sábado, 26 de enero de 2019

El libro de Abdías es el más corto de los llamados profetas menores. En el encontramos juicio contra Edom, un pueblo descendiente de la familia de Abraham y con antecedentes de conflicto con Israel en sus orígenes.

Abraham y Sara tuvieron a Isaac, quien se junto con Rebeca y tuvieron a Jacob y Esaú como hijos. En Génesis del 25 al 27 se nos cuenta como Esaú vendió a Jacob su primogenitura por un guiso de lentejas. En Números 20:14-20 podemos comprobar como los descendientes de Jacob son los Israelitas y los descendientes de Esaú son los Edomitas, y como a pesar de sus lazos familiares, el conflicto continuó entre ellos en el tiempo. Las historias bíblicas nos recuerdan a menudo, que nuestros conflictos del pasado no resueltos, acaban afectando nuestro futuro, y aun el de nuestros descendientes.

En 2ª Reyes 25, se nos narra la invasión de Jerusalén por Babilonia, un acto en el que los Edomitas se alegraron del mal sobre Israel, miraron hacía otro lado, aprovecharon para robar, matar y vender esclavos:


"No debiste reírte de tu hermano en su mal día,
en el día de su desgracia." 
(12a)

"No debiste recrear la vista con su desgracia
en el día de su calamidad." 
(13b)

"No debiste aguardar en los angostos caminos
para matar a los que huían.
No debiste entregar a los sobrevivientes
en el día de su angustia." 
(14)

Los Edomitas habitaban cerca de Israel, en zonas altas, sin embargo, debido a su actitud altiva y comportamiento injusto y abusivo, el profeta Abdías les anuncia que caerán:

"Tu carácter soberbio te ha engañado.
Como habitas en las hendiduras de los desfiladeros,
en la altura de tu morada,
te dices a ti mismo:
¿Quién podrá arrojarme a tierra?
Pero, aunque vueles a lo alto como águila,
y tu nido esté puesto en las estrellas,
de allí te arrojaré
—afirma el Señor—."
(3-4)

Al igual, que los libros de Joel y Amós, Abdías nombra el "día del Señor" y al hacerlo, refleja que las maldades de todas las naciones no permanecerán, habrá un día que acabarán, así como ha ocurrido en Israel:

"Porque cercano está el día del Señor
contra todas las naciones.
¡Edom, como hiciste, se te hará!
¡sobre tu cabeza recaerá tu merecido!"
(15)

No obstante, aunque queda claro que el camino de la injusticia, la altivez y la violencia es un camino de destrucción, Abdías, al igual que Joel y Amós, hablan de restauración. Y así como los caminos malvados de Israel le llevaron a un callejón sin salida que acaba en un nuevo comienzo bajo el gobierno de Dios, así mismo será con las naciones, que finalmente serán impregnadas de este nuevo gobierno que Dios establecerá desde su pueblo. Recordemos la imagen de otros profetas donde la justicia y la rectitud corren como un río desde la nueva Jerusalén e impregna todo los alrededores. La imagen final de este libro refuerza esta idea:

"Pero en el monte Sión habrá liberación, y será sagrado.
El pueblo de Jacob recuperará sus posesiones."
(17)

"Los del Néguev poseerán el monte de Esaú, y los de la Sefelá poseerán Filistea. Los israelitas poseerán los campos de Efraín y de Samaria, y los de Benjamín poseerán Galaad.
Los exiliados, este ejército de israelitas que viven entre los cananeos, poseerán la tierra hasta Sarepta. Los desterrados de Jerusalén, que viven en Sefarad, poseerán las ciudades del Néguev, y los libertadores subirán al monte Sión para gobernar la región montañosa de Esaú. Y el reino será del Señor." (19-21)

Al leer este libro, veo claramente un arquetipo de mi propia vida. Cuando no resuelvo las heridas del pasado, acabo como Edom, actuando en altivez e injusticia con mi prójimo, sin embargo, ese camino solo me lleva al desastre. Es ahí, en medio de un callejón sin salida, donde acabo siendo consciente de mi necesidad de Dios como restaurador y donde el arrepentimiento sincero se vuelve en el único camino seguro para mi. Además, la restauración de Dios sobre nuestras vidas no solo se quedan en un bienestar personal, sino que se convierte en un río que bendice a otros en nuestro camino y también a aquellos que se encuentran en el mismo proceso que yo.

¿Cuáles son los conflictos no resueltos donde Dios me pide confesar y perdonar? ¿Cuáles son las maneras sutiles de orgullo y violencia que se manifiestan en mi vida hacía otros? ¿De qué manera el mensaje de los profetas me ayuda a entender mi necesidad de cambio de dirección? ¿Soy consciente de que Dios está empeñado en enderezar todo lo que en mí está torcido? ¿Cómo mis experiencias de restauración ayudan y bendicen a otros?




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