viernes, 21 de septiembre de 2018

RESPONSABILIDAD (DANIEL 8-9)

En el capítulo 7 vimos acerca de la esperanza de que los reinos que se levantan contra Dios y su pueblo no prevalecerán, quedando en el aire la pregunta "¿Cuándo ocurrirá esto?". A partir del capítulo 8, se nos habla de los tiempos de manera más específica.

Esta porción comienza con una visión de Daniel sobre dos bestias, muy probablemente estas bestias hacen referencia a las dos últimas que vio en el sueño que nos relata el capítulo 7. En esta ocasión una de las bestias es representada por un Carnero con dos cuernos y se nos aclara que dicha figura representa a los reyes de Media y de Persia:

"En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia." (8:20)

La otra bestia es un macho cabrío con muchos cuernos, destacando uno de los cuernos. Se nos aclara que esta bestia representa al rey de Grecia:

"El macho cabrío es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero." (8:21)

Parece que este rey rebelde va a rebelarse contra Dios invadiendo Jerusalén y llevando a cabo algunas acciones abominables, como contaminar el templo con ídolos:

"por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra. Y a causa de la prevaricación le fue entregado el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó." (8:11b-12)

No obstante, el mensaje es que dicho rey no prevalecerá y finalmente Dios no permitirá que prevalezca y lo destruirá:

"Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana." (8:25)

En el capítulo 9, Daniel parece estar preocupado acerca de los tiempos, ¿cuando sucederá todo esto?, y decide consultar el libro del profeta Jeremías para comprobar que Dios dijo que el exilio de su pueblo duraría 70 años:

"en el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años." (9:2)

70 años están ya casi cumplidos, sin embargo, un ángel del Señor le comenta a Daniel que debido a la rebelión y pecado de Israel el tiempo será más prolongado (9:24-27), algo que también Jeremias contempló.

Todo ello perturba al profeta, pero en medio de estos acontecimientos, hay una imagen que no pasa desapercibida y que nos da un ejemplo y modelo de como enfrentar las dificultades, la opresión y el exilio, es la escena de Daniel en una oración de lamento y confesión:

"Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión..." (9:3-4a)

En su oración Daniel reconoce delante de que Dios está:

"Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos;" (9:4b)

Y no se queda en solo señalar las situaciones injustas provocadas por los reinos que se rebelan contra Dios y oprimen, sino que hace el difícil y necesaio ejercicio de reconocer el pecado abiertamente, es decir, "no echa balones fuera", reconoce la responsabilidad que tienen en medio de lo que está pasando:

"hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra" (9:5-6)

Es por lo confesado que experimentan opresión:

"Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad." (9:13)

Todo ello le lleva a solicitar libertad ante la opresión que experimentan:

"Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor.Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias." (9:17-18)

Todo lo visto me hace pensar en como vamos a responder en medio del exilio. Recordemos que Israel enfrentó un día el desierto, pero a causa de sus rebeliones este periodo se extendió y aun algunos no experimentaron la tierra prometida. Ya sea el desierto como una transición a un estado de liberación o el exilio como una consecuencia de nuestro pecado, lo que me destaca es nuestra respuesta y como esta puede afectar nuestro paso por la "noche oscura del alma".

Las situaciones no deseadas en nuestra vida pueden prolongarse y ello puede llevarnos a perder la perspectiva correcta. A veces no es difícil perder a Dios de vista, o enorgullecernos y olvidar nuestra responsabilidad, al hacerlo, perdemos los beneficios de "la noche oscura del alma" (tal como la llamó San Juan de la Cruz).

La oración es una práctica espiritual que nos permite tomar perspectiva, nos lleva a mirar más allá de nosotros mismos, y al hacerlo, nos vemos capacitados para un viaje interior donde nuestros errores y nuestras debilidades son expuestos delante de Dios: el único que puede perdonarnos y transformarnos.

¿Estoy perdiendo a Dios de vista en medio de las dificultades? ¿Estoy dejando de ver mi responsabilidad? ¿De qué manera la oración me puede ayudar a responder de manera adecuada ante las situaciones no deseadas? ¿Cómo el esquema de la oración de Daniel puede inspirarme y guiarme en mi propia oración ante Dios?




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