítulo me vuelve a mostrar a más cristianos activos, no solo predicando sino con dones sobrenaturales como el de profecía. Agabo es un ejemplo de ello, quien anuncia una gran hambre que moviliza a las comunidades a atender las necesidades de los hermanos en Judea.

"En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos, llamado Agab, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea;" (11:27-29)

A veces he oído que la finalización del canon de las Escrituras ha favorecido al cese de los dones milagrosos. Me pregunto algo: avisar a la iglesia de una necesidad que viene con el fin de movilizarla a atender a los necesitados ¿es algo que ya no se necesita por tener las Escrituras completas?

En medio de una cristiandad que se caracteriza por el control a través de concentrar el ministerio más importante en unos pocos, evitar un contexto de diálogo cuando las cosas no son como pensamos, encajar a la iglesia dentro de denominaciones y otros proyectos personales con nombre propio, no abrir los oídos a la posibilidad que Dios use a cualquier parte de su cuerpo para mostrarnos algo de manera sobrenatural y no preocuparnos a menudo por aquellos en medio de la iglesia que están en necesidad... se convierte en un desafío y me aporta muchos ejemplos a recuperar y también para repensar la iglesia y permitir su reconfiguración bajo la guía de la Palabra de Dios y su Espíritu Santo.




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