jueves, 1 de agosto de 2019

Al adentrarme en los capítulos del 23 al 25 del libro de Levítico, nos encontramos con siete fiestas que los Israelitas celebraban a lo largo del año. Estas celebraciones permitían un ritmo de continuo recordatorio acerca de como vivir conectados con Dios e integrando aspectos claves de la vida espiritual.

Una celebración semanal es el día de reposo, el cual les recordaba que la vida de explotación que vivieron en Egipto debe ser rechazada. El reposo les invitaba a disfrutar del fruto del trabajo y a recordar que lo que habían hecho los Egipcios con ellos, ellos no lo debían hacer con el extranjero en medio de s propia tierra.

"Le dijo el Señor a Moisés: — Habla a los israelitas y diles: Estas son mis fiestas, las fiestas dedicadas al Señor en las que convocarán asambleas sagradas: Durante seis días se podrá trabajar, pero el séptimo día será de descanso, día de asamblea sagrada. No harán en él trabajo alguno: es día de descanso dedicado al Señor dondequiera que habiten." (23:1-3)

El descanso, sigue siendo una práctica tenida en cuenta en medio del cristianismo, sin embargo, en algunos contextos, el día que se supone que descansamos de trabajar, es el que más se trabaja en la preparación del culto. Cuando realmente paramos del activismo, nos encontramos con un estado que saca a relucir lo que está en lo profundo de nuestro corazón. Tristemente, en occidente, nuestra cultura nos empuja a vivir con un ritmo frenético, en el cual los lugares profundos de nuestra vida que necesitan transformación, son tapados mediante actividades, proyectos y eventos. Sospecho que encontrar espacio para el verdadero descanso en nuestro ritmo semanal, sigue siendo una joya perdida a la que la Palabra de Dios nos invita una y otra vez, pero nuestros oídos trastornados por la cultura consumista, sigue creyendo que el llamado al descanso es a separar un día para trabajar más que nunca en eventos y programas.

Si bien la porción de hoy coloca el descanso semanal como base de las celebraciones, no se queda ahí. A continuación se habla de grandes fiestas en primavera, verano y otoño, que daban al pueblo la oportunidad de concentrarse en su relación con Dios a lo largo de las estaciones de año.

"Además, estas son las fiestas dedicadas al Señor, las convocatorias sagradas que celebrarán en los tiempos establecidos" (23:4)

Los cristianos, a lo largo de la historia, han establecido un calendario que permite recorrer aspectos claves del evangelio en diferentes fechas del año. Independientemente de que las fechas u orígenes de las mismas sean o no objeto de discusión, considero que un ritmo anual de celebraciones comunitarias nos abren la oportunidad de sumergirnos en el evangelio de manera cíclica. Si somos capaces de salir de la rutina y del hacer porque "siempre se hizo así", podemos encontrar en el año litúrgico un excelente mapa para énfasis básicos de la vida cristiana a través de actividades creativas. Cuando nuestras celebraciones cíclicas caen en la rutina, pierden su razón de ser. Estas celebraciones deben ser herramientas que usemos para salir de la rutina y de nuestra zona de confort, y no para permanecer en ella. Cuando la vida del Espíritu no inspira estos ritmos, lo hará el espíritu religioso, el efecto es muy diferente.

He descubierto que el año litúrgico puede llegar a ser una buena herramienta para ser usada no solo en la comunidad cristiana, sino también en el hogar. Eventos como Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Pentecosté nos dan la oportunidad de recordarnos a nosotros mismos y de explicar a nuestras hijas la gran historia de Dios y de que manera nosotras hemos sido incluido en esta historia en el día de hoy.

Si quieres encontrar algunas buenas ideas para usar la herramienta del calendario litúrgico en tu hogar y/o la vida de tu comunidad, te dejo dos enlaces que alimentaron mi imaginación:

http://myfaithmylife.org/

https://buildfaith.org/

La comunidad cristiana con la que me reúno no tenemos un edificio, ni basamos nuestra vida en eventos y programas, no obstante, el año litúrgico nos ofrece una oportunidad de considerar en nuestros hogares aspectos claves del evangelio y de reflexionar en que maneras estamos siendo introducidos cada año en la esperanza, la pasión, la muerte, la resurrección etc.

¿Qué ciclos y ritmos te ayudan a ti, tu familia y tu comunidad cristiana conectar con Dios o con aspectos claves del evangelio? ¿De qué manera el descanso y el año litúrgico podría ofrecer una herramienta práctica para salir de la zona de confort en la que muchas veces permanecemos?




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