martes, 12 de marzo de 2019

PUNTOS CIEGOS (MIQUEAS 3-4:7)

En una segunda sección del libro de Miqueas, el profeta sigue denunciando, ahora de manera más específica, las maldades del pueblo de Dios. Concretamente hace referencia a la manera injusta en que se manejan los líderes en el pueblo, quienes actuan no teniendo en cuenta a los más débiles, y también los profetas, quienes se dejaban sobornar para decir lo que algunos querían oír. Ante ello Miqueas advierte a los líderes:

"cuando griten al Señor,
no tendrán respuesta alguna.
El Señor les ocultará su rostro
a causa de sus malas acciones."
(3:4)

Y también advierte a los profetas:

"Por eso se abatirá sobre ustedes
una noche sin visiones,
una oscuridad sin predicciones;
se ocultará el sol para esos profetas,"
(3:6)

Llama mi atención, que entre las consecuencias que Miqueas señala a los que viven injustamente y oprimiendo está el perder de vista al Señor y su luz. Mi propia historia de vida me ha llevado a comprobar que cuando he andado de manera egoista e injusta, he acabado en crisis de las que para salir de ellas, necesito luz en mis propios puntos ciegos. Los puntos ciegos hacen referencia a aquellas áreas de nuestras vidas que estando mal, no somos capaces de reconocerlas por más evidente que sean para otros. Las crisis ponen patas arriba nuestras vidas, dando así una oportunidad para mirar lo que nos pasa desde otro punto de vista y ver así puntos que antes no veíamos.

El ministerio profético viene a nuestras vidas a señalar los puntos ciegos; aquellas actitudes que están destruyendo a otros y a nosotros mismos. La luz sobre aquello que no vemos y que por lo general no nos gusta escuchar e indagar en nosotros mismos es tan incómoda como necesaria para nuestro bienestar. Nota que Miqueas no habla al pueblo con el fin de desearles mal, sino con la esperanza de una transformación futura, ese, y no otro,  es el fin del ministerio profético, de ahí que esta segunda fracción del libro acabe como la primera; con un canto de esperanza:

"Cuando pase mucho tiempo
el monte de la casa del Señor
quedará afianzado entre los montes,
descollará entre las colinas.
Hacia él confluirán las naciones,
acudirán pueblos numerosos que dirán:
“Vengan, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob.
Él nos indicará sus caminos
y nosotros iremos por sus sendas.
Y es que de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén la palabra del Señor”"
(4:1-2)

Lo que Dios siempre deseó y el pecado impidió, es que su pueblo fuera una luz al resto del mundo, un lugar de sana infección, donde la paz y el amor se propague al reto de las naciones y la violencia desaparezca:

"Él será juez de pueblos numerosos,
arbitrará a naciones poderosas y lejanas.
Convertirán sus espadas en arados,
harán hoces con sus lanzas.
No se amenazarán las naciones con espadas,
ni se adiestrarán más para la guerra."
(4:3)

¿Hay alguna crisis en nuestra vida que está tratando de traer luz a puntos ciegos sobre la manera en la que estoy viviendo? ¿Cómo está trayendo el Señor a mi vida su incómoda palabra profética? ¿Por qué me cuesta tanto escuchar y recibir la crítica?




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