martes, 3 de julio de 2018

Me adentro en el libro profético de Zacarías, una obra que se desarrolla después de que los judíos exiliados a Babilonia vuelven a Jerusalén. En el libro de Esdras, se nos dice que Zacarías y Hageo animan al pueblo a la reconstrucción del templo:

"Profetizaron Hageo y Zacarías hijo de Iddo, ambos profetas, a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén en el nombre del Dios de Israel quien estaba sobre ellos. Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Salatiel y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de Dios que estaba en Jerusalén; y con ellos los profetas de Dios que les ayudaban." (Esdras 5:1-2)

Hemos de tener en cuenta que el profeta Jeremías dijo que el exilio de los judíos en Babilonia duraría 70 años y tras este tiempo, habría de esperar un reino de paz y bendición:

“Toda esta tierra será desolación y horror, y estas naciones servirán al rey de Babilonia setenta años." (Jeremías 25:11)

"Pues así dice el Señor: “Cuando se le hayan cumplido a Babilonia setenta años, yo os visitaré y cumpliré mi buena palabra de haceros volver a este lugar." (Jeremías 29:10)

Esos 70 años parece que están a punto de finalizar, sin embargo, regresar del exilio y habitar de nuevo en la tierra, no está exento de esfuerzo y trabajo duro, lo cual podría llevar al pueblo a preguntarse cuando llegará el reposo que tanto anhelan. Parece que el libro de Zacarías tratará de responder a esta pregunta y ofrecer también instrucciones para este tiempo de transición.

La porción en la que me adentro hoy es muy corta, solo 6 versículos, sin embargo, en ellos Zacarías va a poner una base sólida y práctica para el pueblo. El cimiento que hemos de echar sobre el que la obra de Dios se llevará a cabo es el arrepentimiento. Zacarías les recuerda que sus antepasados vivieron sin tener en cuenta a Dios y esto les trajo consecuencias nefastas y les llevó al exilio, por lo tanto, la primera lección a considerar es volvernos a Dios:

«Yo, el Señor, estuve muy enojado con los antepasados de ustedes. Por lo tanto, dile al pueblo: “El Señor de los Ejércitos Celestiales dice: ‘Regresen a mí y yo me volveré a ustedes, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales’. No sean como sus antepasados que no querían escuchar ni prestar atención cuando los antiguos profetas les dijeron: ‘El Señor de los Ejércitos Celestiales dice: “Apártense de sus malos caminos y abandonen todas sus prácticas malvadas”’." (1:2-4)

El arrepentimiento es un giro de 180º, es darnos cuenta que el camino que estamos tomando es el equivocado y tomamos la decisión de girarnos y volvernos al correcto.

Una de las dificultades para entender el arrepentimiento, es verlo solo en su dimensión de evento en el pasado. En muchos contextos cristianos enfatizamos el día de nuestra conversión, como aquel en el que decidimos reconocer nuestra necesidad de Dios y decidimos seguir a Jesús. Sin duda, ese fue un momento clave e importante, el problema viene cuando no entendemos el arrepentimiento más que en esa dimensión pasada, y tenemos dificultad para entenderlo como un proceso y/o una actitud que nos debe acompañar a lo largo de nuestra vida.

Como seres dinámicos que somos, enfrentamos nuevas etapas y realidades en nuestras vidas: nuestra etapa infantil, juvenil y adulta, nuestra etapa estudiantil, laboral, o nuestro reto de formar una familia, la crianza... a veces, una mudanza, nuevos vecinos etc. Todo ello nos lleva a preguntarnos: ¿Están estas nuevas realidades convertidas al Señor?

Nuestro pasado ya no está, el futuro no llegó aun en nuestra dimensión actual, lo único que tenemos para rendir a Dios es nuestro presente, y el arrepentimiento no es otra cosa que volvernos hoy a una actitud en la que aquello que tenemos, que pensamos y que sentimos lo ponemos ante Aquel a quien hemos proclamado Señor de nuestra vida.

¿Qué significa para mi poner en práctica hoy las palabras de Zacarías? ¿Qué aspectos de mi vida presente no están rendidos delante de Dios? ¿Qué significa a niveles prácticos rendirlos hoy?




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