martes, 28 de mayo de 2019

el corazón del asunto es un asunto del corazón
El libro de Ageo se sitúa tras el exilio de los hebreos a Babilonia en el año 587 a.C. Concretamente, en el año 520 a.C., tras el decaimiento del imperio Babilónico, los Persas se hacen con el poder y permiten que los hebreos que lo deseen vuelvan a su tierra, esto permite que la ciudad destruida se reconstruya bajo el liderazgo del sacerdote Josué y el gobernante Zorobabel de la dinastía de David. Sin embargo, aunque todo apunta al comienzo de un futuro más glorioso, el profeta Ageo ve un problema que ha de ser enfrentado:

"Así ha dicho el Señor del universo: Este pueblo afirma que aún no ha llegado el momento adecuado para reconstruir el Templo del Señor.
A lo que el Señor replicó a través del profeta Ageo:
— ¿De veras pensáis que es tiempo de vivir en vuestras casas artesonadas, mientras el Templo está en ruinas? Pues bien, esto os dice el Señor del universo: ¡Reflexionad sobre vuestra situación!" (1:2-4)

El pueblo está muy ocupado en la construcción de sus propias casas, y parece que todo el tiempo y todos los recursos son invertidos en sueños personales y dejan de lado lo que les va a permitir centrarse en Dios. El templo, en ese tiempo, simbolizaba la presencia de Dios en medio de ello y les permitía ritmos adecuados para recordar como tenían que vivir. 

Ya el comienzo del libro supone un gran reto para nosotros como lectores del siglo XXI, a quienes  va bien dirigida la pregunta "¿De verás pensáis que es tiempo de vivir en...?" (añadamos aquello que en estos momentos ocupa nuestro tiempo y energía). El reto es claro: "Reflexionad sobre vuestra situación"

Para el pueblo hebreo la reflexión les llevaba a ver que habían descuidado la construcción del templo, y por tanto, no estaban pensando aquello que les permitía no perder de vista a Dios. En nuestros días, con respecto a construir templos, hacemos bien en tener en cuenta lo que nos ha sido revelado:

"El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres," (Hebreos 17:24)

Y también que el templo donde ahora Dios habita es nuestro propio cuerpo:

"¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos," (1ª Corintios 6:19)

Pero hay un principio universal para todas las culturas y todas las épocas, el cual nos permite preguntarnos ¿En que se está yendo nuestro tiempo, esfuerzo y recursos? ¿Estamos teniendo en cuenta a Dios como el centro de nuestras vidas?

Ageo les recuerda que el diseño de una vida que olvida a Dios solo les ha traído calamidad en el pasado:

"Por esa razón los cielos os han escatimado la lluvia y la tierra no os ha dado su fruto." (1:10)

Las palabras del profeta acaba movilizando al pueblo, quien se pone manos a la obra:

"De esta forma, el Señor despertó el espíritu del gobernador de Judá, Zorobabel, hijo de Sealtiel, y el del sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac, así como el espíritu de todo el pueblo restante. Vinieron, pues, y emprendieron las obras del Templo del Señor del universo, su Dios." (1:14)

No obstante, este despertar, en ningún momento significó ausencia de dificultades. Parece que el pueblo empieza a recordar el glorioso pasado del templo de Salomón y no ven como lo que están construyendo puede alcanzar el mismo tipo de gloria, no es de extrañar que el desánimo empezara a tomar su lugar:

“¿Quién queda entre vosotros que haya conocido este Templo en su esplendor inicial? ¿Cómo lo veis ahora? ¿No os salta a la vista su insignificancia?" (2:3)

¿Te ha pasado el empezar con ilusión un nuevo camino y en breve ser invadido por desánimo al no ser capaz de ver que lo que soñaste pueda hacerse realidad? El desánimo a menudo se pone a nuestro lado y en tal caso, hemos de ser muy consciente de si lo que trata de frenar es lo que el mismo Señor nos ha mandado hacer. Es interesante que el profeta Ageo les recuerda las promesas del Señor; toda una esperanza de futuro, para combatir el desánimo presente. 

"Así pues, el futuro esplendor de este Templo será mayor que el del primero —oráculo del Señor del universo—. Además, estableceré la paz en este lugar —oráculo del Señor del universo—." (2:9)

¿De qué manera el confiar en lo que Dios nos ha prometido en el futuro, nos da fuerzas para permanecer firmes y obedientes en el presente? Sospecho que la madurez espiritual se va forjando en este ejercicio. Nuestra inmadurez siempre va a llorar por "no tener teta ahora mismo" y solo el que ha salido de tal estado experimenta crecimiento.

Lo último que quiero resaltar de este libro es su énfasis en la actitud adecuada en medio de lo que hacemos. Ageo les recuerda que según la ley hebrea, si alguien toca algo inmundo, lo que toque posteriormente vendrá a ser impuro. Después, señala que si la construcción del templo se realiza desde una vida impura, lo que hagan y ofrezcan será también impuro:

"Después Ageo preguntó:
— Si una persona impura por contacto con un cadáver tocase alguna de estas cosas, ¿vendrán a ser impuras?
Los sacerdotes respondieron:
— Sí, quedarán impuras.
Entonces Ageo replicó:
— Así sucede con este pueblo y esta nación que está ante mí —oráculo del Señor—: todo lo que hacen y todo lo que me ofrecen es impuro." (2:13-14)

En nuestros días aun tenemos muy presente el dualismo sagrado/secular. Durante mucho tiempo hemos forjado una cultura donde nos hemos dedicado a etiquetar lo que nos rodea con la palabra "cristiano" o "secular". Sin embargo, desde la perspectiva bíblica, nada es secular excepto el pecado. Lo que hace secular nuestra teología, nuestras prácticas espirituales, nuestro trabajo o nuestra sexualidad es la actitud incorrecta de nuestro corazón, y no necesariamente la actividad misma. Como dice a menudo mi amigo Félix Ortiz "el corazón del asunto es un asunto del corazón". En palabras de Pablo:

"Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;" Colosenses 3:16

Los hebreos estaban obedeciendo a Dios al construir el templo, pero Ageo les recuerda que si sus vidas son impuras, lo que están haciendo también lo es.

Tenemos por tanto un mensaje claro de este libro para nosotros, retándonos a examinar tres áreas importantes de nuestras vidas:

1) ¿A qué estamos dedicando nuestra energía y nuestro tiempo? ¿Qué no está pidiendo realmente Dios que hagamos?

2) ¿Qué promesas de Dios nos animan a ir adelante con lo que Dios nos pide que hagamos? ¿Cómo combatiremos la apatía?

3) ¿Cómo podemos tener en cuenta la actitud correcta de nuestro corazón en aquello que hacemos?






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