lunes, 4 de junio de 2018



Empiezo a leer Hechos, que es la continuación del evangelio de Lucas.

Tras la resurrección, las personas que seguían  a Jesús quedaban a menudo para orar juntas y lo hacían en armonía:

"Todos ellos se dedicaban, con un mismo propósito, a orar junto con algunas mujeres, con María, la mamá de Jesús, y con los hermanos de él." (1:14)

En una ocasión se reunieron 120 personas y Pedro les propone que se escoja a alguien que pueda sustituir la labor que realizaba Judas, quien traicionó a Jesús. La petición de Pedro tiene como objetivo que se siga fortaleciendo la labor de ser testigos de la resurrección a lo cual estaban comprometidos aquellos que habían sido escogidos por Jesús. :

"desde que Juan comenzó a bautizar hasta el día en que Jesús subió al cielo. Tendrá también que dar testimonio con nosotros de la resurrección de Jesús». (1:22)

El primer capítulo del libro me hace pensar en elementos valiosos para la propia vida de la comunidad cristiana en la que participo:

- El valor de orar en unidad y en armonía. 

No se nos dice que hacían otra cosa, pero si se nos señala esta labor.

Pienso en como en medio de la comunidad a veces no sabemos bien que hacer al vernos ¿Que tal si la oración en armonía forma parte esencial de nuestros encuentros?

En la reunión de mi comunidad cristiana antes de leer este capítulo algunas personas señalaban la necesidad y el valor de unirnos en oración por tantos temas importantes, lo cual nos da una causa común y la oportunidad de recibir perspectiva de aquel a quien nos dirigimos cuando oramos.

A la vez, algunas personas en nuestra comunidad nos estamos adentrando en maneras de orar donde tan solo estamos quietos y en silencio, consciente de la presencia de Dios y nuestro clamor por su amor. 

- Involucrar a toda la comunidad. 

Pedro podría haber propuesto su idea estando en intimidad con el resto de los apóstoles, sin embargo, la idea la lanza ante 120 personas y parece que allí mismo oran y dan pasos en unidad.

Esto me hace pensar que las funciones y dones no deben limitar el consenso y la realidad de que cada parte de la membresía sea involucrada en la toma de decisiones. Veo aquí muchas personas, pero todas orando y buscando que una sola cabeza este entre ellos, Cristo mismo.

La imagen de hoy en Hechos, reta la eclesiología basada en una élite que toma las decisiones por el resto de la comunidad. ¡Cuánto consumismo religioso trae el modelo directivo empresarial en medio de la iglesia!

- La importancia de ser testigos de la resurrección. 

Este año escuchaba el testimonio de una amiga que había decidido seguir a Jesús. Nos contaba como decidió estudiar la Biblia con algunos cristianos por un largo tiempo, hasta que llegó el día que dijo: "Lo entiendo, Jesús esta vivo". Esa idea le sobrecogió.

Ahora, en su nueva vida, saber que Jesús vive y es real, le da una nueva perspectiva acerca de como vivir y responder a los retos diarios. Ella colabora en formación espiritual para enviar personas para testificar  de la resurrección no solo con palabras, sino también a través de obras de misericordia, sanidades y milagros. De esta manera muchas personas seguidoras de Jesús  manifiestan la realidad de que el reino de Cristo está en realidad aquí.

El ministerio apostólico de la iglesia es el ministerio del envío, apóstol significa eso, enviada y enviado.

¿Estamos atentos a que el mensaje de la resurrección esté transcendiendo nuestras fronteras sociales, culturales y también geográficas? ¿Sómos consciente de que la vida de Jesús puede reproducirse hoy a través de su cuerpo, que es la iglesia?

Creo que nuestro llamado como comunidad no es a la comodidad, por ello nuestra comunidad cristiana debe garantizar el ministerio apostólico, es decir, el sentirnos enviadas y enviados para colaborar en todo aquello que trae vida y que da testimonio de que Jesús está vivo. Quizás esto significa para algunas personas traspasar barreras en nuestra propia familia, vecindario, ciudad, país o contienente. 

El primer capítulo me da importantes principios para mi comunidad cristiana: estar orando en unidad, en un ambiente donde todas y todos son considerados y nos preparamos para testificar del Cristo vivo allí donde el Espíritu nos lleva. Esto significaría permanecer en principios fundamentales de la iglesia a la que pertenezco. 


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