domingo, 17 de junio de 2018

El capítulo 13 empieza señalando que en medio de la iglesia en Antioquia había profetas y maestros:

"Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo." (13:1)

A continuación se describe una reunión donde se estaba ayunando y orando y Dios muestra que Bernabé y Pablo deben ser enviados.

"Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron." (13:2-3)

El resto del capítulo es un viaje donde ambos personajes, acompañados en parte del trayecto por Juan, predican en Chipre y otras ciudades a judios y gentiles, proclamando la muerte y resurrección de Jesús y haciendo milagros.

"Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre. Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante." (13:4-5)

Estaba pensando en el efecto impulsor que la reunión, el ayuno y los dones de enseñanza y profecía estaban teniendo en este "cuadro que nos pinta Lucas".

Me pregunto, si los dones activos en medio de las reuniones de nuestras comunidades, tienen el efecto de impulsarnos a llevar buenas noticias más allá de nuestras fronteras.

La iglesia en Antioquía recibió, en este caso, una dirección muy concreta; dos personas debían ser apartados para viajar y proclamar a Jesús. ¿Recibimos nosotros mensajes similares?, ¿está presente entre nosotros el mensaje de Jesús y los apóstoles de ser sal y luz en el mundo, de id y haced discípulos, de hacer bien a todos, de amar a mi prójimo... ?

Viene a mi mente estas ideas, porque en ocasiones los cristianos estamos sentados cómodamente alrededor de los que tienen dones de enseñanzas, lo cual crea un efecto más atraccional que misional, ¿no deberían estos dones impulsarnos en la tarea de colaborar con Dios en la restauración de un mundo roto?

Me pregunto si nuestras reuniones deben tener más en cuenta los ejemplos en Hechos, donde la oración y escuchar a Dios a menudo estaba relacionado con la expansión del mensaje y el gobierno de Jesús: la primera reunión que nos describe en Hechos 2 acaba en una predicación donde miles deciden seguir a Jesús, en una siguiente reunión descrita en hechos 4 los creyentes piden valor para predicar y para que la mano de Dios se extienda para hacer señales y prodigios y acaban siendo llenos del Espíritu Santo, en el capítulo doce están reunidos y orando por Pedro, encarcelado por estar ocupado en predicar y hoy estando ayunando acaban enviando a personas a extender el reino de Dios... ¿es posible que estemos perdiendo un énfasis importante en la iglesia de hoy?

Si es así, es hora de recuperarlo.



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