domingo, 18 de agosto de 2019

Los primeros 10 versículos del segundo capítulo de 1ª de Pedro utiliza dos figuras para hacer referencia a dos temas fundamentales en la espiritualidad cristiana, que sospecho que pierden fuerza en la eclesiología de la cristiandad.

El primero está relacionado con el hecho de que Cristo es la piedra angular, es decir, la piedra principal de un edificio, donde nosotros somos piedras vivas que somos edificados como casa espiritual. Es interesante que al usar Pedro la figura de un edificio, las piedras del mismo sean definidas como "vivas", convirtiendo así la imagen de una construcción en una figura orgánica.

"Al integraros en él, piedra viva rechazada por los humanos, pero escogida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, os vais construyendo como templo espiritual para formar un sacerdocio consagrado que, por medio de Jesucristo, ofrezca sacrificios espirituales y agradables a Dios." (2:4-5)

Todos sabemos que la casa espiritual donde Dios habita somos aquellos que Dios ha rescatado en Cristo. Sin embargo, aunque no he encontrado cristianos que no crean en esto, si puedo observar que cuando se habla de la casa de Dios y del templo, se suele pensar en el lugar donde nos reunimos. Es más, la importancia que se le da a ir a este lugar, manifiesta que se trata de algo más que una simple manera de hablar. La evaluación de la vida espiritual, a menudo se reduce a no tener falta a acudir a dicho lugar en el día indicado.

Por otro lado, Pedro declara que somos sacerdocio santo (en la versión que estoy usando dice "sacerdocio consagrado", ver la cita mostrada anteriormente del verso 5) y real sacerdocio:

"Pero vosotros sois raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo de su posesión, destinado a proclamar las grandezas de quien os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa." (2:9)

La idea de que los cristianos somos sacerdotes, contrasta con la idea de que solo unos pocos realizan funciones de mediación entre Dios y los hombres. Ahora, todos, sin excepción, somos considerados como medios a través del cual Dios se manifiesta a nosotros y desde nosotros a los seres humanos. La idea de una división entre cleros y laicos, no tienen lugar en la cosmovisión del Nuevo Testamento. Sin embargo, hoy se habla en muchos contextos de "ministros a tiempo completo", como si de una "raza especial" se tratase. De hecho, los que así son llamados, a veces suelen monopolizar las reuniones de creyentes, como si Dios solo se revelara a través de unos pocos, recordándonos así a las funciones especiales que solo los sacerdotes podían realizar. Por tanto, el sacerdocio universal de todos los cristianos es algo que teologicamente no se pone en duda en el campo teórico, pero nos alejamos de sus implicaciones prácticas debido a la tradición.

El reto es a entender que lo importante no es un lugar y día de reunión, sino la realidad del verdadero Templo, que está activo en este mundo más allá de reuniones dominicales. Y a entender que todo cristiano, es un ministro a tiempo completo (independientemente que trabaje en una organización religiosa, como fontanero o estudie en un Centro de Educación). Las 24 horas del día y los 7 días de la semana somos llamados a servir a Dios como un Cuerpo Vivo, como un Templo que no cierra sus puertas y permite revelar a Dios allí donde estamos y allí donde vamos. Además, cuando los miembros se reúnen en algún lugar y día, todos actúan como sacerdotes, revelando a Cristo en la manera que observamos en las reuniones regulares descritas en el Nuevo Testamento (Pablo describe dichas reuniones en su carta a los Corintios... "cuando or reunís... cada uno tiene....")

Tenemos el reto de que la tradición no se imponga por encima de las Escrituras y de que rescatemos los énfasis debidos y la perspectiva correcta.

Una manera de empezar, puede ser hablando con propiedad, es decir; usar el término Iglesia, Templo y Casa de Dios desde la definición bíblica Nueva Testamentaria en vez desde la definición que nos ofrece nuestra tradición. Esto implica corregir nuestra visión y la de otros, cuando usamos dichos términos para referirnos a un lugar de reunión en vez de a un cuerpo vivo. Igualmente podemos hacer con el término "ministro a tiempo completo", podemos empezar a usarlo para referirnos a la realidad de cada cristiano, en vez de a la situación específica de aquellos que trabajan en entornos religiosos, lo cual nos ayudará a un entendimiento más profundo y práctico de lo que significa ser sacerdotes.

Revisar la manera en la que hablamos, puede parecer simple, pero sacará a la luz nuestros conceptos teológicos alejados del paradigma nuevotestamentario y desde ahí, estamos en mejores condiciones para corregir percepciones torcidas y revolucionar nuestras prácticas eclasiológicas.



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