lunes, 18 de febrero de 2019

El capítulo 2 de Jonás nos cuenta una parte asombrosa de la historia: el profeta al ser arrojado por los marineros al mar con el fin de que la tormenta cesare, es tragado por un gran pez y permanece en su vientre durante 3 días. Dentro del gran pez ora a Dios y este pez acaba vomitando a Jonás en tierra firme.

"El Señor dispuso, entonces que Jonás fuera tragado por un gran pez en cuyo vientre permaneció durante tres días y tres noches. Desde el vientre del pez, Jonás suplicó al Señor, su Dios," (2:1-2)

"Entonces, el Señor dio instrucciones al pez y este vomitó a Jonás en tierra firme." (2:11)

He escuchado muchos comentarios alrededor de esta historia: "¿De verdad piensas que un hombre puede ser tragado por un pez y permanecer en su vientre 3 días sin morir, para después ser arrojado a tierra?", por otro lado, muchos cristianos dicen: "Si decides no creer que esta historia pasó ¿No estás decidiendo escoger creer lo que quieres y no quieres en la Biblia? ¿Acaso no podrías dudar de todo lo demás que se sale de lo corriente?"

Decir, "esta historia es literal y punto", puede ser fantástico para quitar la atención del corazón del asunto, de hecho mucha gente que rehusa creer que un hombre puede estar tres días en el vientre de un pez, ni siquiera se han parado a ver que este relato tiene un punto clave para su vida, y esto es simplemente por reaccionar ante actitudes literalistas poco sensibles a los lectores del siglo XXI.

Por otra parte, si decidimos creer solo lo que entra en nuestros esquemas mentales y podemos explicar desde el aspecto científico ¿No corremos el peligro de aislarnos de maravillosos aspectos presentes en la vida? ¿No podemos estar cerrándonos a la posibilidad de lo imposible a través de un Dios asombroso?

En mi caso, he de decir, que no me importa mucho si alguien decide creer que esta historia es literal o no, entre otras cosas, porque no creo que esta historia fue escrita para esa discusión. Además, dicha discusión puede llevarnos a no enfrentar cuestiones mucho más importante tanto para los que creen que es una parábola como para los que creen que es un hecho histórico, las cuestiones son estas: ¿Estoy dispuesto a amar a mi peor enemigo? ¿Soy consciente que no andar en el camino del amor me llevará a mi perdición? y en este capítulo 2 concretamente, ¿Me percato de que las consecuencias nefastas de mis decisiones erradas me pueden llevar al maravilloso mundo de la oración hacía Dios?

La historía de Jonás, a menudo es mi historia, la verdad es que este relato, independientemente de si está usando ciertas figuras estilísticas o no, expresa muy bien algo que me es familiar: he decidido vivir como si fuera Dios, decidiendo lo que está bien o mal independientemente de su voluntad, ese estilo de vida me ha llevado a estar en la oscuridad, la soledad, el temor, como si se tratara de estar en el vientre de un gran pez... sin embargo, en esas penosas circunstancias, el clamor a Dios, el reconocimiento ante él de como estoy, me lleva a ver esperanza, cambios y finalmente una luz que desconocía. Esta historia nos recuerda que Jesús, quien se identificó con nosotros en nuestros pecados, estuvo muerto por tres días y resucitó. Estar en Jesús implica en un sentido, experimentar lo que él experimentó, pasar de la muerte a la vida.

Este hecho no solo pasó en un momento en mi vida, he de reconocer que hace unos años estuve otra vez en el vientre del gran pez, y en aquel miserable lugar aprendí a lamentarme ante Dios, esa práctica olvidada de la oración me llevó al lugar de la gracia, allí donde Dios actúa sacando el dolor de tu interior y abrazándote para que veas la luz. En estos momentos, por otras circunstancias que no vienen al caso, me vuelvo a encontrar de nuevo en este lugar donde mi oración por misericordia se vuelve a levantar. ¿Quién sabe cuántas más veces estaré en el vientre del gran pez a lo largo de mi vida? En el proceso de ser más como Jesús, lo que algunos teólogos denominan como santificación, es posible experimentar varias veces "la noche oscura del alma", la oración de lamento y arrepentimiento y la luz.

Richard Foster nos recuerda que la oración es como un músculo, que a veces necesita un poco de ejercitación, pero una vez que se inicia la circulación de la sangre, descubrimos algo que nos gusta, además algo que nos permite acceder a la gracia.

¿Estás en el vientre de un gran pez? ¿Qué tal calentar los músculos de la oración?... Si no has practicado nunca la oración de lamento puede ayudarte empezar a decir algo como esto:

"Señor, tu eres un Dios grande y poderoso, no hay nada imposible para ti, sin embargo estoy viviendo ajeno a tu poder, porque estoy confundido, estoy abrumado, estoy enojado, estoy esclavo...." aun Dios puede tratar con palabras como "no entiendo como permitiste que..." porque Él mejor que nadie sabe escuchar y tratar con el dolor más profundo de nuestro corazón.




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