miércoles, 7 de noviembre de 2018

EL INCÓMODO PROFETA (OSEAS 5-10)

Shane Claiborne (activista cristiano)
Oseas no solo señaló que el pueblo perece por falta de conocimiento, a lo largo del libro no deja de señalar las consecuencias del camino que han tomado:

"La soberbia de Israel le desmentirá en su cara; Israel y Efraín tropezarán en su pecado, y Judá tropezará también con ellos." (5:5)

Pienso en las consecuencias que sufro al vivir en un mundo roto y también al ser partícipe yo mismo de la soberbia que me aparta de Dios. A pesar de este incómodo señalamiento, Oseas nos trae un rayo de esperanza al decir:

"Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él." (6:1-2)

En estos días estoy practicando el oficio diario haciendo uso de oraciones que los cristianos han usado durante siglos. En estas oraciones encuentro una invitación constante a volverme al Señor, a reconocer mi necesidad de él en medio de mi condición actual. Cada mañana recito las siguientes palabras:

"¿A quien he de buscar?, al Señor mi Dios, con todo mi corazón, con toda mi mente y con todas mis fuerzas. Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que tu eres el santo de Dios. ¡Alabado seas Señor Jesús, Rey de gloria infinita." 

No puedo negar que el Señor no siempre me libra de las consecuencias de mis propios errores, aun a veces tampoco me libra de las consecuencias de los errores de otros. Sin embargo, quien ha permitido que pase por momentos tan terribles, no me dejará, él sabe como usar todo para mi propio bien y madurez y finalmente lo que más desea es sanar y vendar mis heridas, resucitar lo que está muerto y darme una vida abundante. 

No obstante, el profeta no deja de señalar a lo largo de los capítulos en los que me adentro hoy la hipocresía del pueblo en su adoración: ellos quebrantan una y otra vez los 10 mandamientos, permiten horribles injusticias en medio de la sociedad y después ofrecen sacrificio como si lo ocurrido no tuviera importancia. Parece que la sanidad llegará, pero hay que pasar por el quirófano, hay que sacar a la luz toda la infección y mostrar que Dios desea un caminar diferente. Por mucha liturgia y prácticas religiosas que tengamos integrados en nuestras rutinas, el profeta quiere evitar que tales prácticas sean en realidad una máscara que nos oculte el problema de fondo:

"Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos." (6:6)

¿Nos estamos escondiendo de Dios en medio de nuestras liturgias y subcultura religiosa? ¿Qué hay en realidad detrás de nuestras apariencias?

Oseas sigue señalando que por si fuera poco, el pueblo también está ofreciendo sacrificios a otros dioses paganos, y en vez de confiar en Dios, está tratando de confiar en sus alianzas políticas con grandes super potencias como Egipto y Asiria:

"Efraín fue como paloma incauta, sin entendimiento; llamarán a Egipto, acudirán a Asiria." (7:11)

Pienso en como en vez de confiar en Dios, nosotros decidimos vivir hoy como el resto del mundo, poniendo nuestra principal confianza en el poder limitar y en las grandes empresas. Los centros comerciales se han convertido en los nuevos templos y el materialismo y consumismo en la nueva religión. Sin embargo, Oseas le dice al pueblo que finalmente Asiria se volverá contra ellos. 

¿Es Dios nuestra verdadera fuente de confianza o estamos confiando en quien un día se volverá contra nosotros?

Las denuncias constantes de Oseas son incómodas, pero esto formaba parte del ministerio profético en la época. Esta labor de hacer de conciencia espiritual hacía que los profetas fueran pocos queridos en su entorno, a menudo el rechazo que recibían les llevaba a vivir al margen de la sociedad y a veces incluso eran perseguidos y asesinados. 

"Ustedes dicen: «El profeta es un necio. El hombre inspirado es un loco.» Pero lo dicen porque están llenos de maldad, porque su odio es grande." (9:7b)

No obstante, si queremos andar el camino de la espiritualidad profunda, vamos a necesitar que nos acompañen profetas, me refiero a esas personas que nos aman lo suficiente para no decir solo lo que nos gustaría oír, sino también lo que necesitamos escuchar y estamos ignorando. 

¿Por qué no le pedimos a Dios que ponga a nuestro lado este tipo de personas? Es más, ¿qué podemos hacer para que en nuestras comunidades se favorezca la necesidad de apoyarnos diciéndonos también lo que es incómodo?

Hace unos meses estaba teniendo mi tiempo regular con un pequeño grupo de hombres de mi comunidad cristiana, nos vemos para rendirnos cuentas de como estamos viviendo. Uno de ellos dijo sabiamente: "yo necesito saber que en este grupo me vais a llamar la atención si no ando debidamente, necesito gente que me reprenda con amor", no se si lo dijo, porque a veces, tratando de huir de aquellos que viven desde el juicio constante de los demás desde un espíritu intolerante y controlador, podemos caer en el otro extremo, el de solo decirle a los demás, aquello que quieren oír y no lo que necesitan oír. 

¿Hay alguien que me está diciendo algo tan incómodo como necesario para mi vida espiritual? ¿Hay algo que debo decir con amor a alguien y que por alguna razón me cuesta?



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