sábado, 28 de septiembre de 2019

Llego al final de mi lectura reflexiva en el libro de Deuteronomio. En la gran porción en la que he meditado en los últimos días, veo como el discurso de Moisés manifiesta el interés de que el pueblo se prepare tanto para entrar en la tierra prometida, como para enfrentar en la nueva etapa la ausencia de su líder.

"El día en que cruces el Jordán para entrar en la tierra que el Señor tu Dios va a darte, erigirás unas grandes piedras, las revocarás con cal y escribirás en ellas todos los mandamientos de esta ley." (27:2-3)

"Moisés habló de nuevo a todo Israel, y le dijo: — Tengo ciento veinte años y no me quedan fuerzas para andar yendo y viniendo. Además el Señor me ha dicho que no cruzaré el Jordán, pues ha ordenado que sea Josué quien vaya al frente." (31:1-3a)

Gran parte de esta porción está dedicada a enumerar las consecuencias de la obediencia y la desobediencia.

"Si obedeces al Señor tu Dios, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones:" (28:2)

"Pero si no obedeces al Señor tu Dios ni pones en práctica todos sus mandamientos y preceptos que yo te prescribo hoy, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones:" (28:15)

En Deuteronomio no se examina, como en el caso de libros como Job y Eclesiastés, el hecho de que quien ande en integridad pueda padecer malas consecuencias. El énfasis en esta obra está en los beneficios de una vida que busca la armonía con Dios y las consecuencias de un estilo de vida que no lo hace. El texto me hace pensar la importancia de asumir responsabilidad con respecto a la manera en la que decidimos vivir, se trata de un reto que incluye pararnos y examinar el camino que queremos escoger:

"Hoy te propongo que escojas entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal. Si cumples los mandamientos del Señor tu Dios, que yo te prescribo hoy, amando al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos y poniendo en práctica sus estatutos, normas y preceptos, vivirás, crecerás y te bendecirá en la tierra que vas a entrar para tomar posesión de ella. Pero si tu corazón se rebela y no obedeces, si te dejas seducir y te postras ante otros dioses y les rindes culto, te anuncio hoy que serás destruido sin remedio, y no vivirás mucho tiempo en la tierra a la que vas a entrar para tomar posesión de ella después de cruzar el Jordán." (30: 15-18)

Hay una manera muy práctica de aplicar este principio que encuentro en Deuteronomio, me refiero al ritmo que nos lleva a parar y examinar nuestros propios caminos delante de Dios con el fin de evitar estar viviendo sin tenerle en cuenta. Dicho ritmo pudiera plantearnos la práctica, por ejemplo, del oficio divino, en la que paramos a orar y considerar textos inspiradores tres veces al día para mirar a Dios con honestidad y disposición a someternos a su guía en medio de las acciones y decisiones cotidianas. ¿Qué te parece practicar esta disciplina durante un tiempo y ver como te ayuda o no a escoger el tener en cuenta a Dios en medio de lo cotidiano? Otra práctica al respecto es el Sabbat o el descanso de un día a la semana para ello a la que se puede añadir un Sabbat de un fin de semana dos veces o más al año y uno de una semana al año en familia y/o comunidad... las opciones pueden variar ante nuestra situación concreta, pero el ejercicio merece la pena ser considerado.

Sin embargo, lo que más llama mi atención en esta porción, es que Moisés teme lo peor; que el pueblo acabará tarde o temprano apartándose de los caminos del Señor:

"Si hoy, que aún estoy con vosotros, sois rebeldes al Señor, ¡cuánto más lo seréis cuando ya no esté!" (31:27b)

"Yo sé que después de mi muerte os pervertiréis y os desviaréis del camino que os he trazado; por eso al cabo del tiempo os sobrevendrán calamidades, ya que habréis hecho lo que desagrada al Señor, provocando su ira con vuestra conducta." (31:29)

Moisés deja ver timidamente en su discurso un elemento que luego se repetirá en porciones como Jeremías 31 o Ezequiel 36. Me refiero al hecho de que nuestras prácticas religiosas, nuestras disciplinas espirituales, por importantes que son en nuestra formación espiritual, no tienen el poder de transformar el corazón, y es por ello que necesitamos una cirugía divina profunda que solo Dios puede realizar:

"El Señor tu Dios te dará un corazón fiel a ti y a tus descendientes, para que lo ames con todo tu corazón y con toda tu alma, y así tengas vida." (30:6)

Otras versiones de este verso son más propicias para relacionarlas con prácticas y ritos externos, que de nada sirven sin el cambio interno que solo Dios puede producir:

"Y circuncidará Jehová, tu Dios, tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas." (30:6)

Concluyo por tanto que el éxito de una formación espiritual transformadora, depende de la obra de Dios en nosotros (yo puedo circuncidar mi cuerpo, pero solo Dios puede circuncidar mi corazón), pero creo que es oportuno recordar que la gracia de Dios nunca significa en la Biblia estar de brazos cruzados, pues la fe a través de la cual accedemos al Dios que nos transforma, es una fe viva, activa, que nos saca de nuestra zona de confort y nos coloca en el lugar donde Dios actúa. Viene a mi mente la imagen denominada "La Creación de Adán" de Miguel Ángel, la cual se puede contemplar en los frescos de la capilla Sixtina, donde por un lado, el ser humano está extendiendo su mano hacía la única mano que tiene el poder de traer vida y transformación.

¿De qué maneras práctica puedo hacerme consciente de la vida y la muerte que están ante mí? ¿Qué es lo que Dios pide de mi y que es lo que yo necesito de él?




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