jueves, 4 de julio de 2019

Los capítulos del 11 al 15 nos introducen en una serie de rituales para la purificación que pueden llegar a ser muy extraños para el lector occidental.

Uno de los elementos que encontramos en esta porción, son las normas de la dieta kosher, la cual es usada hasta el día de hoy por los judíos y que entre sus características hasta la época, incluye no tomar de ciertos alimentos. Creo que es importante resaltar que en caso de comer carne, la alimentación kosher incluye matar al animal con una técnica  que reduce el sufrimiento y que conlleva una actitud de respeto ante un acto tan dramático.

"Hablad a los hijos de Israel y decidles: Estos son los animales que comeréis de entre todos los animales que hay sobre la tierra." (11:1)

Los términos "pureza" e "impureza", tan frecuente en esta porción, nos van a dar la visión de dos realidades, Dios que es Santo está relacionado con todo lo que es limpio y puro, básicamente con lo que está mejor conectado con la vida. Aquello que se considera impuro nos recuerda lo sucio o la degradación y nos acerca a la realidad de la muerte.

Hemos de tener en cuenta que estar impuro en el contexto de Levítico, no siempre significa algo malo, de hecho, en medio de la vida natural y cotidiana, era inevitable no estar impuro, incluso muchas de estas ocasiones podemos considerarlas legítimas e incluso pueden estar motivadas por razones benévolas o ciclos naturales, por ejemplo: el dar a luz, los ciclos menstruales, el flujo de semen o el contacto con un animal que ha muerto o con alguien que está enfermo.

"Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda. Y al octavo día se circuncidará al niño." (12:2-3)

"Hablad a los hijos de Israel y decidles: Cualquier varón, cuando tuviere flujo de semen, será inmundo." (15:2)

Con respecto a los casos de moho en casas y tejidos y enfermedades de la piel, los sacerdotes parece que tomaban un papel sanitario importante a la hora de diagnosticar y declarar limpio:

"Mas cuando la carne viva cambiare y se volviere blanca, entonces vendrá al sacerdote, y el sacerdote mirará; y si la llaga se hubiere vuelto blanca, el sacerdote declarará limpio al que tenía la llaga, y será limpio." (13:16-17)

No obstante, el texto no deja claro las razones de tener ciertos elementos y circunstancias como impuras, aunque algunos relacionan, al menos en parte, con reglas sanitarias comunitarias que buscan proteger al pueblo de enfermedades.

Lo que si está claro es que cuando alguien se encontraba ante un estado de impureza, tomaba conciencia del mismo y llevaba a cabo un ritual a través del cual volvía a acercarse de nuevo al lugar donde la santidad de Dios, lo puro y la Vida con mayúscula era más evidente. Estas prácticas les permitía tomar conciencia al pueblo de que en el día a día no podemos ignorar que estamos rodeados de un mundo contaminado y que aun así, este Dios que es Santo y Puro, ha decidido que los seres humanos no tengan que vivir lejos de él, sino que puedan acercarse con confianza.

Mirar todo esto tras conocer las enseñanzas de Jesús y su sacrificio perfecto en la cruz para reconciliarnos con Dios, da valor a la iniciativa divina para restaurarnos. A la vez, no puedo dejar de pensar en que Jesús, en medio de una cultura judía llena de ritos, trae luz ante lo que verdaderamente es importante:

"Nada externo al ser humano puede hacerlo impuro. Lo que realmente hace impuro a uno es lo que sale del corazón." (Marcos 7:15)

Ya los profetas habían declarado, que las solemnidades, fiestas y sacrificios de nada servían sin un corazón inclinado a hacer el bien. Es decir, si todos estos rituales, no nos ayudaban a mantener un espíritu humillado que reconoce que solo Dios puede salvarnos de nuestra grave contaminación y por tanto nos disponemos a someternos a él, lo único que nos queda son ritos que el mismo Dios aborrece:

"Odio y aborrezco vuestras solemnidades, y no me complazco en vuestras asambleas. Y si me ofrecéis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Aleja de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos.Pero corra el derecho como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo." (Amós 5:21-24)

El corazón del asunto, es un asunto del corazón, y eso no podemos perderlo de vista. En palabras del apóstol Pablo:

"Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;" (Colosenses 3:23)

Cuando nos rendimos a Dios y nos disponemos a actuar en cualquier asunto de la vida teniendo en cuenta su voluntad, es cuando estamos en zona sagrada, independientemente de que lo que realicemos esté relacionado con el hogar, el trabajo, el ocio o el placer. De igual manera, cuando lo que hacemos, está motivado por actitudes incorrectas (podemos ayudar a alguien o predicar buscando el aplauso de otros, por ejemplo), nuestras acciones están en el terreno profano.

Sin embargo, las prácticas en Levítico, me hacen pensar en la necesidad de tomar conciencia de que vivimos en un mundo en el que continuamente estamos expuestos a que nuestra manera de pensar y actuar se vea contaminada por el egoísmo, la arrogancia o la lujuria y eso me lleva a buscar maneras para evitar todo aquello que acabará creando distancia con el Amor y la Vida. Por tanto, me quedo dos cosas para meditar tras esta porción:

Primero: ¿Cuál es la manera en la que tomo consciencia de la realidad del pecado y mi necesidad de ser apto ante Dios? (Pienso en ritmos de oraciones, Santa Cena, Bautismo...)

Segundo: ¿De qué manera estas señales en el Camino me mantienen alineado con el único que puede limpiarme y transformarme y de qué manera estas tradiciones pueden convertirse en algo abominable para Dios?





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