viernes, 26 de octubre de 2018

AMAR A LA MANERA DE DIOS (OSEAS 1-3)

Me adentro en el libro del profeta Oseas, una obra en su mayor parte poética que según expertos contiene los mensajes de Oseas durante unos 25 años. El contexto del libro tiene que ver con una importante crisis del pueblo de Dios que se hace visible con una división en dos reinos: el reino del norte, Israel, y el reino del sur, Judá, tal como lo relata 1ª de Reyes en el capítulo 12. Oseas escribe durante el reinado de uno de los peores reyes de Israel, Jeroboam, hijo de Joás y en un tiempo donde la nación fue deteriorándose cada vez más con adoración a falsos ídolos y donde finalmente el imperio Asirio acabó oprimiendo al Reino del Norte (2ª Reyes 14-17).

"Palabra que el Señor dirigió a Oseas, hijo de Beerí, en tiempos de Ozías, Jotán, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá, y en tiempo de Jeroboán, hijo de Joás, rey de Israel." (1:1)

En este contexto, el profeta toma para si a una mujer fornicaria como esposa, en la mayoría de traducciones se le considera una prostituta, la cual se llama Gomer.

"El principio de la palabra de Jehová por medio de Oseas. Dijo Jehová a Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación; porque la tierra fornica apartándose de Jehová." (1:2)

Con Gomer tiene tres hijos, Jezrael, Lo-Rujama y Lo-Amní. Los nombres de estos tres hijos son todo un símbolo de las consecuencias nefastas de vivir siendo infieles al Señor:

"Él fue y se casó con Gómer, hija de Dibláin, la cual concibió y le dio a luz un hijo. Entonces el Señor le dijo: —Ponle de nombre Jezrael porque dentro de poco pediré cuentas a la familia de Jehú por los crímenes de Jezrael y pondré fin al Reino de Israel." (1:3-5)

"Concibió de nuevo Gómer y dio a luz una hija. El Señor dijo a Oseas:—Ponle de nombre Lo-Rujama —es decir, No-Amada—, porque no amaré a Israel en adelante, ni lo soportaré más." (1:6)

"Apenas había destetado a Lo-Rujama cuando concibió y dio a luz otro hijo. El Señor dijo:
—Ponle por nombre Lo-Ammí —No-Mi pueblo— porque ustedes no son mi pueblo, ni yo existo para ustedes." (1:8-9)

Sin embargo, aunque en estos tres capítulos hay un rechazo claro del Señor hacia la infidelidad representada por una mujer fornicaría, el texto no se queda solo en el juicio, sino que nos presenta un panorama de esperanza.

"Estableceré a mi pueblo en la tierra. Amaré a Lo-Rujama —la-no-amada—, y a Lo-Ammí —no-mi-pueblo— le diré: «Tú eres mi pueblo» y él responderá: «Y tú mi Dios»." (2:25)

En el capítulo 3, Oseas es llamado a ir a las personas que han fornicado con su mujer y pagar el precio que hace falta para liberarla y esposarla en una relación de fidelidad.

"El Señor me dijo: —Vete de nuevo y ama a una mujer amada por otro y adúltera, porque así también el Señor ama a los israelitas, aunque ellos se vuelven a otros dioses y saborean los pasteles de pasas. La compré, en efecto, por quince siclos de plata y una medida y media de cebada. Y le dije: —Durante mucho tiempo permanecerás conmigo sin prostituirte ni entregarte a otro hombre, y yo me portaré de la misma manera contigo. Porque durante mucho tiempo los israelitas estarán sin rey ni príncipe, sin sacrificios ni estelas, sin efod ni terafim. Luego, buscarán de nuevo al Señor Dios y a David, su rey, y acudirán respetuosos al Señor y a sus bienes por siempre." (3:1-5)

Todo ello nos habla de la relación de Israel con su Dios; si bien el pueblo ha roto el pacto, siendo infiel a través de adorar a otros dioses falsos, Dios en vez de anular el pacto, decide renovarlo y no dejar al pueblo en la opresión y el exilio que ha provocado las consecuencias de su conducta.

El hecho de que Oseas es llamado a amar a una mujer fornicaría y a serle fiel, nos habla de como Dios a pesar de nuestras infidelidades nos ama y como su deseo último es restaurarnos y librarnos de las consecuencias de nuestros errores y maldades.

El pasaje de hoy me hace pensar no solo en como el amor de Dios me restaura, sino que me recuerda que soy llamado a amar a la manera de Dios:

"Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso." (Lucas 6:36)

"...de gracia recibisteis, dad de gracia." (Mateo 10:8b)

En la vida espiritual, lo primero que nos encontramos es con un amor que nos sana y restaura a aquellos que somos como Gomer la fornicaria, sin embargo, ese amor no nos sana para ser solamente los amados, sino también para ser un canal de amor para otros. Sin embargo, la cosa se complica cuando Dios nos manda amar a su manera, es ahí cuando podemos comprobar, si realmente hemos recibido y entendido el amor de Dios. No hay duda de que no podemos dar lo que no hemos recibido. No sin razón Juan escribió:

"Sabemos que por amar a nuestros hermanos hemos pasado de la muerte a la vida, mientras que quien no ama sigue muerto. Odiar al hermano es como darle muerte, y deben saber que ningún asesino tiene dentro de sí vida eterna. Nosotros hemos conocido lo que es el amor en que Cristo dio su vida por nosotros; demos también nosotros la vida por los hermanos." (1ª Juan 3:14-16)

¿Con qué personas en estos momentos, necesitarías hacer un acto de sacrificio para amarlas? ¿Qué responderé al Dios que me pide que ame a otros como el me ama a mi?


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