martes, 17 de septiembre de 2019

En estos días me he adentrado en los capítulos del 12 al 26 del libro de Deuteronomio, encontrándome con una colección de leyes para el pueblo de Israel.

Desde el capítulo 12 al 16:17 las leyes están relacionadas principalmente con la adoración. El énfasis está en que Israel está llamado a adorar al único Dios, y dicha adoración es totalmente distinta a la que los pueblos de alrededor están ofreciendo a sus dioses:

"No los imites cuando rindas culto al Señor tu Dios. Nada hay más odioso y abominable para el Señor que lo que hacían esos pueblos en los cultos a sus dioses, pues llegaban al extremo de sacrificar a sus hijos e hijas en el fuego." (12:31)

La adoración del pueblo de Dios, al contrario de la adoración que estaban ofreciendo los pueblos de alrededor, debía llevarlos a tener en cuenta a los más necesitados en medio de ellos:

"Cada tres años reunirás el diezmo de los productos de ese año y lo depositarás a la puerta de tus ciudades, para que cuando venga bien el levita, que no recibió parte o herencia como tú, bien el inmigrante, el huérfano y la viuda que viven en tu ciudad, puedan comer hasta quedar satisfechos. Y el Señor tu Dios te bendecirá en todo lo que hagas." (14:28-29)

"por eso te mando que abras generosamente la mano a tu hermano, al pobre y al indigente de tu tierra." (15:11b)

Israel había comprobado el estilo de vida de un pueblo como Egipto, que no adoraba al único Dios. Ahora, en un sentido, son llamados a vivir el "anti-egipto", es decir, una manera diferente de manejarse en la tierra y con el prójimo. Por ejemplo, en un momento de la historia donde los esclavos forman parte de la estructura social normal, Israel debe incorporar un elemento revolucionario para la época: la garantía del bienestar de los mismos incluso a través de un proceso de liberación:

"Y cuando lo liberes no lo dejarás marchar con las manos vacías, sino que le darás generosamente de aquello con lo que el Señor tu Dios te haya bendecido: de tu ganado, de tu era o de tu lagar. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que el Señor tu Dios te liberó; por eso te ordeno esto hoy." (15:13-15)

Desde los capítulos del 16:18 al 18:22, las leyes se relacionan principalmente con la relación del pueblo con los jueces, los sacerdotes y los reyes. En esta fracción, vuelve a llamar mi atención el matiz "anti-egipto" que por ejemplo, debían de manifestar los reyes, quienes no deberían rodearse de carros y caballos (una manera antigua de hablar del armamento), ni considerarse superior a sus hermanos, sino ser ejemplo de lo que significa  conocer y respetar los Caminos del Señor :

"El rey no deberá poseer una caballería numerosa ni hacer que el pueblo vuelva a Egipto para adquirir más caballos, pues el Señor dijo: “No volváis más por ese camino”. Tampoco tendrá muchas mujeres para que no se descarríe su corazón, ni acumulará oro y plata en cantidad excesiva. Cuando el rey tome posesión del trono real, mandará que le hagan una copia del Libro de la Ley que está al cuidado de los sacerdotes levitas. La llevará siempre consigo y la leerá todos los días de su vida para que aprenda a respetar al Señor su Dios, observando todos los preceptos de esta ley y poniendo en práctica sus prescripciones, de modo que no se crea superior a sus hermanos ni se aparte lo más mínimo de esta ley. Así, tanto él como sus descendientes tendrán un largo reinado en Israel." (17:16-20)

Desde el capítulo 19 al 26, las leyes se relacionan principalmente con el matrimonio, la familia, los negocios y la protección de los más vulnerables: las viudas, los huérfanos y los extranjeros, quienes debían ser considerados, para que no se repita la desigualdad que vivieron en Egipto:

"No le niegues sus derechos al inmigrante o al huérfano, ni tomes en prenda las ropas de la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí; por eso te ordeno que obres de este modo. Cuando siegues la mies de tu campo, si olvidas en él una gavilla, no vuelvas a buscarla. Déjala para el inmigrante, el huérfano y la viuda. Así el Señor tu Dios te bendecirá en todo lo que hagas." (24:17-19)

Entre estas leyes, he de reconocer que a menudo me he encontrado con maneras de ejercer la justicia que son difíciles de entender para mi, entre ellas las relacionadas con la pena de muerte. Los expertos en teología nos recuerdan que al acercarnos a la ley del Antiguo Testamento no debo ignorar tres aspectos claves:

El primero es recordar que estas leyes están en términos culturales muy diferentes al nuestro, y son las leyes dadas al antiguo Israel y relacionadas con el pacto del Sinaí. Por ejemplo, las leyes alimenticias permitían diferenciar a Israel de otras naciones y en el Nuevo Testamento quedan sin efecto en la realidad de un pueblo de Dios en el que no hay distinción entre judíos y gentiles (recordemos la visión de Pedro en Hechos 10 de los animales inmundos y la voz que le decía "mata y come").

"y vio que el cielo se abría y que algo así como un enorme lienzo descendía, colgado de sus cuatro puntas, y se posaba sobre la tierra. Había en él toda clase de cuadrúpedos, reptiles y aves. Y oyó una voz que le decía: — ¡Anda, Pedro, mata y come!" (Hechos 10:11-13)

La segunda clave es no comparar estas leyes con las nuestras en la actualidad, sino con las que dominaban en aquella época en la región a través de pueblos muy violentos e injustos. Solo así entenderemos como Dios está mostrándose en medio de una época y cultura muy concreta y llevándoles a una importante revolución al ritmo que podían entender y practicar.

La tercera clave es que debemos discernir el principio universal detrás de estas leyes, dicho principio trasciende los reglamentos jurídicos particulares y nos plantean una aplicación posible en nuestro tiempo y cultura. Veamos un ejemplo de como Pablo hace esto con la siguiente ley en Deuteronomio:

"No le pondrás bozal al buey mientras trilla." (25:4)

Pablo ve detrás de esta ley un principio universal aplicable a toda situación que nos permita no poner freno a aquello que trae vida y bendición y lo aplica al uso de la generosidad con aquellos que necesitan viajar para llevar las buenas noticias a otros lugares:

"la ley de Moisés en la que está escrito: No pongas bozal al buey que trilla. ¿Y esto lo dice Dios porque le preocupen los bueyes, o más bien refiriéndose a nosotros? Sin duda que está escrito en atención a nosotros, ya que, tanto el que ara como el que trilla, lo hacen con la esperanza de participar en la cosecha." (1ª Corintios 9:9-10)

Ahora nos toca a nosotros. ¿Cuál es el Egipto del que Dios nos ha rescatado? ¿Qué significa para nosotros vivir en el "anti-egipto", es decir, en una cultura diferente a la de la opresión? ¿Quiénes son "las viudas, los huérfanos y los extranjeros" donde yo vivo? ¿De qué manera puedo colaborar con Dios en su deseo de que los más vulnerables sean tenidos en cuenta?




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