sábado, 19 de enero de 2019

En los capítulos del 3 al 6, Amos tiene un mensaje para Israel y sus líderes.

Recuerdo una de las películas de Spiderman, aquella en la que el tío está a punto de morir y le dice a su nieto, el joven héroe: "un gran poder implica una gran responsabilidad". Esa frase fue clave para que el super héroe administrara adecuadamente los poderes que aquella araña le había otorgado.

Amos dice:


"«Solo a ustedes los he escogido
entre todas las familias de la tierra.
Por tanto, les haré pagar
todas sus perversidades»." 
(3:2)

El pueblo de Israel fue escogido para ser de bendición a todas las familias de la tierra. Dios los liberó de la opresión de Egipto y les mostró que debían de vivir de una manera diferente. Sin embargo, Israel no aprovechó la revelación e intervención de Dios para cumplir con su llamado, lo cual trajo nefastas consecuencias. El gran llamado de Israel implicaba una gran responsabilidad y el no cumplirlo implicó grandes consecuencias que Amos señala en estos capítulos.

Amos denuncia la hipocresía religiosa de un pueblo que ofrece sacrificios, pero que no atiende a los necesitados y oprimidos. En este sentido, Israel es un arquetipo de nuestras propias vidas, cuando nuestras prácticas religiosas, solo acallan nuestra conciencia y no nos sumerge en el estilo de vida de Cristo. 

Nuestras prácticas espirituales no son un fin en si mismo, son un medio para introducirnos en una relación íntima con Dios donde sepamos escucharle y recibir el poder para obedecerle. Los medios deben ser evaluados según nos ayuden o no a conseguir el fin. Los medios suelen tener fechas de caducidad debido a que somos seres dinámicos en un mundo de continuo cambio. Sin embargo, cuando los medios no se revisan y se perpetúan, acaban tomando el lugar del fin, y cuando eso ocurre acabamos criticando al que deja de asistir a reuniones, o al que deja de ofrendar, o participar en cualquier otro evento. La participación en programas se convierte en el elemento que evaluamos y es así como a menudo la hipocresía religiosa toma su lugar. Sin embargo, Dios no evalúa la vida comunitaria de su pueblo de la misma manera que la religiosidad la evalúa, por eso Amos usa palabras que escandalizarían a todo aquel que se encuentra seguro en sus prácticas religiosas:

"«Detesto y aborrezco sus fiestas religiosas;
no me agradan sus cultos solemnes.
Aunque me traigan holocaustos y ofrendas de cereal,
no los aceptaré,
ni prestaré atención
a los sacrificios de comunión de novillos cebados.
Aleja de mí el bullicio de tus canciones;
no quiero oír la música de tus cítaras.
¡Pero que fluya el derecho como las aguas,
y la justicia como arroyo inagotable!" 
(5:21-24)

Nada de nuestra vida religiosa tiene sentido, si no nos lleva al estilo de vida que podemos ver en Cristo Jesús. Por lo tanto, es posible estar involucrado en prácticas religiosas sin que exista una búsqueda y encuentro real con Dios. Este libro nos lleva a cuestionar la verdadera adoración. Si nuestra vida no es transformada, entonces no estamos adorando al Dios verdadero y en tal situación, sigue habiendo un llamado para nosotros:


"Así dice el Señor al reino de Israel:
«Búsquenme y vivirán." 
(5:4) 

Si nuestros niveles de justicia y rectitud no son los de Dios, serán los de este mundo caído, los de los dioses falsos, que en Israel en aquel tiempo bien pudiera relacionarse con la adoración a Baal y en nuestro occidente en el siglo XXI bien pudiera ser la adoración del materialismo y consumismo.


"Busquen el bien y no el mal, y vivirán;
y así estará con ustedes el Señor Dios Todopoderoso,
tal como ustedes lo afirman." 
(5:14)

El mensaje de Amos desafía nuestra vida religiosa y comunitaria, invitándonos a examinar como nos relacionamos con nuestro prójimo y como atendemos al necesitado como elementos necesarios de una verdadera adoración.

¿Cuáles son los elementos que solemos usar para evaluar la vida de mi comunidad religiosa?




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