viernes, 26 de abril de 2019


El libro de Habacuc son las Lamentaciones del profeta en medio de un mundo lleno de injusticias. 

Habacuc no se centra en señalar a Israel su pecado, más bien está tratando de entender como un Dios bueno puede permitir la maldad.

El libro comienza con una queja abierta y sincera ante Dios, que probablemente podría sonar demasiado atrevida en nuestro entorno religioso actual:


"¿Hasta cuándo, Señor, he de pedir ayuda
sin que tú me escuches,
y he de clamar a ti contra la violencia
sin que tú me salves?
¿Por qué me haces ver tanta iniquidad
y, sin más, contemplas la opresión?
Ante mí veo violencia y destrucción;
surge la querella y se alza la contienda.
La ley se ha vuelto inoperante,
ya no prevalece el derecho;
el impío puede acorralar al justo,
cuyo derecho queda conculcado." 
(1:2-4)

Dios responde que va a levantar a Babilonia para que ataque a Israel y ponga así fin a sus fechorías:

"Pongo en pie de guerra a los caldeos,
pueblo cruel e impetuoso,
que merodea por toda la tierra
para adueñarse de territorios ajenos."
(1:6)

Sin embargo, la respuesta de Dios hace inquietar aun más al profeta. ¿Cómo un Dios bondadoso puede usar a unos violentos para dar una lección al pueblo escogido?

"Si tus ojos son demasiado limpios
para contemplar el mal
y no puedes soportar la opresión,
¿por qué contemplas callado la traición
viendo cómo el impío
devora al que es más justo que él?"
(1:13)

Dios continua el diálogo con el profeta y le deja claro que el no mira hacía otro lado ante las maldades de Babilonia. Realmente Babilonia, en el capítulo dos de la obra, bien puede representar a cualquier nación que vive en la injusticia, la violencia y la opresión de los más desfavorecidos, por lo que el texto nos señala cinco lamentos ante tales acciones. Básicamente el mensaje es que el camino de los injustos y de los injustos no acabarán en el mismo punto:

"El arrogante no prosperará;
el justo, en cambio, vivirá por su fidelidad."
(2:4)

El libro acaba con una oración de Habacuc, en la que solicita que Dios no permita la prosperidad de la maldad en su contexto. Sin embargo, lo que más llama mi atención en esta oración, es la disposición del profeta a confiar en Dios aun cuando las circunstancias a su alrededor parezcan anunciar todo lo contrario a lo que se espera de un Dios de bondad y paz:

"Aunque no eche brotes la higuera,
ni den las vides ningún fruto;
aunque nada se espere del olivo,
ni los labrantíos den para comer;
aunque no haya ovejas en el aprisco,
ni queden vacas en los establos;
aun así, yo me gozaré en el Señor,
me alegraré en Dios, mi salvador."
(3:17-18)

Es interesante que la conclusión de Habacuc llega tras exponer sus dudas y su punto de vista limitado, algo, por cierto, que a veces brilla por su ausencia en nuestros entornos religiosos, y que no suele estar bien visto. Me pregunto por qué nos cuesta tanto expresar abiertamente nuestras quejas y dudas ante Dios, es como si ignorásemos la gran cantidad de material que la Biblia nos ofrece mediante grandes personas de fe. 

La espiritualidad profunda nunca ignoró la expresión sincera ante Dios, pues es en ella que nuestros corazones se abren ante el único que puede tocar lo más profundo de nuestro ser. Sospecho, que solo tal sinceridad, prepara la tierra para que las semillas sena sembradas donde las raíces de nuestra fe serán profundas, ¿Acaso no necesitamos esto ante tanta fe superficial de nuestra era?. Cuando venimos ante Dios con sinceridad y humildad, acabamos siendo recibidos por Él y comprobando que mi confianza no puede ser depositada en un lugar mejor.

No siempre que me he quejado ante Dios, las circunstancias difíciles a mi alrededor han desaparecido, pero he de reconocer, que en los actos de lamentación ante Él, a menudo se ha abierto un proceso de liberación interior que me ha permitido un mejor conocimiento del Padre y por tanto un mayor grado de confianza en Él. 

En estos días a menudo uso una oración antigua que me recuerda la conclusión de Habacuc tras manifestar sus lamentos y preocupaciones ante Dios. Estas podrían ser nuestras conclusiones también, si en vez de ocultar lo que no entendemos y nos parece injusto, venimos con sinceridad ante Dios:

"Señor, tu siempre me has dado el pan para el mañana,
aun siendo pobre creo en ti.
Tu siempre me has dado la fuerza para el mañana,
aun siendo débil creo en ti.
Tu siempre me has dado la paz para el mañana,
aun con ansiedad creo en ti.
Tu siempre me has mantenido a salvo de la prueba,
aun siendo tentado creo en ti.
Tu siempre me has mostrado el camino para el mañana,
aunque ahora no lo vea creo en ti.
Tu siempre has alumbrado mi oscuridad,
aunque la noche está aquí creo en ti.
Tu siempre me has hablado llegado el momento,
aunque ahora haya silencio creo en ti"

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