viernes, 7 de septiembre de 2018

NUESTRA INTEGRIDAD A PRUEBA (DANIEL 3)

En el capítulo 3, Nabucodonosor hace una gran estatua y pide que todo el mundo se postre ante ella, quien no lo haga será arrojado a un horno de fuego:

"Cuando oigan tocar la trompeta, la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos musicales, inclínense rostro en tierra y rindan culto a la estatua de oro del rey Nabucodonosor. ¡Cualquiera que se rehúse a obedecer, será arrojado inmediatamente a un horno ardiente!»." (3:5-6)

Sin embargo, Sadrac, Mesac y Abed-nego, rehusaron postrarse ante la estatua, lo cual llega a oídos del rey quien les da una nueva oportunidad para salvar sus vidas:

"Les daré una oportunidad más para inclinarse y rendir culto a la estatua que he hecho cuando oigan el sonido de los instrumentos musicales. Sin embargo, si se niegan, serán inmediatamente arrojados al horno ardiente y entonces, ¿qué dios podrá rescatarlos de mi poder?" (3:15)

Es en este momento crucial, que nos encontramos con una declaración de fe radical por parte de estos jóvenes:

"Sadrac, Mesac y Abed-nego contestaron: —Oh Nabucodonosor, no necesitamos defendernos delante de usted. Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de su poder, su majestad; pero aunque no lo hiciera, deseamos dejar en claro ante usted que jamás serviremos a sus dioses ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado." (3:16-18)

En esta declaración encontramos un sentido profundo de la adoración. Estos jóvenes sabían que el Dios a quien obedecían y servían podría librarlos del horno de fuego, sin embargo, aunque no los librara, ellos tenían claro que igualmente le obedecerían y servirían. ¿Servimos a Dios y a los demás esperando algo a cambio?

Vivimos en un mundo hedonista, donde se espera que nuestras acciones nos lleven al bienestar, y no es que la vida de fe sea una invitación al sadomasoquismo, ni mucho menos, pero vivir en integridad, en justicia y rectitud, no siempre nos llevará por un camino cómodo y gratificante. Entender esto, nos librará de una fe superficial, egoista y religiosa y nos llevará a entender que el verdadero sentido y fundamento de nuestro vivir no lo determina los placeres y bendiciones temporales.

Viene a mi mente la oración de Teresa de Ávila:

"Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios basta"

Estos jóvenes pudieron responder con valentía e integridad porque la esperanza de ellos no estaba en otra cosa que en Dios mismo.

Dios, en este caso, los libró y Nabudonosor acabó alabando al Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego:

"Entonces los altos funcionarios, autoridades, gobernadores y asesores los rodearon y vieron que el fuego no los había tocado. No se les había chamuscado ni un cabello, ni se les había estropeado la ropa. ¡Ni siquiera olían a humo! Entonces Nabucodonosor dijo: «¡Alabado sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego! Envió a su ángel para rescatar a sus siervos que confiaron en él. Desafiaron el mandato del rey y estuvieron dispuestos a morir en lugar de servir o rendir culto a otro dios que no fuera su propio Dios." (3:27-28)

Pero las historias bíblicas y la historia de la iglesia nos hablan de que no siempre contaremos con estas intervenciones liberadoras. Pensemos por ejemplo en Juan el Bautista, a quien acabaron cortando la cabeza, o de Esteban que murió apedreado. Pensemos en Dietrich Bonhoeffer quien acabó siendo ejecutado en una prisión, apenas unos días antes de la liberación de Alemania y son unos escasos ejemplos.

Dietrich Bonhoeffer escribió en el clásico "El Costo Del Discipulado":

"Reclamamos ser libres de toda coacción legal, del auto-martirio y la mortificación y completamos esto oponiéndonos al uso evangélico apropiado de la disciplina y el ascetismo; de esta manera excusamos nuestra auto- complacencia e irregularidad en la oración, la meditación y en nuestra vida física. Pero el contraste  entre nuestro comportamiento y la palabra de Jesús es demasiado dolorosamente evidente. 
Nos olvidamos que el discipulado significa alejarnos del mundo, y nos olvidamos del verdadero gozo y libertad que son el resultado de una piadosa norma de vida." 

¿Cómo nuestra formación espiritual puede ayudarnos a un vida íntegra aun cuando eso implique más problemas? Cuando estoy en una situación no deseada, ¿de qué manera Dios me llama a una vida fiel y santa? ¿Qué dificultades encuentro cuando trato de responder en integridad en medio de dificultades?











0 comentarios:

Publicar un comentario