lunes, 25 de febrero de 2019

EL CLAMOR EN LA VIDA ESPIRITUAL (JONÁS 3)

En el capítulo 3, Jonás recibe una nueva oportunidad para andar el Camino de Dios.

"La palabra del Señor vino por segunda vez a Jonás: «Anda, ve a la gran ciudad de Nínive y proclámale el mensaje que te voy a dar». Jonás se fue hacia Nínive, conforme al mandato del Señor." (3:1-3a)

Esto me hace pensar en mi propia realidad. Cuando decido vivir mi propio camino sin tener en cuenta a Dios me meto en líos como Jonás, sin embargo, Dios me saca de ellos y me da una nueva oportunidad. Dios es misericordioso y paciente con nosotros.

Sobre todo, este capítulo nos resalta la respuesta de los ninivitas a la predicación de Jonás. Estos deciden creer a Dios y arrepentirse y manifiestan su cambio de actitud con ayuno y señal de duelo.

"Jonás se fue internando en la ciudad, y la recorrió todo un día, mientras proclamaba: «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Y los ninivitas le creyeron a Dios, proclamaron ayuno y, desde el mayor hasta el menor, se vistieron de luto en señal de arrepentimiento." (3:4-5)

Los líderes dan ejemplo en esto y piden que los habitantes juntos a sus animales tomen en serio el ayuno y cambien la manera violenta y errada de actuar:

"el rey ordena que toda persona, junto con sus animales, haga duelo y clame a Dios con todas sus fuerzas. Ordena así mismo que cada uno se convierta de su mal camino y de sus hechos violentos" (3:8)

Dios responde al clamor y se nos cuenta que:

"Al ver Dios lo que hicieron, es decir, que se habían convertido de su mal camino, cambió de parecer y no llevó a cabo la destrucción que les había anunciado." (3:10)

Pienso en la sencillez en la que esta historia nos cuenta la conversión de los ninivitas: un pueblo violento al que se le anuncia que el camino en el que van es contra la voluntad de Dios y lleva a la destrucción, un volverse a Dios con clamor y ayuno y una liberación de las consecuencias de sus pecados.

Hoy sin embargo, me resalta la manera concreta en que los ninivitas se vuelven a Dios, con ayuno y oración. Este acto implica intensidad en su respuesta, profunda devoción y un gran anhelo por ser libre del camino que han tomado. En mi vida espiritual ¿está presente el clamor ante Dios? o quizás debo preguntarme ¿Soy lo suficiente consciente de mi necesidad  profunda de clamar a Dios?

En mi caso, veo la necesidad de aplicar este clamor ante mis propias rupturas y miserias, pero también ante la realidad rota de quienes me rodean. La falta de este clamor, puede estar relacionada con poca consciencia de mis heridas y la necesidad en el mundo, por ello, si el ayuno y la oración intensa están ausente en mi vida espiritual, quizás mi oración hoy debe ser: "abre mis ojos Señor". No obstante, en el momento de escribir este párrafo, Dios se las ha arreglado para mostrarme los aspectos más perversos y necesitados de restauración en mi vida, Jonás ha aparecido en mi medio y es por ello que los ninivitas se convierten hoy en mi ejemplo a seguir.




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